El análisis reduccionista de los resultados escolares

15 Abril 2015

Por Miguel de Castilla.

En artículo anterior procuramos analizar los orígenes de los totales de la matrícula escolar en Nicaragua y por extensión a los otros países de menor desarrollo relativo de América Latina, con especial énfasis en los países de la región centroamericana. Nuestra posición respecto a ese tema es diferente a la que sostienen y promueven un sector de nuestros y nuestras analistas educativos y algunas periodistas, que afirman que las causas de la baja matrícula escolar en nuestros centros de estudio hay que buscarlas en el interior del sistema escolar, léase: las desfasadas políticas educativas, el bajo presupuesto para la educación y la deficiente administración escolar, obviando, excluyendo y ubicando al margen a la madeja de factores exógenos a la vida de las escuelas y que se generan y reproducen fundamentalmente en la vida familiar y social.

Con los resultados escolares de la Educación Básica y Media en cada ciclo evaluativo, los exámenes de admisión en las universidades públicas o las pruebas del Llece-Unesco-Santiago pasa igual.  Los bajos resultados en los exámenes de matemáticas y lengua literatura es culpa de los maestros  y maestras y de los currículos de los diferentes grados y niveles del sistema escolar, obviando, excluyendo, ubicando al margen e invisibilizando al actor principal del proceso de aprendizaje como son los estudiantes. Es decir a los sujetos de la educación formal, que es en quienes se materializan los resultados escolares y por ende la calidad de la educación.

La exclusión de la familia respecto a la matrícula escolar y a los estudiantes respecto a sus aprendizajes medidos en los resultados escolares, es un error metodológico, que  por reduccionista, impide tener sobre la mesa a la totalidad holística de todos los factores exógenos y endógenos que construyen la escolaridad y su calidad en cualquier país del mundo.

El análisis tradicional de los resultados escolares y/o de los aprendizajes y/o de la calidad de la educación, le adjudica a los maestros y maestras toda la responsabilidad sobre los mismos.  De ahí que ante las bajas tasas de estudiantes aprobados bimestralmente en el sistema escolar, y dado que la culpa es de los y las docentes, por motivos obvios, las recomendaciones son para transformar, cambiar o modernizar los planes y programas de estudio de los centros formadores o de capacitación de los maestros y profesores y/o la conversión de las Escuelas Normales en Escuelas Normales Superiores, en Facultades de Educación o en Universidades Pedagógicas.

A la par de los cambios al currículo de la carrera docente, con sobrada razón se pide aumento de sueldos para todas las categorías del magisterio, hasta alcanzar el promedio centroamericano, bajo el supuesto de que a cada aumento de sueldo las consecuencias serán, aumento, cara a cara, de la calidad de la educación y por ende de los resultados escolares.  Esta hipótesis la pone en duda la experiencia centroamericana. Los sueldos de los magisterios de Honduras, Guatemala y El Salvador son superiores, y en algún caso muy superiores a los sueldos del magisterio nicaragüense, pero los resultados escolares, no son muy distantes de los resultados de los estudiantes nicaragüenses. Esto dice que  algo está haciendo falta en las hipótesis y los análisis.

Junto al magisterio, el otro factor que se propagandiza como fundamental para elevar los resultados escolares es el del currículo. Sobre este tema, en muchos casos se emiten juicios sin conocer y por ende haber  tenido en las manos y haber estudiado los ciento veinticinco documentos curriculares (programas de estudio, guías didácticas, libros de texto, cuadernos de trabajo, etc.) que conforman el actual currículo de la Educación Básica y Media, y solo con fundamento en la teoría curricular normal, común y corriente que se aprende en los cursos universitarios, como si en el proceso de elaboración del currículo nicaragüense en los años 2007 y 2008, los especialistas que lo elaboraron hubiesen ignorado los mismos, y más aún, como si nuestro Currículo Nacional no tuviese componentes propios  y originales como fue por ejemplo la Consulta Nacional del Currículo (2007) y/o el enfoque de descentralización y contextualización del currículo, a través de la estrategia de concederle un setenta por ciento de obligatoriedad a los contenidos del Currículo Nacional y un treinta por ciento a los contenidos locales para su contextualización en los Tepces y Núcleos Educativos.

El ignorar al y a la estudiante y al origen social de las familias del estudiante en el análisis de los resultados escolares, y reducir estos a factores endógenos  como el magisterio y el currículo, es jugarle una mala pasada a la verdad y de paso a la ciencia y a la posibilidad de forjar políticas educativas de calidad seguras e integrales, de cara a dar solución al flagelo de la mala educación, que efectivamente está en las escuelas, pero también en los entornos económicos, sociales y culturales de las mismas.

 

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