Tres Programas del Gobierno de Ortega que provocan lágrimas

27 Noviembre 2013

Juan Carlos Santa Cruz Clavijo*

Lo que les que vivimos sin apremios económicos y gozamos de buena salud, lo que les relato a continuación, quizás lo vean como anécdotas para pasar el rato, y nada más. En cambio, para quienes hayan sido testigos de estas experiencias y vivencias, seguramente sólo el hecho de recordarlas les acelerará las palpitaciones del corazón y aflorarán lágrimas en sus ojos.

Gracias al Programa "Todos con voz" del Gobierno del Presidente Ortega, en Convenio con el Gobierno de Cuba, se ha dado el gran paso de la solidaridad como un instrumento de la humanización de la medicina, como restauración de derechos. Nos referimos a las personas con capacidades diferentes, que a lo largo y ancho del territorio, prácticamente no conocían lo que era la asistencia médica, y que hasta ayer eran los grandes ausentes, los olvidados, los cuasi inexistentes para la luz pública.

Los hermanos médicos cubanos, hombres y mujeres, acompañados por las brigadas médicas sandinistas, han recorrido el país, usando todos los recursos para atender a nuestros hermanos ubicados en los lugares más alejados.

Caminando, en mula, en carreta, bajo el inclemente sol o las correntadas de agua, en caballos, en camionetas, buses, trepados en un tractor atravesando un río desbordado, o en lodazales interminables, para los que bien les cabe el proverbio "si necesitas una mano, recuerda que yo tengo dos".

Estamos hablando de miles y miles de visitas a hogares pobres, humildísimos que como una especie de acto milagroso ven aparecer en la puerta de su casa a médicos/as cubanos y de la asociación de médicos sandinistas, los que vienen a diagnosticar el estado de salud de un ser querido el que a veces no camina, no habla, no ve, o presenta problemas síquicos de diverso tipo.

Más que nunca el concepto de restauración de derechos encaja a la perfección en esta relación de generosidad infinita, de agradecimiento infinito, de esperanza real iluminando una vida llena de penumbras y autoestima en cero. En una palabra este programa es un acto de amor en su más alta expresión.

Qué decir de la distribución de láminas de zinc como una forma de restaurar derechos. Se imaginan cuánta emoción habrá embargado a esas miles y miles de familias, la mayoría madres solas con seis o siete hijos, que de pronto ven llegar a su humilde casa a un grupo de jóvenes, con la frente en alto y limpia limpia la mirada, que sin más ni más, les dicen que vienen a visitarles por orientaciones del Presidente Ortega.

De inmediato, ante los ojos llorosos de emoción de esas sufridas madres quitan el plástico negro del techo del rancho y proceden a instalar láminas de zinc nuevas y brillantes y como por acto de milagro los golpes de los martillos tienen ritmo musical para estas modestas familias.

Y para colmar estas emociones no podemos dejar de mencionar la "operación milagro". Cómo olvidar una conversación que tuve con un anciano campesino en la terminal de buses del Mercado Mayoreo. Los dos viajábamos hacia Matagalpa, así que fue relatándome de su vuelta a la vida, como él la llamaba.

Su esposa y él estaban casi ciegos. Sin recursos y aislados en la montaña. Según me relataba, todos los días decían que querían morir, y sólo en eso pensaban. Hasta que una mañana muy temprano y en medio de la lluvia aparecieron varios jóvenes promotores sociales del Gobierno acompañados por el Secretario político del FSLN, y conste -recalcaba- que nosotros siempre habíamos sido hasta esa fecha liberales hasta la muerte.

Dos días después viajaban hacia Managua y luego a ciudad Sandino, y ese mismo día los operaron de cataratas y según su relato los dejaron "como nuevos".

Cuando ya llegábamos al mercado Guanuca, le pregunté a manera de broma si él creía en los "milagros", y me respondió de inmediato, con una gran sonrisa, que en su vida ya había vivido tres milagros juntos. El primero, es que luego de la operación procedieron con su esposa, ahí mismo en el hospital a darle su buen revolcón a la oscuridad y la muerte que no los dejaba en paz. Con una gran sonrisa dice que la vieron salir por los pasillos del hospital como alma que se la lleva el diablo.

El segundo milagro es que en ese hospital de ciudad Sandino les demostraron en un "abrir y cerrar de ojos" como se puede convertir la noche en día. El tercer milagro es que las manos de los médicos cubanos que los operaron tienen algo que las vuelve milagrosas.

La conversación finalizó de una manera que no esperaba. Este campesino, quitándose el sombrero, me dijo tajantemente, "mire amigo, y perdone que le hable asi, pero no quiero dejar pasar la oportunidad de decirle que en mi casa hay tres cosas que no se la permitimos a nadie, que se hable mal de nuestro señor Jesucristo, del Comandante Daniel Ortega, del Comandante Fidel Castro y de ningún médico cubano, porque mi humilde casa es la casa de ellos, dado que Jesucristo nos dio la vida y ellos nos devolvieron la luz, y si usted está de acuerdo con lo que le digo también será bienvenido".

*Sociólogo

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