Mover la Realidad o dejarse llevar por el pesimismo y del odio

28 Junio 2013

Por Edwin Sánchez.

Hay un pueblo norteamericano, cerca de Quebec, conocido como los Naskapi, pero ellos prefieren llamarse "neneot" y otros creen oír "manenot". Sea como suene, ellos se reafirman tal como se sienten: "los hombres auténticos".

Los chukchis son un pueblo paleosiberiano, según da alguna información Wikipedia. Pero un señor que sabe lo que dice, el doctor Arthur C. Custance, prefiere nombrarles Los Chukchee, porque comprueba mejor lo que transmite su lengua: "hombres reales".

Los hotentotes, una tribu que anda por ahí en el sudoeste africano, cargando un nombre que no quieren, prefieren ser conocidos como los "Joi-Joi", aunque para otros, este misterioso sonido le lleve a escuchar más un khoikhoi.

Si se le da una definición en nuestra lengua, se encontrará que son "hombres hombres", sin embargo, esta gramática rudimentaria por la que se apunta el doctor Custance, miembro de la Asociación Americana de Antropología, no expande los sentimientos de estos orgullosos nómadas. Cierto, detestan los destinos fijos y bien se ve que no paran en ninguna parte, empero convienen denominarse la mejor parte de la humanidad: "Los hombres de los hombres".

Los Yaganes, en la colita sur de América, en la Tierra del Fuego, no ponen en duda su condición magnífica. Si bien no faltaría quien los rimara con "jayanes", su nombre es lo que más les complace y les asienta en esta vida: son "hombres por excelencia".

Tampoco los Andamanes, pueblo insular de la India, pierden la brújula más elemental de su propia gloria, aunque no tengan una opinión favorable del resto: los "Ong" --- no confundir con organismo no gubernamental--- es su auto reafirmación en la escala superior de los vivientes en su sentido general: "Hombres".

Por las causas que sean al haberse nombrado como ellos mismos se aprecian y andan, estos pueblos primitivos han sobrevivido a los tiempos con su propia lengua y cultura. Creen en lo que son. Esto lo llevan, como se dice, de nación. No vacilan. Lo cuestionable es que se consideran la punta superior de la raza humana, si acaso existiera una escala con punta y cola.

Pero vaya usted aquí nomás, sin necesidad de ir tan lejos, para comprobar el otro extremo, la antípoda... Hay algunos en Nicaragua que piensan que nos encontramos en el extremo inferior de donde se ubican los Naskapi y los Yaganes, y alteran el significado de su país. Se sienten menos. Y admiten al mundo, principalmente al Norte, como "la verdad" y, por consiguiente, de donde proceden todas "las verdades". Se autonombran "paisito", o lo maldicen; por donde miren todo lo ven "imposible", rinden culto al "no puedo", y su lengua declara infortunios, si antes no imprecó un "país de...".

Esos espíritus

Por estos días se pueden observar tales manifestaciones que nos indican la presencia de un espíritu de pesimismo, un espíritu de desolación y aún de ira que como maleza nacen en aquellos donde no ha llegado la semilla de la Verdad y se han cerrado a la fe. Y así se cierran las ventanas de los cielos. Y se alejan las bendiciones.

No debería ser, pero se ve. Para estos seres atormentados, todo es malo, todo es negativo, todo es detestable si viene de nosotros mismos. Hablan un lenguaje de enfrentamiento, otros hablan de guerra, unos más tratan de poner alacranes y serpientes --- y los cristianos y cristianas saben lo que eso representa en los Evangelios---, donde prevalece el diálogo y la solidaridad.

Tanto es lo que se esconde en sus corazones que se escapan en palabras, en desestabilización importada y en odios de portada. Y claro, para no demostrar sus motivaciones íntimas, las disfrazan de cualquier bandera disponible en el repertorio de las falacias. El reverendo Omar Duarte lo ha dicho con claridad: "Aquí el que vino a matar, a robar y a destruir es Satanás".

Tendaladas de "expertos" canaleros

Nicaragua un día de estos, de la noche a la mañana, amaneció con "expertos" en Canales Interoceánicos que no saben ni cómo se traza una cuneta. No solo eso, sino que sin presentar siquiera la primera línea de un estudio, ven fallas por todos lados y "profetizan" el Apocalipsis de la Tierra, Martes y Neptuno, incluida la Luna "tierna".

Al siguiente día, surgieron como hongos alucinógenos, "cocibolcólogos", "canalólogos", "chinólogos", "esclusólogos", "post panamaxólogos" (especialistas en buques de gran calado Panamax) y hablan de estas naves con tanta familiaridad como si las vieran remontarse por los cauces de Managua, bajando por El Dorado, en las tardes de lluvia.

Otro es el rostro de Nicaragua

Un espíritu de condena solo sentencias y castigos pronuncia. En vez de la bendición, anda con el mallete del juez. Maldecir a su propia patria es lo peor que colectivamente se puede hacer.

Hay algunos que se solazan en el pasado como la mujer de Lot, añorando la ruina, porque lo más importante es su triunfo personal por encima del fracaso nacional. Desde su oro y con el fatalismo por coro, cantan y alaban el determinismo: "Nicaragua nunca saldrá de la pobreza".

Por eso, no es simple política lo que está en el tapete. No solo es un asunto de "puristas" de leyes y maestros de leguleyadas, de "samaritanos" de última hora que defienden ancianitos como hobby de fin de semana, de "impolutos" guardianes de la "institucionalidad", de paladines de poroplast, de muchachas sinceras estrenando en Facebook su "conciencia social". No, está en riesgo todo el destino de Nicaragua. Está en juego que arranque la vida misma de nuestro país. Y si el Frente Sandinista ha abierto esa puerta, en buena hora.

Es tiempo de mover la realidad. Son los Nuevos Tiempos de creer en la tierra que Dios nos dio y contar con Él hace la diferencia; creer en sus mujeres y hombres: auténticos, reales, excelentes; hombres de hombres y mujeres de mujeres, ni superiores ni inferiores. ¡Nicaragua, puej!

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