El Compañero Presidente

09 Septiembre 2014

Por Carlos Escorcia Polanco.

Así lo llamaban los obreros chilenos.  Era uno de ellos, el presidente mártir de Chile, Salvador Allende Gossens, el hombre que demostró que era posible tomar el poder por la vía electoral, por la llamada vía “democrática”, aun bajo las reglas de juego del modelo capitalista.

Allende demostró que era posible derrotar al adversario político en su propia cancha, luchando en terreno adverso y en campo minado.  Tuvieron que hacer pedazos sus propias reglas dizque democráticas para derrotarlo.  Este 11 de Septiembre se cumple un aniversario de su cobarde asesinato en 1973, hace 41 años.

Al asumir el poder “el compañero presidente” como le decían los obreros a Allende, una ola de esperanza recorrió las barriadas y fábricas de los marginados de Chile.  Por primera vez se logró cierta equidad para los obreros.  Se redujo la brecha y diferencias entre  clase sociales.  Se instituyó el vaso de leche para los niños en las escuelas.
 
Dirigentes evangélicos chilenos que conocieron  personalmente al estadista del pais austral, me dieron años después una semblanza de Allende, el precursor del socialismo del siglo XXI que hoy se consolida a lo largo y ancho de América Latina.

En Noviembre de 1979, participé  en una conferencia Latinoamericana de Evangelización, en Lima, Perú.  Allí conocí a un obispo luterano con un enorme parecido a Winston Churchill.  El obispo chileno me preguntaba con insistencia detalles sobre la ofensiva final en Nicaragua que había sucedido unos  4 meses antes.

Aproveché el interés del obispo para a su vez preguntarle yo sobre Salvador Allende:  “Era un perfecto caballero, sumamente respetuoso, fue el primer presidente en la historia de Chile que tomó en cuenta a los evangélicos y nos recibió en La Moneda”, me respondió el obispo luterano chileno.

La mañana del 11 de Septiembre de 1973, una verdadera tormenta de fuego cayó sobre el palacio de La Moneda, la residencia presidencial de Chile, en donde se encontraba Salvador Allende Gossens, el primer presidente socialista de América, electo democráticamente, según las reglas del juego de la democracia burguesa.

El primer 9-11 los militares chilenos ahogaron en sangre la experiencia socialista del gobierno de la Unidad Popular encabezado por Allende, resultando en su muerte y la de miles de chilenos.

El golpe de Estado significó una experiencia inédita y un oscuro preludio de lo que hasta hoy seguiría haciendo Estados Unidos en el resto de América Latina, derrocar gobiernos que no eran del agrado de Washington, sin importar que estos fueron electos legítimamente en procesos democráticos abiertos.

Según William Blum, autor de “Asesinando la esperanza: las intervenciones militares y de la CIA desde la Segunda Guerra Mundial” ya desde 1964, un agente de la CIA de alto nivel confesó: “La intervención norteamericana en Chile era descarada y casi obscena… Mandábamos gente a todos lados, principalmente del Departamento de Estado, pero tambien de la CIA, con todo tipo de pretextos.” 
 
Cual era el delito de Allende para provocar una reacción tan visceral de parte de la potencia mas grande de la tierra contra un gobierno del tercer mundo?  Según informes del senado estadounidense, el objetivo de Allende era: “redistribuir el ingreso (en una nación donde un dos por ciento del pueblo recibía el 46 por ciento del ingreso) y reformar la economía chilena, empezando por la nacionalización de las más importantes industrias, sobre todo en el rubro del cobre; una amplia reforma agraria; y mejores relaciones con los países socialistas y comunistas.”
 
Frente a la inminente victoria de Allende, en 1970, pisoteando la voluntad democrática del pueblo chileno, Henry Kissinger, entonces secretario de estado, declaró: “No veo por qué tenemos que quedarnos acá y ver cómo un pais se torna comunista por culpa de la irresponsabilidad de su propio pueblo.”  
 
La desestabilización de la CIA y la Oligarquía chilena comenzó inmediatamente que Allende ganó las elecciones.  Promovieron y mantuvieron el desabastecimiento.  Cerraron empresas, trasladando sus capitales a bancos en el exterior.  Agentes mercenarios volaban instalaciones con explosivos, agredían militantes de la Unidad Popular.
 
Los sectores opulentos protestaban contra el “desabastecimiento” provocado por ellos mismos, golpeando cacerolas nuevecitas, adquiridas para la ocasión. A todo esto le acompañaba una despiadada y brutal campaña mediática de desprestigio, falsedades y calumnias contra el gobierno de la Unidad Popular que encabezaba Allende.
 
Pese a la propaganda opositora, encabezada por el diario El Mercurio, los más humildes se sentían parte integral del proceso democrático socialista y asi lo manifestaban en gigantescas manifestaciones en apoyo a Allende.
 
Estados Unidos logró hacer “gemir” a la economía imponiendo un embargo al principal rubro de exportación, el cobre.  El desabastecimiento se extendió por todo el pais, exacerbado por una huelga de camioneros quienes, boicoteaban la economía, mientras recibían su salario financiado por la CIA.
 
Ante los rumores del golpe, los trabajadores salieron a las calles a exigir al gobierno medidas para defender las conquistas de la clase obrera.  El pueblo pidió se crearan las milicias populares para defender al gobierno de la Unidad Popular, en una manifestación de un millón de personas frente al palacio de La Moneda, pero el ejército alegaba que tal cosa no estaba contemplada en la constitución.
 
Miles de jóvenes, artistas, profesionales,  funcionarios gubernamentales y la clase obrera en general, hacían esfuerzos diarios mediante jornadas voluntarias en el campo y la ciudad para mantener a una economía popular herida mortalmente por una conjura planeada desde la Casa Blanca.
 
Los centros juveniles surgían por doquier, se promovían campañas de limpieza y ornato, el deporte y la recreación se multiplicaban, ganándole la lucha a la apatía y la desesperanza.  Se imprimieron millones de libros en edición de bolsillo a bajo costo, pudiendo los trabajadores leer a los clásicos universales.
 
Había retornado la esperanza pese al bloqueo de Estados Unidos luego de la nacionalización del cobre en 1971.  Se profundizó la reforma agraria y los campesinos pobres recibieron tierras para trabajarla.  Este experimento democrático fue aplastado sangrientamente por el golpe de estado contra Allende, con un cruel e inmisericorde bombardeo al palacio de La Moneda, en lo que se conoce como el primer 911.

[Carlos Escorcia Polanco es analista político nicaragüense, afincado en Los Angeles, California.]

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