Rosario Murillo y la recuperación del techo histórico del sandinismo

27 Abril 2015

Por Edwin Sánchez.
Después de la derrota electoral del Frente y la dispersión de muchos de sus líderes, porque los fracasos carecen de padres, la ciudadanía no se reconoció en una versión ajena a los valores de la organización heredera del General Augusto César Sandino. El pueblo tiene “olfato”.
En 1996, el ex vicepresidente Sergio Ramírez se presentó a las elecciones, escoltado por unas reformas constitucionales empujadas por el Pacto de su movimiento con los socialcristianos y bisagras ocasionales de la Unión Opositora que adversaban a Antonio Lacayo.
Los cambios a la Constitución, que alteraron con nombre y apellidos las reglas del juego democrático en 1995, terminaron con la inocencia del Consejo Supremo Electoral.
El finado presidente de ese poder, Mariano Fiallos, fue claro al decir que las reformas “politizarían el aparato electoral”. Hoy venerado por la derecha que dinamitó el CSE, el doctor Fiallos renunció al alto cargo en protesta por el atropello a la institucionalidad.
El MRS obtuvo 7 mil 665 votos, con todo y sus cuentos de “la lechera”. Es decir, únicamente el 0.4% de los votantes miró ahí a los “verdaderos” sandinistas. 19 años después, con la última encuesta, el pueblo no logra identificar en esas siglas al sandinismo de Tomás Borge y Carlos Fonseca. El dato es concluyente: el 0.3% es su real techo histórico.
En contraste, el candidato del FSLN, Daniel Ortega, navegando a contracorriente, en medio de la campaña sucia de la oposición, reforzada con algunas Notas Knox “divinas y temporales”,  generó oficialmente 664 mil 909 sufragios.
En términos porcentuales significó el 37.83%, pero en realidad su fuerza electoral resultó seriamente golpeada por las irregularidades administradas por Rosa Marina Zelaya.
El “techo”
Dice la derecha, ya como un mantra, que el Frente y/o Daniel solo representa el 38%. Que es su “techo histórico”, y aun gente  no necesariamente adversaria del sandinismo, lo asume como cierto.
Se quiere menospreciar las elecciones de 1984. Constituyó la primera medición popular de la Revolución. Entonces, la mayoría de nicaragüenses le dio un espaldarazo de 62.89%. En 2001, alcanzó el 42.3 %. En 2011, el FSLN contó con el 62.46% de boletas. ¿Cuál de todos estos es, pues, el “techo histórico”?
A poco de cumplirse dos décadas, el FSLN cuenta, según la última encuesta, con el 55.1%, aunque el Presidente Ortega tiene a su favor altos niveles de aprobación, superiores incluso en 20% o más, en la gestión gubernamental, personalidad, manejo de la economía, gobernabilidad...
¿Por qué la insistencia de mantener los porcentajes inferiores como el “techo histórico”, ignorando el primero y el último antes señalado, y olvidando el saqueo de votos de 1996?
El Rey Salomón dijo: “He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu”. (Eclesiastés 4:4)
Colocarle al sandinismo un “techo histórico” mínimo contribuye al montaje de la oposición de considerarse “propietaria” de las mayorías, y que cualquier porcentaje distinto es “fraude”.
Evolución
La recuperación del verdadero techo de popularidad del Frente Sandinista de Liberación Nacional corresponde en gran medida al trabajo de la intelectual sandinista Rosario Murillo.
La modernización del partido, la inclusión de los damnificados del sistema egoísta, el protagonismo de las mujeres, inédito en los anales de la nación, más el de la juventud, el abandono de radicalismos inútiles y la celebración de la vida, provienen de un conocimiento de Nicaragua.
Actualizar el Frente, en un proceso dirigido por el comandante Ortega y Rosario, no es más que el sandinismo descifrando el siglo XXI. Esto no significa un todo-está-lindo. Hay situaciones que no sincronizan con el sentir del pueblo nicaragüense, como demandar algo que ni los mismos puertorriqueños están convencidos en su casi totalidad.
La propuesta resumida en el lema Socialismo, Cristianismo y Solidaridad y su contenido cotidiano conecta más con el Himno de la Alegría que con aquel himno de la Guerra Fría, “yanquis enemigos de la humanidad.
El alza de la figura de Daniel en 2011, según Arturo Cruz, puede ser “un reflejo de la estrategia de comunicación de su gobierno y/o de la efectividad de su gestión para aliviar los problemas más acuciantes de los sectores desposeídos, ya sea con intenciones altruistas o clientelistas”. (“Historia de Nicaragua”, Frances Kinloch).
El FSLN se avecina mejor a las palabras del papa Francisco que a la paralizante nostalgia del pasado: “Caminar con nuestro pueblo, a veces delante, a veces en medio y a veces detrás: delante para guiar a la comunidad; en medio para alentarla y sostenerla; detrás, para mantenerla unida y que nadie se quede demasiado atrás, para mantenerla unida, y también por otra razón: porque el pueblo tiene ‘olfato’. Tiene olfato en encontrar nuevas sendas para el camino, tiene el sentido de la fe, que dicen los teólogos. ¿Hay algo más bello?”.
M&R confirma el rol de Rosario Murillo al aparecer como la personalidad de mayor agrado: 83.1%, seguida del presidente Ortega, con 77%.
Estos elevados índices de reconocimiento que marcan los Nuevos Tiempos serían imposibles sin la evolución del FSLN: es el sandinismo del presente y la esperanza.  Que Nicaragua no está condenada para siempre a su antigua historia.
Que ya salimos de ahí para no volver.

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