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El gallo pinto y los frijoles negros

17 Junio 2014

Por Edwin Sánchez

I

En estas últimas semanas, algunos llegaron a su terrible conclusión, errada por supuesto, de que con el frijol negro se acabó el alimento indispensable. Sin embargo, el gallopinto siempre cantará en la cocina nicaragüense hasta cuando Dios quiera, sin que ese canto signifique negar la tradición.

La famosa comida típica sigue teniendo mucho de gallo como bastante de pinto porque su nombre es de cuchara nacional, y confiere la idea de dos elementos y un solo plato verdadero. Y puede ser con el rojo seda, el retinto o el nutritivísimo negro.

Degusto el vaho en cualquier mercado del Pacífico, y disfruto de un rundown donde Washington Hodgson en Managua, sin ningún altercado con la costumbre y ni uno ni lo otro, que lo creemos tan nica, es tan nuestro, sino exquisitamente compartido con África.

No se ha visto que dejar de ingerir el frijolito de siempre nos hará menos nica como de privarnos del negro, gracias a la estrechísima bandeja que nos sirve el pasado, nos terminará purificando el ADN de nuestra nacionalidad. Todo lo contrario.

Y podría seguir extendiéndome en esto hasta encontrar un responsable de todas estas “culpas gastronómicas”, pero no vale la pena como sí se debería poner atención al hecho de que al sur, ya “aparecieron” los “padres” del Gallopinto.

El Diccionario de la Real Academia Española lo tiene como uno de sus lemas y en mayúscula. “Gallo pinto: m. C. Rica. Comida hecha a base de arroz y frijoles revueltos y fritos sobrantes del día anterior, que normalmente se come a la hora del desayuno”.

Wikipedia fue más sensata al mencionar que las dos repúblicas “reclaman su creación”. Pensaría que lo más probable es que el gallopintito fue tragado, junto con Guanacaste y Nicoya, de un solo bocado.

Nuestros académicos nicaragüenses deberían intervenir con una aclaración patriótica, presentando la partida de nacimiento del Gallopinto ante la RAE. Empero, el Diccionario del Español de Nicaragua, de Francisco Arellano, deja a un lado la paternidad que a la Academia peninsular sí le interesó, y se contenta con: “gallopinto: m. Comida popular hecha con sobrantes de arroz y frijoles que se revuelven y fríen. Obs.: este plato que se acompaña con queso y tortilla, se sirve generalmente en la cena y desayuno”.

Insisto, hace falta que la RAE reivindique la soberanía de nuestro país, que no es asunto de plataforma, sino de plato y de forma. ¡Cuánta falta hace la pasión de un Carlos Argüello y un Mauricio Herdocia para defender nuestros meridianos culinarios desde ese Cuerpo que, siendo de la Lengua, no habla!

Con todo, en ambos diccionarios, por las dos acepciones descritas, no se dejaron impresionar por el color escarlata del frijolito para declararlo un artículo de fe a la hora de preparar un suculento gallopinto, de tal modo que con el rojo y el negro, la bandera de la cocina nicaragüense seguirá riquísimamente ondeando.

II

El frijol negro es una muestra de toda la bendición de Dios en un granito. En el portal “Mujer, Otra medicina”, detalla que contiene una gran cantidad de proteínas. “Este nutriente es vital para reponer el desgaste muscular y su carencia puede conducir a serias enfermedades”. Como la carne, provee de los aminoácidos que el organismo necesita. La diferencia con el bistec o el asado, es que “contiene muy poca grasa saturada y nada de colesterol, lo cual los hace especialmente saludables”.

Además, subraya que posee más antioxidantes que ninguna otra de su género. Puede compararse con las manzanas y las uvas. “Los antioxidantes eliminan los radicales libres y previenen el crecimiento de células cancerígenas en el cuerpo, así como la formación de distintas enfermedades”.

Alicia Borghi, del portal Sana sana, detalla que la leguminosa cuenta con una alta concentración de antocianinas. Estos “son pigmentos flavonoides” que le dan su característico aspecto al grano. ¿Su utilidad? Nada menos que prevenir los signos del envejecimiento prematuro.

Por si fuera poco, proporciona una gran cantidad de molibdeno. “Este es necesario para formar y activar varias enzimas importantes en la desintoxicación del cuerpo humano, incluyendo aldehído oxidasa y sulfito oxidasa”.

A juzgar por la información, hay un milagroso efecto dominó: “el aldehído oxidasa neutraliza el acetaldehído, el cual tiene propiedades cancerígenas. El sulfito oxidasa convierte los sulfitos (potencialmente dañinos) en sulfatos (inofensivos). Los sulfitos potencialmente dañinos entran en el cuerpo a través de alimentos que utilizan conservantes y bebidas alcohólicas”.

Para los que creen que es una “desgracia” no contar con el frijol rojo al valor justo, y solo el frijol negro a precio de me-lo-llevo, no es casualidad que, ante esta situación, aprovechemos la oportunidad para ampliar por fin nuestro gusto.

La Cenicienta de los granos básicos es un alimento espléndido para quienes aman de verdad su vida. La página Plantas curativas de Dios, resume:

Ayuda a mantener el nivel de azúcar en sangre

Desintoxica y eliminar toxinas del organismo

Previene enfermedades degenerativas como la demencia, Alzheimer, arteriosclerosis entre otras, y el desarrollo de afecciones como problemas de vista, trombosis y cáncer

Ayuda a incrementar el peso a personas con bajo peso por tener muchas calorías

Aporta proteínas de calidad por lo que es recomendable para vegetarianos

Previene la constipación o el estreñimiento, también la anemia y regula el colesterol.

III

Nunca nos encontremos entre los que desprecian las bendiciones del Altísimo. Y no se trata de ir en contra de las tradiciones sino de nutrirlas mejor y empezar las que nos hacen falta en el catálogo del espíritu nacional. Devolver al pasado, por ejemplo, los demonios que impiden ver, por el no-podemos, el rencor o la soberbia disfrazadas de banderas verdes, que Nicaragua, si Dios quiere, necesita su Canal Interoceánico.

Actualizar la paila es una buena receta para catar el siglo XXI con nuestro propio paladar.

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