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A cada izquierda según su historia

31 Octubre 2014

Por Edwin Sánchez

"Al coro de las lamentaciones de la izquierda quisiera recordarle algo esencial: no es nuestro cadáver político el que está siendo sepultado en Europa".

Tomás Borge, Un Grano de maíz, 1992.

Las campañas de terror de lo más atrasado del espectro político latinoamericano contra los colectivos que empujan el desarrollo de sus naciones, solo cosecharon sus propias tempestades: todos sus candidatos fueron barridos uno tras otro, mientras la izquierda avanzó en el mapa favorable de los intereses de Nuestra América.

Con buen desempeño en la administración de la cosa pública, la izquierda se validó como una opción confiable, capaz de ir reduciendo la extrema pobreza y de elevar la solidaridad a política de Estado en beneficio de los excluidos.

Son tres años de continuas victorias. Venció en los comicios de 2014 en El Salvador (Salvador Sánchez Cerén), Bolivia (Evo Morales), Brasil (Dilma Rousseff) y Uruguay (Tabaré Vásquez), con sus antecedentes cercanos: Nicaragua 2011 (Daniel Ortega), Venezuela 2012 (Hugo Chávez) y 2013 (Nicolás Maduro), y Ecuador 2013 (Rafael Correa).

Mientras la derecha fundamentalista enarbola la fracasada y vetusta bandera del anticomunismo, remando en el pasado, la nueva narrativa de los líderes latinoamericanos progresistas supera semejante subdesarrollo que en la versión izquierdista sonaría a un ¡Yanqui-quédate-con-tu-Coca-Cola!

La intelectual sandinista Rosario Murillo escribió: "vivir las nuevas realidades, los nuevos tiempos, el nuevo día, implica reconocer con pensamiento dialéctico, las transformaciones que el ser humano, que la cultura, la ciencia y las tecnologías, creadas por el ser humano, van estableciendo en el mundo, en la manera de vivir, en la convivencia, en la comunicación, en la política, en todos los modelos económicos y sociales". ("Reflexiones y ejes para seguir haciendo patria", enero 2014)

Al alejarse de los odios como la luz de la oscuridad, y no predicar el anticapitalismo a ultranza, la izquierda evitó caer en la vieja y seductora trampa que atrapó a dirigentes honestos, pero que no supieron leer las realidades nacionales.

La izquierda de América Latina y El Caribe, ya se ha visto, no es muy atenta a los  manuales del siglo XX; incluso, se ha impulsado, post Guerra Fría, con mayor imaginación que sus adversarios históricos. Y eso tampoco ha significado una claudicación con las coordenadas irrenunciables de un mundo justo, solidario y complementario, en contraposición a la codicia organizada.

El caso del Frente Sandinista de Nicaragua, conducido por el comandante Daniel Ortega y la escritora Rosario Murillo, ilustra bien cómo la izquierda no se limita a ser parte de la historia, sino que también mueve la historia. Y abre las puertas a la mujer y la juventud.

De ahí que conocer sus espacios vitales, la evolución de sus sociedades, las necesidades urgentes de sus pueblos, en especial de los damnificados del sistema administrado por la derecha conservadora, ha terminado componiendo una izquierda realista, enemiga de los dogmas y proclive a las "herejías" locales, impensables cuando muchos líderes de organizaciones revolucionarias "importaban" de Europa del Este "homilías" enteras que nada tenían que ver con Nuestra América.

Sí, la izquierda en su gran mayoría ha logrado salir del terreno movedizo y minado de la polarización, sabedora de que no cuenta con la plataforma mediática de la extrema derecha que en algunos países operan como tropas de ocupación ideológica, bombardeando al pueblo a diestra y siniestra con falacias, medias verdades, rumores y temores.

Todas estas formaciones políticas para saber existir, es decir, no solo respirar, deben ser parte del cuerpo social, cultural y económico de sus naciones. No algo ajeno.

Experiencias

La izquierda brasileña, representada por el Partido de los Trabajadores, no puede reproducirse en Honduras, ni el Partido Socialista Unificado de Venezuela, cabe en El Salvador, como tampoco el FMLN es una receta de consumo masivo para Uruguay.

Quien comprendió a cabalidad de que a cada izquierda según su historia, fue el Comandante Fidel Castro. Nunca intentó imponer la Revolución Cubana como el inevitable modelo de la Revolución Sandinista.

Fidel respetó las decisiones del FSLN en los años 80, incluso sus errores que pudieron haberse evitado con tan solo oír al último héroe vivo de las grandes y definitivas batallas de América.

Uno de los ataques que estrenó el sandinismo de parte de la ideóloga del fundamentalismo republicano, Jeane J. Kirkpatrick, fue que Nicaragua sería "una segunda Cuba".

Cuando la izquierda empezó a llegar al poder en América y demostrar que la buena administración no es una Marca Registrada, ni mucho menos la Democracia, la derecha conservadora y su prensa dejó de utilizar el sambenito de "una segunda Cuba", porque resultaba obvio la infamia.

Fue así que los defensores del statu quo neocolonial comenzaron a tratar de dividir la izquierda en "moderada", "light", "radical", "ortodoxa". Es decir, una izquierda conducida por "ángeles" y otra por "demonios".

Incluso, algunos cuadros, nacidos en las entrañas de la misma izquierda, ante la avalancha mediática derechista, se "empoderaron" de ese discurso disolvente y sacaron su Izquierdómetro del imaginario tradicional para andar midiendo la "pureza" de estas modernas propuestas incluyentes y los grados de trayectoria de los nuevos militantes. Y al no "alcanzar" los niveles "permisibles", según ello/as, entonces dudaron y alguna/os hasta despotricaron. 

Una de las exigencias de la presente centuria es que la izquierda no debe considerarse una congregación laica, como algunos la asumieron, facilitando paradójicamente el trabajo de la derecha intolerante.

No hay un Vaticano de la Izquierda ni los clásicos hablaron de alguna Tierra Santa del Socialismo. Y el que hubo en el pasado, comprobado está, contaba con frágiles columnas de barro y no pocos de sus obispos y sacerdotes en América se volvieron apóstatas, oficiando ahora para la derecha más arcaica.

"El mayor peligro para nuestros partidos y organizaciones revolucionarias sería seguir las huellas de la izquierda europea. Esta se ve abrumada por la derrota del socialismo real, el renacimiento del fascismo y la gran fiesta en el iluminado zoológico de la derecha", planteó el comandante Borge en "Un Grano de maíz", tres años después de la caída del sistema socialista identificado con la Unión Soviética.

El peor error es la copia, más si es una mala copia, porque la historia de una nación, por pequeña que sea, jamás alcanzará en un catecismo.

No hay más camino que crear, creer... y crecer. 

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