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Al acostarnos, soñar con la Nueva Nicaragua

23 Junio 2014

Por Edwin Sánchez

Sin Rubén Darío, Augusto C. Sandino y Carlos Fonseca, la historia de Nicaragua sería distinta. Los tres la pensaron mejor, la soñaron como una Patria Grande, y se dedicaron cada quien con su misión histórica, a modelarla, con letras, barro, montañas y esperanzas.

El fundador del Frente Sandinista, esa misma formación política que propone el modelo Cristiano, Socialista y Solidario, puso a caminar el pensamiento del liróforo celeste: "Si pequeña es la patria, uno grande la sueña. /Mis ilusiones, y mis deseos, y mis /esperanzas, me dicen que no hay patria pequeña".

Carlos instó así a los sandinistas: "Al acostarnos, debemos soñar con la Nueva Nicaragua". El derrotero magnífico mantiene al movimiento revolucionario, aun en las condiciones más adversas, sin titubear con el objetivo supremo, de que la patria sea engrandecida, aunque pareciera un consuelo onírico. Es lo que la escritora Rosario Murillo llama "la capacidad de creer…".

Las decisiones de estos héroes del pensamiento y la acción les llevaron a remontar lo que se presentaba del tamaño de las ilusiones imposibles. Rubén luchó a brazo partido contra la perniciosa doctrina del determinismo, se rebeló contra el confinamiento que sufrió por parte de la oligarquía liberoconservadora y salió de la oscuridad y del olvido a iluminar la Lengua Castellana y la literatura.

Augusto enfrentó y derrotó a la mayor potencia militar que han conocido las civilizaciones, y se ganó su nombre de César no donde a todo el mundo se lo dan, en el registro civil o la pila bautismal, sino en la defensa heroica de su patria bien soñada.

Carlos vislumbró un país de justicia social y oportunidades. Instituyó un partido que al enarbolar la bandera rojinegra del general Sandino, cambiaría la historia nacional. Apostó al destacamento de Vanguardia para salir de la soledad en que Nicaragua quedó desde el asesinato del Guerrillero. Sin el Frente de Carlos, no tendríamos hoy una organización capaz de generar otra realidad.

Rubén, Augusto y Carlos, los tres ni siquiera empezaron por donde comienzan los demás. Sus vidas se iniciaron en las peores condiciones, y bajo cero. Para decirlo claro, nacieron y se criaron lejos de lo que se entiende por un hogar tradicional. Ni eso, vinieron a este mundo con todo en contra, y sin embargo, movieron no solo sus propias historias, sino la gran historia, incluso con trascendencia mundial. Y los tres son pueblo.

Rosario habla de "la capacidad de hacer" lo que "desde aquellos tiempos todo parecía imposible, pero se hizo posible porque el pueblo se unió, porque el pueblo avanzó, porque el pueblo se creció, creció con el Frente Sandinista y el pueblo triunfó y, con ese mismo espíritu formidable, la capacidad de soñar y la capacidad de realizar los sueños es que vamos adelante".

Moral del guerrillero

En ese caminar, como Carlos dijo una vez del Frente Sandinista, 15 años después de fundado, hay "luces y sombras". Por supuesto, es que las obras de los hombres y mujeres son eso, frutos humanos, no cosecha de ángeles. Por eso, también enfatizó después de despertar cada día tras aquel sueño:

"Tenemos que ser humildes y superar la tontería de la vanidad. Debemos ser conscientes de nuestros defectos. Practicar la autocrítica". Tal exhorto de Carlos, en 1960, es válido hoy porque no solo se trata del Gobierno Central, sino de los gobiernos municipales y los entes estatales, pues no están aislados del proyecto histórico ni las esferas a su cargo pueden ir a la deriva, ajenos a las prácticas de un buen gobierno.

No sería muy sandinista hacerse los ciegos o mudos, por ejemplo, ante los despales despiadados, el atraso en las obras urgentes de un municipio, el no escuchar a los ciudadanos, por humildes que sean, porque de ellos depende el FSLN, y además, ellas y ellos ven en un sandinista, la solución, no el empeoramiento de un problema.

No transmite ninguna confianza, la ruptura de relaciones con la población, esa misma que les confió la administración transparente de la ciudad.

La moral revolucionaria la puso y expuso Carlos como parte indispensable de la mochila del guerrillero, mochila que en tiempos de paz el sandinista, la sandinista, deben cargar con mayor pasión. Visto así, la tarea de la honestidad es igual que en aquellos años de lucha en la montaña y la ciudad, sobre todo cuando se está al frente de una responsabilidad administrativa: "El guerrillero no saquea ni roba y aun a los prisioneros les respeta sus bienes, su dinero, su reloj". (Carlos Fonseca, Obra Fundamental, p 112).

Es lo que hace la diferencia entre un partido tradicional --- con las excepciones meritorias--- y el partido de la Transformación de Nicaragua.

Causas nobles

Nadie, desde el FSLN, ha dicho que es una estructura infalible, pero eso sí: es la de los magnos sueños de la República. Y aquellos que, desde las expresiones partidarias muy conservadoras nunca hablan de sus enormes cuotas en el atraso del país durante sus mandatos, lanzan la primera piedra contra los rojinegros. Y salvo algunas personalidades, no dan crédito alguno a los avances en materia social y económica, logradas por la gestión del presidente Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Nunca se ha visto en Nicaragua, el empuje del cambio de la matriz energética, por una generación más amigable con el medioambiente, o el impacto de los casi 40 programas sociales al punto que el mismísimo Banco Mundial reconoce en voz alta que se está reduciendo la pobreza y la pobreza extrema.

Ya no se diga las obras de infraestructuras a lo largo del país como las carreteras ejecutadas por el MTI que incluyen nuestra Vía Láctea: Boaco y Chontales, pues. "Es fantástico el trabajo que hacen", valoró Raúl Barrios, representante del BM.

Y dijo más: "Nicaragua se encuentra entre los primeros cuatro países latinoamericanos que presentan mejores niveles de ejecución presupuestaria de los programas y proyectos que son financiados por medio del Banco Mundial".

Empero, esas flores de celebración para Carlos en su 78 aniversario, no estarían completas si algún funcionario del Estado, un subordinado o un jefe policial, no contaran con los elevados estándares morales del que hizo posible el nacimiento del FSLN.

Más explícito no puede ser el comandante Daniel Ortega, al referirse a aquel que "derribó los muros de la noche": "Él entregó su vida por las causas más nobles de la Humanidad". ("Carlos Fonseca, Obra Fundamental", prólogo).

Hacer lo contrario, sería traicionar esas causas nobles que ondeó Carlos.

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