2011: Voluntad ciudadana reconoció a Daniel, Presidente de Nicaragua

21 Abril 2015

Por Edwin Sánchez.
A casi cuatro años del proceso electoral de 2011, el orden de los factores no altera el triunfo del presidente Daniel Ortega: ciudadanía, encuestas, calles y plazas dan cuenta de manera sostenida, la victoria sandinista. Las urnas solo ratificaron la realidad.
En el último estudio de la Consultora M&R se le presentó dos opciones al entrevistado: 1.- “Elecciones 2011, Ortega ganó limpiamente, los resultados reflejaron la voluntad de los ciudadanos”. 64.5% respondió “así fue”.
2.- “… resultó ganador porque hubo fraude”. 19.5% dijo que sí.
En noviembre de 2011, el voto mayoritario favoreció al sandinismo con 62.46%.
El extraordinario triunfo del Frente fue en principio por su convocatoria masiva, gracias a la eficiente campaña, mensaje y visión, dirigidos por la intelectual sandinista Rosario Murillo, el trabajo intergeneracional de los miembros del partido y la inclusión de sectores no necesariamente rojinegros.
En el anterior periodo, 2007-11, el presidente Ortega disipó las dudas sobre una nueva gestión gubernamental sandinista, demostró un atinado manejo de la economía y confirmó su puntería en ubicar las capacidades del comandante Bayardo Arce en función del vital e inédito triángulo en la historia nacional: el del Estado-Empresarios-Trabajadores.
Especialmente se corroboró en la práctica que toda la campaña sucia de la derecha sobre el retorno de la guerra, el Servicio Militar, el desabastecimiento, las confiscaciones, incluyendo el decomiso de las remesas familiares, eran burdas falacias.
Todo ese ambiente envió las debidas señales para una vasta movilización hacia las Juntas Receptoras de Votos;  incluso tres meses antes era evidente qué candidato merecería el favor ciudadano.
En el libro “Historia de Nicaragua”, Cuarta Edición, de Frances Kinloch, se documenta: “En una encuesta realizada por Cid Gallup Centroamérica, publicada en agosto de 2011, un 60% de los entrevistados expresaron opiniones positivas sobre el candidato Daniel Ortega”.
Ese es el dato. No aceptarlo con el cuento del “fraude” es tratar de esconder el fracaso de candidaturas, propuestas, programas, campaña y alianzas inútiles.
Con todo este desastre, en la derecha prefieren salvar la carrera política personal de cada quien en vez del partido mismo, dirigiendo el dedo acusador de puertas afuera, cuando los autores de la aplastante derrota son “gatos caseros”.
La ciudadanía, ciertamente, no se reconoce en esas siglas. No es su idioma el que hablan, no es parte de su tradición, desconfía de su burocracia partidaria y de sus autócratas disfrazados de “demócratas”, como se desprende de las declaraciones de la diputada de la Bancada del PLI, Liseth Montenegro. Y sobre todo, siente la falta de sintonía entre su vida real y la patética agenda antisandinista.
No es una sorpresa que el 77.8% de los nicaragüenses califique de pésima la actuación de la oposición, que en la suma total de los entrevistados solo el 7.1% se identificó con esta: PLC (4.5%), PLI (2.1%), MRS (0.3%), Conservadores (0.1%).
Confianza en elecciones
En la medida que aumenta el grado de rechazo devastador a la bandera de un político, en esa misma proporción el envenenamiento de su corazón se dispara como el mercurio de un termómetro tirado al mediodía en las calles de Chinandega.
Por eso las voces desesperadas de sus representantes por insistir en un inexistente robo de elecciones y desde ya quieren satanizar los próximos comicios. Pero hasta en eso son perdedores: mientras casi todo el mundo reconoce la contundente victoria del FSLN de 2011, el 65.3% está muy seguro de que las elecciones nacionales de 2016 serán justas y limpias y el 86.6 sostiene que es importante votar.
De acuerdo a M&R, del universo de consultados, los que “no confían nada” suman a duras penas el 13.1%. En el segmento de independientes (37.8%), el 42.5% confía mucho en la transparencia del proceso; el 23. 4% no.
En su intento de desacreditar a la encuestadora, que solo reitera lo que otras empresas han relatado, vuelven al lugar común del “temor” del encuestado. Por lo tanto, no dice la verdad.
Ninguno que tenga un supuesto “miedo” al FSLN en su cuadra o comarca, valoraría negativamente a la desaparecida organización Consejo del Poder Ciudadano.
Efectivamente, una prueba de que el y la nicaragüense hablan lo que sienten es que no tienen pelos en la lengua para ubicar entre los enormes generadores de desconfianza a los partidos de oposición con el 74.3 %, seguido de los extintos CPC, con el 50.4%.  
En tanto, la inmensidad respalda sólidamente al FSLN, y seguramente el liderazgo nacional tomará en cuenta que los Gabinetes de la Familia aún no son tan visibles en el mapa cotidiano. Esto significa detectar, depurar y avanzar en el terreno donde ciertas personas han caído en la tentación de ocupar algún programa social para provecho particular. La actitud mundana no cabe en la solidaridad.
Sin embargo, no puede ignorarse un factor esencial de orden cultural y del alma: hacer funcionar expresiones territoriales dirigidas por uno o varios miembros de la misma comunidad es lo más difícil para cualquier institución, sea considerada divina o temporal.
Por algo ningún cura es párroco de su pueblo natal y queda bien claro el sentido de la frase de Jesús de que si “nadie es profeta en su tierra”, mucho menos que lo sea en su propio barrio.
 

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