Seguridad ciudadana, rubro de exportación Marca Nicaragua

02 Marzo 2015

Por Edwin Sánchez.

El dato es validado a nivel internacional: Nicaragua es uno de los países con mayor seguridad ciudadana en nuestro hemisferio.

Mantenerlo no es una labor exclusiva de la Policía Nacional ni del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional. Es, como bien ha enfatizado el GRUN, en otras áreas sociales, una Responsabilidad Compartida.

Antes de que asumiera el presidente Daniel Ortega en 2007, ya se hablaba de los buenos índices de seguridad, en tanto se establecían comparaciones con los países del Triángulo del Norte, Guatemala, Honduras y El Salvador, donde estos pueblos sufren la pesadilla de las maras, el crimen organizado y la delincuencia en general.

En esos días los partidos y los oenegés, valga la redundancia, identificados con el poder pero no con la Democracia, alababan el dato. Nadie andaba con una lupa rebuscando “cifras escondidas” o los llamados “sub registros”. Tampoco se porfiaba de aquel orgullo legítimo de las autoridades, y, en efecto, de nuestro país.

Cuando los niveles de seguridad ciudadana lejos de estancarse, o empeorarse, son aún más óptimos con el Gobierno Sandinista, los que antes todo lo miraban bonito, hoy pretenden sembrar desconfianza.

Por algo el propio cardenal Leopoldo Brenes exhortó, en el Día del Periodista, a que la noticia debe ser siempre objetiva y apegada a la verdad “para que beneficie al país”. Obviamente, detrás de la fachada del periodismo transpira la agenda política de la derecha más rancia.

El dato cierto es que el modelo nicaragüense –Policía, familia y comunidades– ha sido no solo objeto de admiración, sino de estudios.

Los índices de homicidio bajaron hasta 8.7 por cada 100 mil habitantes, desmarcándose aún más de la triste realidad de nuestro vecindario. El diario El Salvador.Com, tituló: “San Salvador entre las 15 ciudades más violentas del mundo de 2014”. El Heraldo informó en enero: en Honduras hay 66.49 homicidios por cada 100 mil habitantes. En Guatemala la tasa es de casi 40 homicidios.

“El caso de Nicaragua es un importante hito a nivel regional, es atípico”, aseguró el asesor en seguridad del Centro Regional de Servicios para América Latina del PNUD, Juan Pablo Gordillo, durante la presentación del Informe de Desarrollo Humano, el año pasado.

Como en cualquier sociedad, en los tiempos de la administración Bolaños ocurrieron lamentables hechos de sangre. No obstante, haber provocado escándalos mediáticos por esos casos aislados para “echarle en cara” al mandatario de turno que la seguridad ciudadana resultaba pura fantasía “oficial”, era caer en el uso de la miseria humana como principal materia prima de nuestra política.

Valores de un pueblo

Los valores de un pueblo no cambian con un simple traspaso de gobierno. Lo que debe hacer una Administración responsable es fortalecer ese enorme capital moral colectivo y es lo que se ha venido intensificando cuando las comunidades, las familias y la Policía, unánimes, vuelven más agradable el rostro de bienvenida nacional a los visitantes.

Por eso es que en el exterior se exalta a nuestro país por sus altos niveles de seguridad, lo cual atrae a los turistas. Los ejecutivos de empresas de otros países también gozan de estos beneficios.

De ahí que sea un magnífico capítulo que la Policía, por orientaciones del comandante Ortega, salga de sus estaciones para asegurar el derecho humano básico de la ciudadanía.

La escritora Rosario Murillo destacó “la vigilancia y el patrullaje en los barrios”, y se adelantó a los escépticos que cuando les tocó llamar a la Policía en algún apuro, una voz impersonal les contestó: “No tenemos gasolina”. Ella dijo: “¡Queremos que esto sea sostenido! No una acción de unos pocos días, ¡sostenido!; presencia policial como lo demandan ustedes”.

Hay más hechos que le dan una riqueza de contenido a la paz de cada día cuando un recóndito caserío al fin está conectado al sistema nacional de electricidad o las damas del campo multiplican el Bono Productivo, por ejemplo.

O la paz de las reconciliaciones alcanzadas mediante las mismas familias, las iglesias cristianas, la Fraternidad Internacional de los Hombres de Negocios y los Alcohólicos Anónimos.

Ninguna de estas instituciones enfocadas en la redención personal, desde el núcleo de la sociedad, como es el hogar, hasta quienes alientan a dejar los vicios, son perseguidas ni controladas por nadie, tal como acusan algunos que, arrastrados por sus propios demonios, han hecho del odio su triste ministerio.

Rumbo correcto

La seguridad ciudadana es una de las expresiones más tangibles de la paz en una sociedad, y esta eficiencia en proteger y celebrar la vida como se vive en Nicaragua, es reconocida por moros y cristianos.

Empero, para los operadores de la derecha, aceptar esa realidad es admitir lo que las mayorías, a través de las encuestas, se han encargado de corroborar: que el comandante Ortega conduce al país por el rumbo correcto.

(“Hubo por el período 2002 al 2007 una opinión de que el país iba por el rumbo equivocado. Sin embargo, desde el inicio del segundo mandato del presidente Ortega comienza a subir la percepción de que el país va por un rumbo correcto”. Carlos Denton, presidente de CID Gallup. El Nuevo Diario, 28 de enero 2015).

Por eso el afán de la minoría que además de no hacerle caso al mensaje del cardenal Brenes, violenta el Noveno Mandamiento al levantar falsos testimonios, empecinada en publicar Nicaragua como un Irak tropical. No le importa el daño que pueda causar al pueblo nicaragüense al intentar remover la nueva visión que sobre nuestra nación se tiene en el mundo, para evocar los años duros de la guerra.

A pesar de esa actitud de los partidos deshabitados, corren Nuevos Tiempos, tanto que nuestra patria no depende únicamente de los rubros tradicionales de exportación.

Hay que añadir entre los no tradicionales, aparte de la chía, la miel de abeja y la pitahaya, el turismo, la hospitalidad y, en primer lugar, la Seguridad Ciudadana.

Aquí está en juego nuestra imagen tanto en la región como a nivel mundial. Potenciar Nicaragua nos incumbe a todos. La paz, una bendición tangible de Dios, es la parte esencial de nuestra Marca País.


 

 


 


 


 


 

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