Devolverle credibilidad... ¿al CSE o a la derecha?

31 Marzo 2014

Por Edwin Sánchez

La derecha conservadora da voces en contra del Consejo Supremo Electoral, en funciones desde antes del retorno del Frente Sandinista al gobierno, como si fueran los culpables de todas las plagas de Egipto, entiéndase sus reveses electorales.

Ahora que ya se aproxima la escogencia de los magistrados de ese poder del Estado y de otras instituciones, suena con insistencia el cambio de sus integrantes, y aunque los funcionarios no son eternos, hay un objetivo sin relación alguna con la cesantía o prolongación de sus períodos: reclamar victorias irreales.

La culpa de que los partidos radicales no den una ni en las plazas ni en las urnas, no es de Roberto Rivas. El Presidente de ese Tribunal no fabrica votos y, por muy magistrado que sea, le es imposible ordenar que se llenen avenidas, calles, encuestas y por encima, boletas electorales con el partido que él quiera.

La ultraderecha falsifica los hechos, con lo que bien cabe el dicho "el que las usa las imagina". Así como no se le puede atribuir al doctor Rivas milagros políticos, tampoco él apareció "de la nada": fue nombrado en 1995 bajo el gobierno de la presidenta Violeta Barrios. El mismo expresidente Arnoldo Alemán precisó, en su viejo programa en el Canal 10, que fue "por presiones y por las COMPONENDAS DE LA ÉPOCA, y dejaron que la SOCIEDAD CIVIL y la Iglesia (Católica) escogiera(n) a un miembro". (100% Noticias)

El "miembro" resultó ser Rivas, quien desde 2000 asumió la Presidencia del CSE. Lo "extraño" del caso es que mientras el colegiado certificó el triunfo de la continuidad del neoliberalismo con Alemán en 1996 y Enrique Bolaños, en 2001, todos estaban contentos con sus "matemáticas". Era el "héroe" que dejaba "escoger", en "elecciones libres", al pueblo.

El Frente Sandinista, dirigido por el comandante Daniel Ortega y la escritora Rosario Murillo, pese a las irregularidades y otros etcéteras, se sometió a la voluntad de la mayoría. Es lo mismo que ha hecho hasta hoy, como corresponde a una responsable formación política democrática.

Más que "renovar" y "recuperar la credibilidad" de un órgano del Estado, toda esa gazmoñería de la ultraderecha, que siempre juega con los dados cargados, debería reconvertirse en valores y ser debidamente asumidos.

Cuando la derecha conservadora arremete contra el CSE, achacándole "cuatro fraudes electorales" desde sus discursos, conferencias, editoriales y pie de fotos, se quiere dar por sentado una realidad que jamás aconteció. El punto es que la sociedad asuma el cuento de este escaso sector radical, para deslegitimar el actual Gobierno Constitucional, mientras uno de los tres PLI mantiene vivas candidaturas insepultas.

Tal relato es una forma simplista de no aceptar las curvas de la vida. No obstante, ni sus mínimos líderes, mucho menos sus máximos caciques, están dispuestos a admitir que el pueblo no les cree ni "tantico así" a sus inconclusos proyectos de candidatos sin propuestas.

Se necesita valor cívico y ser demócrata de tiempo completo, reconocer el éxito electoral del adversario. Arena en El Salvador lo hizo, y antes, Capriles en Venezuela. Esa es la diferencia entre la derecha democrática y la emocional, irracional. Hepática.

Mirar primero la viga de su propio ojo, para poder ver la paja en el ajeno, trae la ventaja de la purificación para contribuir en la construcción de una Nicaragua próspera.

Pueblo decide

Los que hacen los votos son los ciudadanos y es lo que ha sucedido desde 1984 hasta la fecha, aunque la extrema derecha solo admita "la transparencia" cuando le ha tocado ganar y, en su euforia, eleve a rango de arcángeles a los magistrados.

El Consejo Superior de la Empresa Privada no se ajusta al dato, cuando dice que "para devolverle la credibilidad a los comicios (...), es necesaria una renovación de los funcionarios del CSE", pero sí calma un poco las pasiones de los políticos melindrosos que critican al empresariado por incidir en el desarrollo nacional a través del modelo de alianzas promovido por el FSLN.

Una nación no se dirige, ni mucho menos se erige, a partir de matrices creadas para la desestabilización, por la "percepción" interesada de algún grupo, por muy poderoso que sea, que ensalza a unos y sataniza a otros. Si la ultraderecha hubiera triunfado en los sufragios anteriores, ¿estarían hoy tan apurados por salir de Rivas? Seguro que hasta lo lanzarían para Secretario General de la OEA, si es que no ejecutivo del Centro Carter.

Parco y declinable

Eduardo Montealegre habla de "cambios profundos en el sistema para que se le de confianza al votante". Pero, la primera confianza que debe construir es la de ellos mismos, para que el pueblo los considere una solvente opción a la hora de la hora de nuestro voto, amén.

El cambio de magistrados, parcial o total, es una decisión de los partidos representados en el Parlamento, el foro del diálogo y las negociaciones por excelencia. Los resultados electorales son potestad del soberano.

El peor ataque a la Democracia es el que proviene de la ultraderecha al exigir al CSE glorias ajenas a como sea. Las victorias no dependen de los arreglos de mesas, sino de las masas. Esto lo tenía bien claro, con una agudeza visual 20-20, el doctor Emilio Álvarez Montalván, la única voz sensata que quedaba en la esquina contraria. Era quien trataba de quitarles catarata y miopía, al mismo precio, a sus cegatones correligionarios, en una incierta "Operación Milagro".

Hace poco, en uno de sus exámenes, comprobó por enésima vez que la "disidencia" se mantiene "en permanente guerrilla interna". (21 de marzo) Estas consideraciones periódicas eran su "hilo conductor", para encontrar dónde estaba el lienzo del "muerto" que nadie quiere cargar.

Curiosamente, Álvarez, parco y declinable, sin la visión de antes y ninguna explicación de su parte, empezó a dar sus propios palos de..., y una semana después, el 27 de marzo, terminó "operado" por sus "pacientes": "hay que cambiar todo el sistema electoral", porque "son ineficientes y fraudulentos" ("La Prensa").

Sin embargo, un par de días después de las votaciones de 2011, el gurú conservador, si bien habló de "irregularidades", observó con precisión oftalmológica: "la oposición es la responsable de su fracaso, debido a los conflictos internos y el fraccionamiento que enfrentan desde las presidenciales de 2006" (AFP).

Por supuesto, los puntos de vista cambian con el tiempo, sobre todo cuando no hay peor ciego que el que no quiere ver.

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