De la Constitución ni el Preámbulo respetaron los "demócratas" neoliberales

09 Octubre 2013

Por Edwin Sánchez.

Hay siete nombres en el Preámbulo de la Constitución Política de Nicaragua. Seis, número de hombre. Siete, para los cristianos y cristianas, significa la perfección de Dios. El siete, por tanto, aún en nuestra dimensión terrenal, es más que importante. Es un símbolo de historias sólidas. Los Siete Héroes de Nicaragua son los Cimientos de nuestra Identidad y nuestra Cultura. Definen al nicaragüense.

Durante los 16 años de oscurantismo neoliberal, la Constitución pasó de noche. Nadie de los "iluminados" defensores de hoy, se ocupó de ejecutar sus grandes mandamientos y cuanto más se podía violentarla, para despojar al Estado de sus bienes e invalidar el derecho constitucional del soberano --- en la construcción y perfeccionamiento del sistema económico, político y social---, con mayor empeño se destrozaban nuestras Tablas de la Ley.

La "defensa" del respeto a la Constitución que hoy con calculada pasión hacen los que antes detentaron la gobernación del Estado de Nicaragua, postrados ante el altar del laissez faire, laissez passer, dejar hacer, dejar pasar todo lo que viniera del dios Mercado, solo es un rasgarse de vestiduras para el efecto mediático.

Defensores de última hora de nuestra Carta Magna, no se le conoció juventud a ese amor repentino. Ante la falta de muchedumbres de carne y hueso, les sobran "pueblos" de tinta, "gente" de papel, partido impreso y líderes de portada. Pero de pueblo, nada.

Para decirlo directo, la seudo democracia neoliberal demolió el Preámbulo, y privatizó el espíritu del Cuerpo Fundamental Jurídico de nuestro país. Sin embargo, esas letras inspiradas, la dedicación y exaltación de la vida y obra de José Dolores Estrada, Andrés Castro, Enmanuel Mongalo, Benjamín Zeledón, Augusto C. Sandino, Rigoberto López Pérez y Carlos Fonseca, y las generaciones de Héroes y Mártires, establecen la columna vertebral de nuestra esencia como pueblo, bandera y territorio.

Quieren avergonzar al Ejército y la Policía

Que en los actos celebratorios del Ejército y la Policía, el presidente Daniel Ortega recuerde los orígenes de estas instituciones, es reconocer el Preámbulo de la Ley Fundamental como estandarte y guía en el quehacer de la seguridad pública y la defensa de la soberanía. No es comprometer, en ninguna manera, su profesionalismo por un supuesto discurso partidario, sino acentuar su génesis constitucional.

Si el General Julio César Avilés al frente de las Fuerzas Armadas, por ejemplo, toma como modelo de sus tropas a Augusto C. Sandino, a Carlos Fonseca Amador, y a los Héroes y Mártires, reforzará la institucionalidad del EN desde el purificado vértice de nuestra Historia, sintetizado en el Preámbulo.

La apuesta de la derecha extrema es crear un sentido de culpa entre la oficialidad castrense y militar, y aun en su Jefe Supremo, Daniel Ortega Saavedra, para renegar de la Historia. El articulado de la Defensa Nacional no contradice el profesionalismo, al contrario, es contundente: regirse "en estricto apego a la Constitución". Olvidarse de los fundadores de nuestra nacionalidad sería romper con el ordenamiento jurídico de la República y terminar, realmente, convertidos en los chicos malos de la democracia.

Molestos Principios Fundamentales

El capítulo 1 de la Ley rectora, donde se declara que toda injerencia extranjera e imperial lesiona la soberanía nacional, fue puesto a un lado, por inconveniente a los gobiernos autoritarios que siguieron a la década de la Revolución.

Primer Acto, de dos. No son los únicos, sino emblemáticos. El primero inaugura el atropello sistemático a la Constitución Política de Nicaragua: el "perdón" al fallo de la Corte Internacional de Justicia, que demostró y obligó al gobierno de los Estados Unidos, a responder por los daños causados durante la guerra de agresión y sabotaje, financiada durante la era de Reagan-Bush contra la economía del Estado.

El gobierno "democrático" del 1990-1997 sin hacer una sola consulta a algún transeúnte del parque Las Palmas o al barrendero de la esquina, decidió, verticalmente, como efecto de las primeras medidas neoliberales, reducir el Preámbulo a planilla. Y tal como se hizo con los bienes y trabajadores del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua, despidió a los Héroes, para sustituirlo con el "eficiente" fantasma de Adolfo Díaz y otras obsesiones de clase.

Nunca demostraron, hasta hoy, ningún complejo de culpa, mucho menos pedir perdón al soberano. Semidioses, más bien se sienten orgullosos de reivindicar la cara triste de nuestra historia, esa que gracias a Dios no desfigura el Preámbulo de la Constitución.

El "Estado Facilitador" no andaba con esas "delicadezas" académicas de algunos en la actualidad. Nunca se había visto la implosión del Estado, su desmantelamiento y ruptura a la par de la Constitución, experimentado por la población en la reducción drástica de la salud pública, la expulsión de nuestros anciana/os del INSS, la privatización de la enseñanza y la "falta" de recursos para la alfabetización.

Ejemplo de esa época patética: la Reforma Agraria, con todo y sus seis artículos constitucionales, se convirtió en una mala palabra; hubo un abandono total al importantísimo sector económico rural y se trazaron políticas para revertir los cambios introducidos durante la Revolución, en la tenencia de la tierra. ¿Dónde estaban los combativos defensores de la Constitución apoyando al campesinado beneficiado con la democratización del régimen de propiedad?

Usurpación que se hace del Pueblo

Segundo Acto. Hoy. Quienes desde cierta oposición han ido a dar al exterior una versión falsificada de Nicaragua, de acuerdo a sus motivaciones políticas, parten de un primer engaño: ellos mismos. Sin poder resolver sus crisis internas, insolventes en cuanto a credibilidad nacional, tratan de proyectarse como "el pueblo", a sabiendas de que su porcentaje poblacional no da siquiera para hablar en nombre de un barrio.

La última encuesta de Cid Gallup, la semana anterior, detalla que los sectores más reaccionarios de la derecha agrupados en el PLI representan apenas el 3% de la población nacional. Hay un repunte saludable para el PLC con un 6%, razón para creer que la sociedad rehúye extremismos inútiles y reprueba el don- me- opongo de los que desde sus "fuerzas" microscópicas, con amargura hablan de "polarización" nacional.

Todo el ruido mediático contra el Canal Interoceánico o el entendimiento del Gobierno-Empresariado, al final del día los terminó de desaparecer del mapa de la realidad política nicaragüense.

Y, en esto hay que ser muy cuidadosos, porque esta ínfima minoría del 3%, y sus restos que no descansan en paz, confunde el derecho de expresar públicamente lo que piense con el abuso dictatorial de que es la "posición" del pueblo.

Presentarse como "el pueblo de Nicaragua" es un acto violatorio de los Principios Fundamentales de la Constitución.

El artículo 2 también dice: "El poder político lo ejerce el pueblo por medio de sus representantes libremente elegidos por sufragio universal, igual, directo y secreto, SIN QUE NINGUNA OTRA PERSONA O REUNIÓN DE PERSONAS pueda ARROGARSE ESTE PODER O REPRESENTACIÓN".

Restituir los derechos de los Siete Héroes es indispensable para la recuperación de nuestro país. Sin esa piedra angular de la nacionalidad es imposible construir la Nicaragua que queremos.

La derecha conservadora, sus ex ministros y ex etcéteras, solo cuando están fuera del poder se acuerdan de que hay una Constitución. Claro, después de haber disfrutado de una deliciosa y sustanciosa amnesia neoliberal.

Comentar     Arriba