La Cumbre que enterró la era de los «patios traseros»

14 Abril 2015

Por Edwin Sánchez.
La era de los “patios traseros”, para desasosiego y frustración de la derecha paleolítica, como ha quedado expresada en su descontrolada histeria mediática, llegó a su fin con la VII Cumbre de las Américas celebrada en Panamá.
Fue Barack Obama que se encargó de comunicarlo a los verdaderos demócratas de centro e izquierda, y a los impostores, la derecha conservadora que llevó a expresidentes de esa desconsideración al siglo XXI, a tratar de dar lecciones a repúblicas soberanas. El Presidente dijo: “Los días en que nuestra agenda en este hemisferio a menudo suponía que Estados Unidos podía interferir con impunidad, pasaron”.
Una evidencia de ello es el diálogo Obama-Castro. El presidente de la República de Cuba, Raúl, hizo una memorable referencia histórica que cambiando los años, los países y los nombres de sus víctimas, es la misma, como una abominable multiplicación de espejos del infierno sobre la Tierra: lo sufrieron desde el general José Santos Zelaya en 1909 y la Revolución Sandinista  1979-1989 en Nicaragua, pasando por Jacobo Arbenz en Guatemala,1954, y Salvador Allende en Chile, 1973, hasta el frustrado golpe de Estado al presidente Hugo Chávez, 2002, con sus réplicas.
“El 6 de abril de 1960 —apenas un año después del triunfo—, el subsecretario de Estado Lester Mallory escribió en un perverso me­morando —y no encuentro otro calificativo que darle. Este memorando fue desclasificado decenas de años después—: ´(...)  la mayoría de los cubanos apoya a Castro… No hay una oposición política efectiva. El único medio previsible para restarle apoyo interno es a través del desencanto y el desaliento basados en la insatisfacción y las penurias económicas (…), debilitar la vida económica (...) y privar a Cuba de dinero y suministros con el fin de reducir los salarios nominales y reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.
Quizás el presidente Daniel Ortega cree que “los yanquis no cambian”, al tener presente tan macabro historial y por las posiciones ultraconservadoras de algunos grupos económicos artillados con su propia agenda, finamente adornada con los “valores de la democracia”.  
De esas fuerzas que no son electas por los ciudadanos norteamericanos, pero eligen las candidaturas de ciertos aspirantes al Capitolio y la Casa Blanca, como lo confirmó Obama en su libro “La audacia de la esperanza”, salen las decisiones finales. Así, por ejemplo, llevaron a George W. Bush a inventar la enorme falsedad de las “armas de destrucción masiva” en Irak, empujados por la ambición de apoderarse del petróleo de esa nación y fabricar otra rentable guerra que hoy paga el género humano: haber dejado un mundo más inseguro que el que existía a comienzos del tercer milenio.
Actualizar EEUU
El comandante Ortega destacó la honestidad del mandatario estadounidense, algo impensable en los años anteriores, reconociendo incluso su valentía: “¡Qué bueno lo del Presidente Obama! Yo digo, es una persona de buena voluntad (…) Pero, ¿en qué condiciones gobierna él? ¿Hasta dónde él puede tomar decisiones en los Estados Unidos?...”.
Ciertamente, así como ha sido reiterativo Washington a lo largo de la historia, demandando y hasta imponiendo sus reglas a los países americanos para que promuevan “la democracia”, esos grupos de poder deben democratizarse.
Cuba actualiza el modelo económico conforme a su realidad, otros países avanzan y Nicaragua con el Gobierno del FSLN también, al darle espacio a empresarios e inversionistas y empujar la economía con un acento social.
Pero los que no se ponen al día, están furiosos. “Yo estoy seguro que le estarán lloviendo maldiciones, insultos allá en los Estados Unidos, por estar aquí reunido con Cuba”, dijo el comandante Ortega.
No se equivocó: los flamantes precandidatos presidenciales, los republicanos Ted Cruz y Jeb Bush, comenzaron la “cacería” macartista.
“…y le dirán ´comunista´ porque eso le han dicho en otras ocasiones (…) Pero él ha tenido la valentía de dar este paso con Cuba”.
La hostilidad hacia el presidente Obama es por empezar a actualizar al gran país con la única y estupenda “baja colateral” de la paz que se conoce hasta hoy: reconocer a América compuesta de estados soberanos,  no estados en descomposición en su etapa terminal de “patios traseros”.
No le perdonarán ni las fotos con su homólogo cubano, menos que en esta última Cumbre se haya producido el más exitoso de los derrumbes que haya presenciado la humanidad: el de los remedos de democracia y caricaturas de repúblicas con que los Nixon, los Reagan, los Bush y traductores nativos, de acuerdo a sus imperiales supersticiones, “defendían el mundo libre”.
Sin Fidel y Raúl, Daniel y Rosario, Chávez, Maduro y Diosdado, Lula y Dilma, Evo, Correa, Néstor y Cristina Kirchner, Mujica, Sánchez Cerén,  y las posiciones honorables de Peña Nieto, Santos y la Celac en su conjunto, sería imposible escribir la nueva historia y que Obama pudiera estrenar por fin su Premio Nobel.
Quienes se resisten y resienten los cambios, ahora se juzgan “traicionados”. Son aquellos que sueñan en seguir viviendo las historietas entintadas de Guerra Fría que antes de Obama, con las honorables excepciones de Carter y Clinton, eran editadas por el Departamento de Estado.
Razón tenía el recordado Eduardo Galeano cuando escribió: “No hay peor colonialismo que el que nos conquista el corazón y nos apaga la razón”.
 

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