La opción totalitaria: tumbar democracias

11 Marzo 2014

Por Edwin Sánchez

La ultraderecha latinoamericana tiene un concepto parroquial y totalitario de la democracia. Es que lo más incompetente de su liderazgo con sus cajas de resonancia, al no poder construir victorias electorales por las buenas, enchufándose a las necesidades de la gente, quiere éxitos artificiales a como sea para no perder el control de las almas y el territorio.

Por eso, intentan hacer del contrario un peligroso monstruo para los Estados Unidos y desconectar del siglo que corre a las repúblicas donde se han instalado gobiernos de manufactura democrática.

Ninguno de los países donde la democracia empezó a dejar de ser una religión civil al servicio del dios Mammón, para abrirle las puertas de su propio país a los excluidos, ha puesto en peligro a los Estados Unidos, tal como los fundamentalistas de derecha tratan de embaucar desde sus medios deformativos de la realidad.

La dirigente del Gobierno Sandinista, la intelectual Rosario Murillo, a propósito del triunfo del FMLN, expuso con claridad qué enemigo se combate en Nuestra América: "vamos a trabajar cada uno, cada una, en sus lugares, cada una, cada uno, en sus Comunidades, en sus Patrias, para derrotar la pobreza".

Ahora que se conocen los resultados electorales en El Salvador, como antes lo hicieron con Venezuela, cuando ganó el presidente Nicolás Maduro, los conservadores radicales dicen, por el margen de diferencia, que "el país está partido", "polarizado", "si hay legalidad, no hay legitimidad", hasta llegar a alegar "fraude", etc. El punto es no reconocer la plenitud del triunfo de los colectivos progresistas en el juego democrático.

¿Y el Tío Sam?

No solo en Venezuela o El Salvador se dieron elecciones con estrechos resultados. En los Estados Unidos, las elecciones reñidas se han sucedido a lo largo de la historia, sin que la derecha conservadora, sus medios de comunicación y analistas, hayan cuestionado la democracia, mucho menos dado voces a los cuatro vientos: "¡Estados Unidos divididos!". Lo que es bueno para el Tío Sam de seguro es mejor para la Hermana América.

Themys Brito, en la página "Política de Estados Unidos", recuerda las elecciones del 2000. Bush obtuvo 271 votos electorales, mientras que Gore consiguió sólo 266. "La gran controversia se debió a que pese al resultado del colegio electoral, Gore había conseguido el voto popular por casi medio millón de votos. Los comicios causaron controversia por la serie de recuentos en el estado de Florida, que desató una batalla legal…".

"En 1976, Jimmy Carter obtuvo la presidencia por 57 votos electorales. Sólo hubo una diferencia de 2.1 por ciento en el voto popular".

"Uno de los márgenes más pequeños en cuanto al voto popular se registró en 1960, durante las elecciones entre John F. Kennedy y Richard Nixon. Kennedy consiguió poco más de 100,000 votos más que Nixon, y una diferencia de 84 votos electorales. La incertidumbre sobre el ganador se extendió hasta la tarde del día siguiente, cuando Nixon finalmente aceptó su derrota".

"En 1916, sólo 23 votos electorales decidieron la presidencia de Estados Unidos. Woodrow Wilson venció a Charles Hughes con una ventaja de 3.1 por ciento del voto popular. El resultado no se confirmó hasta después de varios días…".

Hasta ahora, la derecha extremista, fiel a su doble moral, se ha cuidado de "analizar" a los Estados Unidos, con ese facilismo y ligereza calculada con que descuartizan las decisiones de los pueblos al sur del Río Bravo. Nunca esgrimió, al norte de ese mismo caudal, "fraude", "país sin consenso", "democracia en dos pedazos", "JFK, presidente de la minoría"…

Este tipo de derecha, según su mitología con código de barras, tiene la potestad de reducir la democracia a una franquicia para explotar a su antojo un país, donde la confusión Country Club/ Estado de Derecho es la ostentosas marca de nuestro subdesarrollo.

A nadie le importó en esos gobiernos de corte neoliberal, el más elemental de los derechos humanos de los desfavorecidos: pasar de existir --- una infeliz caricatura de la vida--- a realmente vivir, ya no digamos pretender "la búsqueda de la felicidad".

Aprovechándose aún hoy del oscurantismo, uno de los cimientos desde donde se alza todo el atraso de nuestras sociedades, la derecha empecinadamente retrógrada --- con sus aliados de siempre--- induce a los pobres a "buscar y esperar la felicidad en el cielo" (Hegel). Empezar a ver las casitas del pueblo en el más acá, es "populismo".

El Bueno, el Malo y el…

Lo único "moderno" de los ultraconservadores es la aplicación de las nuevas plataformas de comunicación y una prensa que ha hecho de un antiguo vicio su ministerio fáctico: la mentira.

Difunden rumores y recurren a la violencia, sea de palos y piedras o virtual, sin descartar el linchamiento mediático, para atemorizar a la sociedad y saldar así, con la incertidumbre, su propia deficiencia política. La veracidad no forma parte de su código de conducta.

Aborrecen los conceptos de "derecha" e "izquierda", considerándolos parte del "pasado". Claro, prefieren nociones infantiles recurriendo a los comics: los superhéroes y los villanos; el chavalo de la película y el pillo; pero la vida real se acerca un poco más a un western de Clint Eastwood, porque además del Bueno, el Malo y el Feo, están los peores…

En el reparto de los falsos buenos faltan los verdaderos protagonistas de la derecha fundamentalista que ha sobrevivido a la Guerra Fría: el Embustero, los Políticos Enmascarados con banderas universales, y demás demonios que ocupan el odio y el podio como materia prima de la desestabilización.

El retorno de Reagan

Por eso, al hablar de derecha e izquierda, sabemos a qué atenernos, y en la diversidad de sus expresiones nacionales, nos permiten darnos cuenta quiénes empujan el progreso y quiénes son ya ni siquiera actores de cuarta, sino rellenos de las antiguas películas de Ronald Reagan, pero con un nuevo guión que avergonzaría a los directores galardonados con el Óscar, Steve McQueen y Alfonso Quarón.

Lo hemos visto en Nicaragua recientemente: desde sobredimensionar el lenguaje de confrontación de algunos políticos urbanos, para sonar "tambores de guerra" rural que nadie oye en el campo sino es a través de algunas ondas hertzianas emitidas desde Managua, hasta publicar un cronograma sobre la "desaparición física" del comandante Daniel Ortega.

Que el partido impreso saliera con dos días de retraso, después propalar rumores, con un extraño añadido de medianoche sobre la tableta "ocupada" por supuestos individuos para anunciar un "falso reportaje" sobre la "desaparición" del Presidente, confirma lo que ya los romanos agarraban al vuelo: "excusatio non petita, acusatio manifesta sunt" ("Excusas no pedidas, son acusaciones manifiestas").

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