Plenilunio de la Paz

10 Marzo 2015

Por Edwin Sánchez.
Hay hechos que ocurren sin que provengan de un laborioso estudio para provocar el efecto esperado. Es lo espontáneo. El cálculo más bien echaría a perder estos episodios que quiérase o no, revelan esas sinceridades vivientes: los hombres y las mujeres de buena voluntad, y la niñez.
La alegría de los pequeños atletas de la emblemática Colonia 14 de Septiembre es la mejor de las pruebas de un país que hace 25 años le dijo adiós a las armas. Ellos recibieron un estadio completo, con iluminación y grama artificial, cabinas de transmisión y comodidad para 500 espectadores.
Con todo, aún hay algunas almas que no terminan de romper las ataduras del odio que han desgraciado la nación desde los tiempos de Pedrarias contra Francisco Hernández de Córdoba, León contra Granada...
Cada vez que veamos el mapa de Nicaragua, deberíamos recordar lo que producen las pasiones inferiores que continuaron timbucos y calandracas, liberales y conservadores: la mutilación de un territorio superior al que ocupa hoy El Salvador.
Se perdieron 13 mil kilómetros cuadrados: “…más una extensión de tierras mayor que éstas, en las regiones adyacentes a la ribera sur del río San Juan”. (“De cómo perdimos las provincias de Nicoya y Guanacaste”, Miguel Ángel Lejarza, Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, 2da. Edición, 2001, p 2.)
¿Seguirá así nuestro país per saecula saeculorum? La respuesta es un no en la limpia sonrisa colectiva de los peloteritos, sobre todo cuando está en juego el desarrollo de la patria que anhela la vastedad de nicaragüenses, a menos que se deseara continuar, como sueña y opera un sector mínimo, el Viacrucis de la Calle Atravesada en la historia.
El Estadio de Béisbol “Comandante Hugo Chávez”, es una iniciativa, aseguró el presidente Daniel Ortega,  de la intelectual sandinista Rosario Murillo. Se contó con la presencia del embajador de Venezuela, Javier Arrúe, y una delegación del hermano país.
Mejor homenaje al líder de la Revolución Bolivariana no pudo haberse hecho ese 5 de marzo: el acto conmemorativo no fue delante de armamentos ni de tropas; no, fue en el mero diamante del deporte, lenguaje universal de la amistad. Vaya forma de “adoctrinar” a los menores bajo el “totalitarismo” sandinista.
Si el mundo creyera tan solo una parte de todo lo que ha publicado el sector conservador en sus diversas presentaciones, desde oenegés hasta su “prensa independiente”, resultarían imposibles las escenas donde los menudos deportistas estaban deseosos de darle un apretón de manos al presidente Daniel Ortega.  
Mas no solo querían un saludo: deseaban el autógrafo del Comandante. La chavalada estaba ahí rompiendo el protocolo y deshaciendo las falacias, estirando el programa dirigido por el vice alcalde Enrique Armas y también sus brazos para extenderle al Presidente  gorras, manoplas y pelotas, donde trazara su rúbrica. Hasta algunos uniformes firmó.
El Jefe de Estado se movía entre las evidencias de un nuevo clima de concordia que excede a cualquier “orientación del partido” o las metodologías de las encuestadoras. Vamos, tampoco lo imaginaron los operadores políticos, abiertos o encubiertos, mucho menos quienes ocupan las tribunas, mundanas o no, para drenar los hervideros de sus corazones sulfúricos a pesar de conocer las advertencias del Divino Maestro.
En varias ocasiones se vio al Comandante en amenas pláticas con un sonriente Calixto Vargas, despojado injustamente de su título de Campeón Bate de la Serie Mundial, Nicaragua Amiga 72;  el “Capi” Rafael Obando, la Mejor Segunda Base del Mundo, y “La Maravilla” César Jarquín. Parecía más el reencuentro de viejos amigos que la fría e impersonal cita ceremonial entre el Presidente y los héroes deportivos.
Realidades
Estas son las realidades y no las falsedades como intentar vender la idea de un país “sin libertad de expresión”, cuando por prensa escrita y radial se insta a estudiar por qué fracasaron las guarimbas en Venezuela y qué errores de aquel violento plan denominado “La Salida”, no deben repetirse en Nicaragua.
Entre el cúmulo de embustes surge la alucinada exageración de exhibir el fenómeno migratorio como pan caliente de primera horneada en estos años de Gobierno Sandinista.
La eclosión del éxodo se produjo bajo la Administración Chamorro con la implacable ejecución de las políticas de ajuste estructural, tomadas peor que un dogma, y que hizo tabla rasa de los principios fundamentales de la Constitución.
Esa versión de la democracia, impuesta por la derecha, consistió en la recuperación del paraíso perdido de la élite durante la Revolución a costa del infierno de las multitudes.  
En 1994 la ONU reportó que los condenados de la tierra en Nicaragua sumaban el 75% de las familias por debajo del nivel de la pobreza y el 44% en situación de extrema pobreza.
Así, nada más apartado de la verdad que los infundios de pintar Nicaragua con los colores de los odios viscerales, cuando la democracia es inclusiva y la República ya no es propiedad privada de quienes por su pedigrí se consideran nacidos para mandar o ungir gobernantes.   
La algarabía de la chavalada, que por supuesto tiene familia, tiene padres, tiene un país, expresaba, sin guion de por medio, ni portátil de fondo, desde una colonia muy representativa de la capital, una sociedad despojada del miedo y de los rencores, con dificultades en el plano económico, pero con la mirada puesta adelante.
Hacía muchos plenilunios que no se había visto a un líder nicaragüense alcanzado por los cipotes y hasta por las manos de sus padres. Porque la paz dispone de muchos hechos para hablar. Y el regocijo de una criatura también es una opinión y de las más diáfanas sobre el auténtico estado de la nación, aunque no se les cuente como un voto, para suerte de los devotos de la mentira.  

 

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