Daniel no se desgasta, se fortalece

26 Octubre 2013

Por Edwin Sánchez

Casi dos años después de las elecciones, todas las encuestas nacionales y extranjeras conducen al contundente triunfo del Frente Sandinista y aliados, que marcan un nivel superior respecto a una oposición que no ha logrado levantar cabeza desde 2006.

Es casi común en todas las democracias, que un presidente en ejercicio, sufra el deterioro de su imagen, impulsado por políticas económicas impuestas, escándalos, alguna decisión polémica y el desgaste del poder. Sin embargo, en el caso del comandante Daniel Ortega, el largo metraje de registros de  opinión pública ha corroborado el mandato de las urnas el 6 de noviembre de 2011.

Y hay más: los datos ofrecidos por la Consultora M&R, en tablas comparativas con 2007, en la víspera de las elecciones de 2011 y la actualidad, reafirman con precisión el abrumador porcentaje de votos que obtuvo el candidato sandinista y los diputados propuestos por el FSLN.

A su vez, las mediciones verifican lo que también afloró en el pueblo de Nicaragua hace un par de años: la ineficaz incidencia de los partidos de oposición en la agenda nacional ciudadana. Hoy, solo el 9.9% mira con agrado a los partidos de oposición. ¡Y aún así hablan de fraude electoral!

El ex vicepresidente José Rizo, sin poder obviar el informe de M&R, dijo esta semana a los medios, refiriéndose al PLC y al PLI: estas "dos agrupaciones están faltas de madurez, de solidaridad y de un sentido cívico que los lleve a la unidad". La pregunta es: ¿por qué la ciudadanía iba a estar dispuesta a poner su destino en manos de una oposición inmadura, que ni siquiera practica la solidaridad entre sus mismos correligionarios?

La extrema derecha, sus medios  y analistas son incapaces de reconocer que perdieron en el terreno de juego. Si hubo irregularidades, como en todo proceso electoral, incluido el de los Estados Unidos, estas no dan para poner en duda lo que las encuestas y declaraciones de los políticos más honestos admitieron.

Un sandinista histórico, Jacinto Suárez, dijo una sólida verdad: el país, cuando asumió el Gobierno el FSLN, estaba al borde del colapso. "Y lo sacó del colapso al progreso, lográndolo con un consenso nacional en su gestión". (El 19 TV)

El liderazgo de esta Revolución que entró en la fase superior de los Nuevos Tiempos, ha gozado de un espaldarazo de sublevación contra el pasado sin esperanza. La intelectual Rosario Murillo se ubica como la segunda personalidad de efectiva solvencia entre la ciudadanía. Su gestión al frente del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, y Coordinadora de los Consejos del Poder Ciudadano, obtuvo una aprobación del 65.2% de la sociedad.

El estudio del Sistema de Monitoreo de la Opinión Pública en tablas comparativas, revela el derrumbe de la campaña del miedo contra el sandinismo. En 2007, la gente que opinaba que el presidente Ortega era un "gobernante autoritario", dispuesto a "instaurar una dictadura", constituía un 55.1%.

En la víspera de las elecciones de 2011, esa terrible percepción cayó en picada, al comprobar las calidades de gobernante del comandante Ortega: 26.4%. Esto explica, en parte, el repunte electoral abrumador del sandinismo.

Presidente Ortega, ¿une o divide?

En junio de 2007, producto de la campaña sucia,  el 49.4% de los consultados creía que el comandante Ortega era un factor de "división nacional y de conflicto".  Es interesante advertir que a las puertas de las elecciones nacionales de 2011, de ese porcentaje opuesto al candidato sandinista, la mayoría, el 29.1% cambió positivamente su opinión.

En conjunto, el 69.6% de la población apta para votar consideraba que el comandante Ortega era un nicaragüense que garantizaba la unidad y la reconciliación. Esto se tradujo en la amplísima ventaja de noviembre 2011.

A octubre de 2013, pese a la arreciada campaña de que el Presidente es "generador de conflictos", el 49.4% de 2007 se desplomó al 14.1%.

Los que estaban convencidos en 2007 de que el líder de la Revolución Sandinista llevaría el país a la dirección equivocaba, representaban el 57.3% de la población. Remontar ese desfavorable punto de vista apuntaba a acelerar un milagro. Cuatro años después, para los sufragios de 2011, solo el 23.8% quedaba con esa rémora de la propaganda sucia. Eso quiere decir que el 33.5% de la ciudadanía que antes expresaba una mala respuesta sobre las calidades de gobernante del comandante Ortega, emigró a la Casilla 2 del Frente Sandinista.

Resultado: a poco de ir a las Junta Receptoras de Voto,  el 70.4% de la ciudadanía estaba convencidísima en que lo más razonable era confiarle el timón de Nicaragua al líder histórico del FSLN. Hoy, el Presidente de la República cuenta con el prestigio de saber dirigir el país en la dirección correcta: el 74.8% así lo aplaude.

Esto explica el por qué la necesidad de la ultra derecha de publicar "guerras" sacadas de sus delirios más extremos; de fabricar los "héroes" más lamentables del mundo y mantener todos los días la cantaleta del "fraude". Su infame mensaje se disecó con sus propios emisores.

Las últimas encuestas confirman la monumental usurpación de la derecha totalitaria de presentarse como la arrolladora fuerza política que "ganó" las elecciones.

Cid Gallup estableció un 3% para el PLI y M&R 2.3%, de preferencia ciudadana, mientras la centro derecha, PLC, se recupera con 6% en ambos monitoreos de opinión. Por eso, creer que las portadas de su partido impreso están por encima de una boleta electoral si no es fascismo, por lo menos degrada a sus partidarios en consumidores de conclusiones erradas.

La decisión superior del pueblo, ratificada en la medición de octubre es casi el 60% de simpatía hacia el FSLN. Cuando las urnas hablan y las plazas y avenidas de la vida se pronuncian, no queda de otra que respetar ese magno coro.

Tal es verdadero oro de la voluntad ciudadana, no el fierro de caricatura con que la Calle Atravesada en la historia trata de herrar hasta la Democracia en Nicaragua.

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