Rigoberto Cabezas y la Victoria derrotada

28 Febrero 2014

Edwin Sánchez

¿Qué diría hoy Rigoberto Cabezas (1860-1896), fundador del diarismo en Nicaragua? El Primero de Marzo de 1884, hace 130 años, salió de la imprenta "El Diario de Nicaragua", para "impulsar en todo sentido la mejora del país".

El héroe quería formar lectores, no clientes; educar, no banalizar; informar, no engañar. Es decir, forjar ciudadanía en vez de sumisión al pensamiento de la casta conservadora y todo su calachero de antivalores. Es que no podía ser de otra manera que naciera el periodismo en nuestro país: en las venas del patriota corría la necesidad del desarrollo nacional inclusivo.

El fundador del diarismo nunca puso su libreta, pluma y oficio como pedestal a procónsules de cualquier potencia para que se despacharan hermoso, entrometiéndose en los asuntos internos de Nicaragua, como ocurre en la actualidad.

Cabezas no preguntó al vicecónsul británico, Edwin Hatch, en sus dominios de la Costa Caribe: "¿Qué consecuencias tendrá para Nicaragua la actitud del presidente Zelaya, ahora que se le ha metido que la Mosquitia es nicaragüense?". ¡Todo lo contrario!

Fernando Centeno Zapata, el recordado narrador, exaltó: "Rigoberto Cabezas llega a la Costa a cumplir su misión: con sus propias manos baja del asta la bandera inglesa, saca a empujones al Vicecónsul inglés, arranca de su trono al Rey bufo de los mosquitos Henry Clarence y, en la misma asta en que ondeaba la bandera del imperio iza la bandera azul y blanco de Nicaragua. Este hermoso gesto patriótico y heroico se produce el 12 de febrero de 1894".

Debemos aquilatar la dimensión del insigne referente. Fue un nicaragüense que fundió biografía y periodismo con su patria. Sin este escritor y militar en nuestra historia, y nuestra superior prensa, hoy tendríamos unas Malvinas de tierra firme tan extensas como Costa Rica, y un país partido en dos en el mismo territorio. ¡Y sin salida al Caribe!

Lección trascendente

En el primer Editorial del 01-03-1884, Cabezas expone, entre otros aspectos, que el órgano surge dispuesto a servir "a toda idea honrada, por su medio podrán discutirse todos los grandes intereses sociales: de este modo, en todo asunto, será fácil depurar la verdad de los errores que la envuelvan y presentar al criterio público ideas claras sobre los asuntos que se discuten: de este modo logrará formarse verdadera opinión sobre todos los negocios que conciernan a la generalidad…".

Lección trascendente de un periodista en la antípoda de los "profetas de la calamidad" que maltratan a la República denigrándola ante el mundo, intentando generar desconfianza en el futuro de la nación al reciclar el único chicle que masticaron los marines vencidos por Sandino en las montañas: "maldito país".

Él escribió: "Como consecuencia precisa, el ´Diario´ será implacablemente enérgico contra toda idea o tendencia disociadora, y estará listo para designar a la condenación pública todo acto, toda doctrina que lleve en mira la desmoralización del país, empañar su buen nombre o contrariar sus vitales intereses".

Por supuesto, la verdad en letra de molde fue agriamente rechazada por los eficientes líderes del atraso, hasta desaparecerlo, algunos "por la oposición sistemática que se hace a todo lo nuevo, sea por espíritu de rutina, sea por el carácter de personalidad de que se revisten los asuntos impersonales".

Es conocido cómo los resentimientos, los odios, esas pequeñas miserias, se arropan con trajes de alta costura mediática: la "democracia", "la libertad", "la institucionalidad…".

Los de siempre

Otros echaron mano de una costumbre decimonónica que contamina aún el siglo XXI: la manipulación religiosa. Una embestida al esfuerzo intelectual que anhelaba purificar las conciencias intoxicadas, llegó desde León. Cabezas lo denuncia así: que aprovechando como "pretexto", la "proclamación de nuestro credo republicano", esto envolvería la idea de "atacar las creencias religiosas del país". El comunicador descubre la artimaña: "impedir la difusión de la luz de las masas populares".

El héroe responde con palabras válidas para estos Nuevos Tiempos: el interés del Diario "es promover los intereses temporales de la nación, y que si alguna vez llegase a terciar en una controversia político-religiosa, sería precisamente para secundar las legítimas aspiraciones del país cuyos intereses se propone defender".

Por cierto, Cabezas redarguye al infamante "escritor católico" por no ser consecuente con su calculada "piedad", al llamar a la guerra contra el primer periódico porque será el "órgano de los intereses de la agrupación política, que se complace en llamar con la denominación de Cacho".

Al meter en miedo a la gente, haciéndole creer que "el diablo", "los masones", etc., están detrás del progreso de una nación, pareciera que no han transcurrido ni siquiera 130 horas, pero esto ya era más viejo que el pinol hace 130 años.

Los "gloriosos" 30 años conservadores fueron intolerables en sus feudos con las ideas avanzadas de cualquier "igualado" que se atreviera a cuestionarlos. Por eso. el presidente de la añorada oligarquía, Adán Cárdenas (1883-1887), "apagó" temporalmente aquel fuego.

Pero Rigoberto Cabezas era demasiado periodista para tales gamonales. Diez años más tarde reduciría a cenizas la bandera de la reina Victoria en el Caribe. Imagínense, ¡nada menos que irrespetar la Época Victoriana, a la Abuela de Europa y toda la realeza emparentada con sus nueve hijos y 26 nietos, de los 46 que todas las colonias de ultramar, a excepción de Nicaragua, debían mantener!

Nunca se vio una Victoria tan derrotada.

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