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La Política del Amor

23 Septiembre 2013

Por José Gabriel Moya.

"Dios es amor, y aquel que more en el amor mora en Dios, y Dios en él"

1, Juan, 4: 16.

Hay una palabra clave que en la última década se ha venido manifestando en distintas densidades en el ámbito latinoamericano –y en ella Nicaragua-, pero que muy recientemente se viene condensando y es la palabra Amor. Ciertamente, esa palabra, que ha pertenecido con exclusividad al ámbito privado, aún no es digerible en el espacio político por dirigentes de expresiones organizadas civiles y partidarias. ¿Desde cuándo la palabra Amor forma parte del léxico político o del lenguaje partidario en América Latina? En Nicaragua, y tengo que expresarlo con sinceridad, y por ende, sin dualidad, la palabra amor la pone en uso políticamente la Compañera Rosario Murillo, y se ha perfilado como una palabra clave en sus alocuciones, y lo ha hacho también, el compañero Presidente Daniel Ortega Saavedra. En el ámbito nacional, es raro, y casi una extravagancia, que un hombre hable en público de la palabra Amor, en término político o como un eje ideológico envolvente de cualquier plataforma política.

La palabra Amor, a nuestro juicio, no es palabra cualquiera, es una palabra de un profundo contenido humanista en toda su dimensión y extensión de la palabra, que hace vacilar a los políticos que dudan de su uso, y más aún, de su aplicación. Se ha concebido la expresión amor como una palabra fuera del léxico de aplicación política, y nada más ajeno a la realidad, nada más lejos del sentido moral y ético, pues la palabra Amor es la Clave en el arco de la política para la compresión de gobernar conforme los intereses nacionales, y los intereses de las necesidades vitales de la población. La carencia del sentimiento Amor en la Política, conduce inevitablemente, a la gobernabilidad de las élites, para las élites y por las élites.

Pero la palabra Amor –en su esencia política-, es una palabra en extremo radical, que expresa una manera y un modo distinto de hacer política, que toca las raíces del sistema político, no se puede pregonar el amor y hacer todo lo contrario a la vida. No es que el amor sea una herramienta de análisis político, un método de construcción de un modo de sociedad, pero indubitablemente, es un criterio valorativo de la verdad, un sentimiento arraigado en el sentido de la justicia y de la paz. De manera que es conveniente estar claro que la palabra Amor exige una revisión y redefinición del sistema político establecido o por establecerse, una evaluación permanente de lo actuado y de las decisiones políticas por tomarse. Una política de Estado, primado por el Amor, estará en franca contravía, con una política de indefensión en materia de salud, educación, seguridad alimentaria, libertad y del ejercicio democrático del poder. El amor como política de Estado y de Gobierno, solamente tiene limitaciones impuesta por la escasez de los recursos; pero los recursos disponibles, están en función de las necesidades vitales de la población, con la finalidad de contribuir a desarrollar las potencialidades de la nación. La lógica es "de cada cual según sus necesidades".

Desde luego, no cabe la menor duda que los sistemas económicos y políticos producen y reproducen el modo material de su existencia, y son las personas, quienes en realidad, como fuente de generación de ideas, información y formación de pensamientos, quienes se constituyen en los pilares fundamentales para la existencia de los sistemas ideológicos y políticos tales como son. Por su naturaleza, los sistemas en mención son históricos, una creación humana a partir de la realidad misma. Es el "Poder Consciente" del ser humano, el "sentido común altamente desarrollado", y los más nobles valores espirituales, y por último, el sentido de sobrevivencia de la humanidad que, en primer y última instancia, debe determinar los cambios y las transformaciones económicas, sociales y políticas, que debe conducirnos a un estado de justicia, equidad, igualdad y de respeto a la Madre Tierra/Naturaleza.

En América Latina la palabra Amor está recobrando su justa dimensión, y es por lo tanto, portadora de Esperanza, y en países como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brazil, Argentina, la expresión política Amor, se manifiesta de la manera más natural, como una palabra que explica un tipo de política a favor de los intereses de las mayorías, en el sentido de una Revolución del Amor, gobernantes y gobernados, la utilizan en el sentido de expresar la Verdad, como decíamos anteriormente, sin dualidad, y la firme convicción de ejecutar una política justa, solidaria y noble, como lo hacía el ex presidente Hugo Chávez Frías, y lo hacen, el Presidente Rafael Correa, Evo Morales, Nicolás Maduro, Cristina Fernández, Dilma Rousseff , José Mujica y Daniel Ortega. El amor en la política es, en principio, la política de la Verdad y de la Justicia. El único pensamiento frío, y muy frío, es el del Amor.

La política del amor se contrapone a la mentalidad de tiranos, de emperadores y de los Imperialistas; no obstante, existe una gran diferencia entre los emperadores gobernantes de las épocas antiguas y los actuales, y es que aquellos, gobernaban, ejercían su autoridad de manera absoluta, pero en la actualidad, en el capitalismo, en su fase superior Imperialista, los Presidentes de los países imperialistas no gobiernan, pues son simple operadores de la política trazada por sus Centros Hegemónicos de Poder, no son diseñadores ni tomadores de decisiones políticas estratégicas, pues son las élites de los complejos industriales- militares, financieros y mediáticos, los que deciden que hacer, cómo hacerlo, en qué plazo y espacio. En consecuencia, la política está centrada en intereses elitistas, en esencia son políticas frías, carentes de sentido humano y de amor a la humanidad. El imperio sólo tiene intereses. La palabra amor no existe en su lenguaje, no está en su lógica, ni en su mente, ni en sus corazones.

Por esa razones planteadas en el párrafo anterior, los gobernantes de los Imperios existentes, no pueden por imposible diseñar un política basada en el Amor, ni siquiera para la población interna, porque el Estado, está más allá del bien y del mal, cuando se trata de fortalecer los intereses del Estado Imperialista prevalece la superioridad sin distinguir ninguna limitación que atenué la superioridad político-militar de los imperios.

Hagamos una pausa e imaginemos al Presidente Obama hablando del Amor a su pueblo o la Humanidad, expresando por ejemplo que la Industria Farmacéutica debe ser regulada porque el derecho a la salud debe prevalecer por encima de cualquier consideración comercial, o firmando la declaración de Kioto, o renunciando a la filosofía de la guerra y el despojo. Imposible, porque en el supuesto caso que lo hiciere, más le valiere tener al mismo tiempo su carta de renuncia.

En los casos específicos de países que luchan por su independencia económica y política, es difícil apreciar el desarrollo normal de la política del amor, porque ella está envuelta en el concepto de lucha de clases, aún cuando en los nuevos signos de los tiempos se impone la necesidad de integrar, sumar, multiplicar, establecer políticas de alianzas sociales y políticas; el radicalismo de derecha o fascismo, lucha por recobrar el Poder a cualquier precio. Desde luego, el fascismo interno se alimenta del fascismo externo pero sin éste no hay oportunidad alguna.

Me pregunto ¿qué hubiera sido de cuba si a Fidel lo hubieran dejado gobernarse libremente, si el pueblo cubano se hubiera manifestado soberanamente sin la intervención imperialista? ¿Cuál serian los resultados políticos en Chile si Estados Unidos hubiera respetado el gobierno de el ex presidente Salvador Allende? O más actualmente, ¿qué puede esperarse de los gobernantes Venezolanos sin la intervención imperialistas en sus asuntos internos? ¿Qué puede esperarse de América Latina en sus Esperanzadores Procesos al servicio de las necesidades vitales de sus pueblos? Desafortunadamente, esa condicionalidad es una ilusión. El radicalismo imperialista no tolera ninguna insinuación hacia la independencia de los pueblos, no es un problema esencialmente de recursos que explotar en los países objetivizados, sino también, es un problema de control y dominio desde el ámbito de lógica de la estrategia mundial de dominación. Y no es que los gobernantes de estos poderosos países no comprendan los beneficios de las políticas de Estado a favor de superar la miseria y devolverles a sus pueblos la dignidad como seres humanos; ellos, los gobernantes imperialistas, entienden perfectamente la lógica, pero al mismo tiempo, se convencen que todo camino de independencia y del ejercicio soberano del poder, se aleja o reduce sus intereses y pretensiones hegemónicas imperialistas. Es un juego frío de control y poder.

Yo tengo la ceteza, que de no ser las intervenciones imperialistas, que alientan a sus pares a lo interno de cada país; si existiera la posibilidad de un tránsito libre según el leal entender y proceder de los electores, un gobierno con políticas públicas en función de los intereses populares serian siempre predominante, incluso, si la política fuera de tendencia socialistas sería aceptada mayoritariamente, sin mayor trauma. El socialismo que se propugna en la actualidad no es el del "socialismo real", es sobre todo, una Via Socialista. Estamos convencidos, de que la humanidad necesita de la humanidad, la humanidad necesita de todos los pueblos del mundo, de sus talentos, de su inteligencia, y sobre todo, de paz y amor. Donde existe amor no hay espacio para el odio. Donde hay amor hay buena voluntad. "Paz a los hombres de buena Voluntad".

¿Quien pudiera en todo caso estar en contra de socializar el ámbito de la salud, la educación, el ámbito de la industria farmacéutica en al ámbito mundial? ¿Quién pudiera estar en contra de que los estados garanticen los recursos estratégicos de la nación? ¿Quién pudiera estar en contra de brindar asistencia técnica mundial para el desarrollo de las naciones con menores posibilidades técnico económica? No se puede ser demócrata y no inmutarse por los millones de seres humanos (niños/as y adultos) que mueren por desnutrición, hambre, y sed? ¿Es posible llamarse demócrata y no inmutarse de millones de seres humanos que mueren porque no tienen la capacidad de atenderse medicamente? ¿Quién puede llamarse demócrata y no inmutase porque millones de perros tienen la dicha –y no es malo que la tengan- de una mejor vida, y la mugre es el destino de los "desheredados de la tierra", de los que tienen la suerte de enjugarse sólo con sus lágrimas si es que aún les quedan lágrimas? A eso se le llama hipocresía. Prevalece la avaricia y la codicia por sobre la fraternidad, la solidaridad y el amor.

En la antigüedad, hay expresiones de mucha sabiduría, pero también de mucho desprecio a la humanidad, sobre todo, durante el sistema esclavista, el cual era un sistema racista por excelencia; en la actualidad sabemos que al nacer todos somos iguales, hombre y mujeres, que todos tenemos alma, pensamientos y sentimientos, por lo tanto, cualquier manifestación de racismo y desprecio, demuestra la ignorancia y exabruptos mas grande de la historia de la humanidad. La humanidad no puede ignorar que todos estos males sociales son provocados por la misma humanidad; y en particular, por la preeminencia del sistema capitalista y sus expresiones oligarquicacas industrial-militar, financiera y mediática. Antes se afirmaba que todos los males provienen de la ignorancia, pero en la actualidad no hay ignorancia que valga, que justifique, lo que hay son intereses privados sobre los intereses de la colectividad o de la humanidad. Ciertamente, a eso se le llama hipocresía y repito, prevalece la avaricia y la codicia por sobre la fraternidad, la solidaridad y el amor.

No obstante, a pesar de estas manifestaciones, creemos que llegará el momento en el cual habrá mayor consciencia para superar la problemática señalada. Existe un 1% del planeta que goza de la acumulación del capital y la riqueza, que goza de poder económico y político, y una minoría que además, tiene el poder militar. Este 1% del planeta puede cambiar el mundo, puede, usando su "Poder Consciente", moverse en la dirección de vida, en constraste con la política de despojo y destrucción, puede en su momento, cometer la locura sublime de conocer el amor a la humanidad. Puede declarar la muerte al Malthusianismo y al Darwinismo social que yace en la médula vertebral, en la lógica y naturaleza, del sistema capitalista. Las guerras no son alivio a la humanidad, ni la ley del más fuerte una necesidad vital, todo es posible en la sublime lógica del Amor y del equilibrio, y en la lógica "de cada cual según sus necesidades de cada cual según su trabajo".

José Gabriel Moya

Moyagabriel21@yahoo.es

21de Septiembre de 2013

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