El análisis mediático de la educación

25 Febrero 2014

Por Miguel de Castilla Urbina (*)

Este enero 2014 no fue diferente al de los últimos diez años. Voces distintas, de manera individual y colectiva, en entrevistas de prensa y artículos de opinión, se pronunciaron sobre los orígenes y consecuencias de los resultados de los exámenes de admisión de la UNI y la UNAN-Managua.

Respecto a los orígenes, la lista se extendió de manera desarticulada, uno a uno por toda la geografía de la vida escolar. Para unos la causa reposa en el bajo financiamiento de parte del Estado; para otros somos los docentes; otros señalan los contenidos de los programas de estudio; otros se refieren a la falta de exigencia de los padres a sus hijos, etc.

El formato de los análisis es casi siempre el mismo: se inicia seleccionando un factor conectado con los resultados; paso seguido se aventura un diagnóstico sobre la supuesta realidad y al final se proponen recomendaciones para dar solución al factor en crisis. Así con el financiamiento educativo. Así con los docentes. Así con el currículum, etc.

Pero este proceso adolece de una insuficiencia de base, dado que a imagen y semejanza del sistema escolar que se busca cambiar, los análisis y propuestas se presentan desarticulados y desligados de los otros factores con los que el factor causal escogido teóricamente se relaciona sistémicamente. Por ejemplo, el del financiamiento, el que por su naturaleza se realiza fuera de la relación que se da entre docentes, estudiantes y contenidos y que cada vez que se menciona como la clave para solucionar todos los problemas de la educación, se presenta separado de su principal propósito, justificación y motivo como son las políticas educativas, es decir, en qué y cómo se va a invertir el dinero previsto como ideal.

Iguales son los casos de cuando se seleccionan los factores docentes y contenidos curriculares. Estos de nuevo se presentan separados de los otros factores o componentes de su entorno. Al final el maestro aparece como el culpable de la mala educación, cuando el está solo en la tarea educativa, y los estudiantes solamente pasan cinco horas en su compañía de las veinticuatro horas que tiene cada día.

Con el currículum pasa igual, el acento se pone en los contenidos, ignorándose los ductos de comunicación que deben construirse con los docentes y los otros medios para su realización en las aulas de clase.

¿Y cuál es el problema y cuáles las consecuencias? El problema es que para identificar las causas de las malas notas de la educación, estas se fraccionan en pequeños islotes, olvidando el carácter complejo, multifactorial y sistémico de la educación. Sea el de la educación de un estudiante, de un grupo en un aula de clases o de toda la matrícula de todos los estudiantes del país de un año escolar determinado. Del todo educativo nacional se toma una parte y se analiza como si fuese el todo. Hay estudiantes aplazados en el sistema escolar, porque no se capacita y se paga poco a los maestros; o porque el currículum no es atractivo para sus usuarios y empresarios; o porque el financiamiento de parte del Estado es bajo.

Esta manera de analizar los procesos educativos en los medios de prensa del país, provoca al menos dos consecuencias a saber: uno, en tanto el enfoque es reduccionista, las soluciones que se ofrecen son reduccionistas y por lo tanto falsas y engañosas; y dos, se oculta y enmascara el permanente estado de fragmentación de los procesos de la educación, tanto en los niveles macro como microestructurales, postergando las soluciones y legitimando la desarticulación como manera de ser de la educación escolar nicaragüense.

(*) Sociólogo, profesor UNAN-Managua.

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