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Fin del bloqueo a Cuba honraría a Padres Fundadores de EEUU

03 Junio 2014

Por Edwin Sánchez.

Es improbable sacar algo bueno de los extremistas, pero de los odios extremos lo único que puede supurar es lo más primitivo y deplorable que se halla en los escondrijos del alma viciada: gozar el espectáculo del sufrimiento de los demás, hacerles la existencia imposible y acelerar su destrucción cuando los agredidos buscan cómo defenderse.

Salvo un grupo con intereses conocidos, la sociedad culta estadounidense no quiere continuar unas relaciones amargas con Cuba para toda la vida. El desencuentro a nadie ha beneficiado salvo a quienes, en su precaria escala de valores, la dignidad de la persona no cuenta para nada, peor cuando pertenece a un pueblo que osó ser República de verdad.

En 1959 ya era una costumbre implantada en Latinoamérica y El Caribe, llamar "repúblicas" a las farsas nacionales puestas en escena desde los tiempos de las cañoneras. Los defensores del embargo económico, financiero y comercial "no se acuerdan" de esta deleznable diplomacia.

Tanto Cuba como Nicaragua, con sus revoluciones triunfantes, no constituyen un peligro real para los Estados Unidos.

Cuba no ha incitado ninguna rebelión en la Unión Americana. No ha promovido grupos para enfrentarlos al statu quo. No ha pagado mercenarios para acabar con inocentes en la metrópolis, al contrario: en EEUU están encarcelados tres de los Cinco luchadores antiterroristas que salvaron en los años 90 muchas vidas en Cuba, incluidas las de turistas norteamericanos.

Antiimperialismo y humanismo

A pesar de ello, Washington ha ubicado a Cuba como Estado patrocinador del terrorismo, sin valorar la enorme ventaja de contar con líderes sensatos al otro lado del estrecho de La Florida.

Los comandantes Fidel y Raúl Castro están en las antípodas de los exaltados fundamentalistas. El liderazgo de la Revolución nada tiene en común con aquellos que son capaces de poner en peligro la integridad física de los ciudadanos para imponer sus ideas demenciales o saldar sus tormentosas venganzas en edificios civiles, naves aéreas, centros comerciales o estaciones de metros.

Algunos envenados del corazón piensan que ser "antiimperialista" es derrumbar no solo las torres gemelas --- uno de los crímenes más abominables que se haya cometido en la historia de los hombres--- sino todo Manhattan, y después la Casa Blanca.

Pero el antiimperialismo de la Revolución cubana como el de la Revolución Sandinista es asimétrico al imperialismo de Teodoro Roosevelt, Richard Nixon, Ronald Reagan, los Bush y Cia. Todos los muertos, incluidas las víctimas de la voladura de un avión civil en 1976, heridos y mutilados, corrieron a cargo únicamente de cubanos y nicaragüenses.

Los verdaderos revolucionarios de Nuestramérica, sumada Venezuela, han aportado al humanismo una nueva bandera: la del antiimperialismo. El dato es irrefutable: ni una sola baja provocó a los Estados Unidos en su propia tierra.

Minoría fanática

La minoría fanática anhela el día cuando un Presidente de los Estados Unidos ordene arrasar la Revolución antillana para que no quede ningún vestigio. Se invocaría así a William Walker, natural de Tennessee, quien incendió la primera ciudad colonial de Nicaragua, en 1856. A los sobrevivientes, por si fuera poco, les dejó esta atroz dedicatoria: "Here was Granada".

Fidel y Raúl han tendido la mano para superar la política de pensamiento único mejor conocida como "Bloqueo For Ever", mediante la cual el grupo de la vieja guardia miamense ha impedido la actualización de la Oficina Oval y el Capitolio.

Un país no puede nutrir su visión hacia la isla con base a los odios antiguos de la élite de cubanos de la primera y segunda oleada, y sus herederos. Mientras estos le han sacado a su nociva diatriba importantes carteras en el Ejecutivo y asientos en el Senado y la Cámara de Representantes durante décadas, el Muro ha causado a las familias cubanas estragos cotidianos que ni la sideral cifra de un billón 157 mil 327 millones de dólares (1963-2013) es capaz de describir.

Estados Unidos, nación amante de la libertad, debe liberarse de esa pandilla de pesadilla que no forma parte, por ningún lado, del sueño de las nuevas generaciones de cubanos. Si el Departamento de Estado archiva el brutal bloqueo económico a la isla, es cierto que la gallinita de los escaños y negocios de oro se habrá agotado para los ultraconservadores, pero a cambio los enormes espíritus de George Washington y Benjamín Franklin se alzarían de nuevo sobre la bajeza representada por el embargo.

El pueblo norteamericano, incluido los latinos, es extraordinario, vive para engrandecer el país de las barras y las estrellas, no para empequeñecerla con los miedos de la Guerra Fría.

Cada vez, amplios sectores buscan la apertura entre la patria de Jefferson y la tierra de Martí. Un informe de Efe detalló hace poco que "más de 40 de ex altos cargos políticos y militares en administraciones demócratas y republicanas, empresarios e intelectuales pidieron en una carta abierta al presidente Obama, que tome medidas ejecutivas para ampliar ´los cambios ya en marcha´ en la relación con La Habana".

Mientras, en la República caribeña se informó de otro avance en esa dirección para desintoxicar el ambiente: "Es hora de iniciar un nuevo capítulo en las relaciones EEUU-Cuba y eliminar las barreras políticas de larga data", dijo Thomas J. Donohue, presidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, en la Universidad de La Habana. (La Primerísima)

¿Por qué atropellar la historia?

El escritor Carlos Alberto Montaner, un visceral enemigo del entendimiento cubano-estadounidense, fue de los primeros en saltar contra estas iniciativas por el simple hecho de surgir del corazón y no del hígado como era la infectada costumbre.

Atropellando la historia, dice: "Durante todo el siglo XX, con razón, Estados Unidos fue acusado de indiferencia moral por el buen trato que le daba a dictaduras como la de Trujillo, los Somoza, Batista o Stroessner. Ahora está en el lado correcto de la historia".

Estas palabras envenenadas, además de glorificar el bloqueo económico, falsifican la realidad: los regímenes evocados por el nostálgico Montaner no surgieron de la vista gorda del Departamento de Estado, sino que fueron creados, armados, instalados, prohijados y mantenidos por Washington a punta de sangre, fuego, crímenes, represión y torturas. Montaner cumple a cabalidad con el dicho atribuido a los soldados de Somoza: "La Guardia lee como le da la gana".

Continuar las agresiones contra la Mayor de las Antillas no enaltece el espíritu de la raza humana, porque no hay nada de noble en atizar las pasiones inferiores hasta llegar a la perturbadora posibilidad de reeditar la atroz "solución final" hitleriana.

El presidente Barack Obama ha hecho muchas cosas en su meteórica carrera. Le falta dar el paso más sublime: estrenar el Premio Nobel de la Paz con América Latina y el Caribe. Nunca la gloria estuvo tan cerca para un hombre: tan solo a 90 millas...

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