Hace un siglo llegó Darío a Guatemala

11 Mayo 2015

Por Francisco Javier Bautista Lara.

La primera vez que Rubén Darío llegó a Guatemala, el 30 de junio de 1890, a los 23 años, fue por circunstancias inesperadas, se vio obligado a salir solo y de prisa de El Salvador, ante el golpe de Estado del general Carlos Ezeta contra el presidente Francisco Menéndez, unionista y protector del joven poeta, al día siguiente día de su matrimonio civil con Rafaela Contreras, el 21 de junio. El 11 de febrero del siguiente año se efectuó el matrimonio eclesiástico en la capilla del Sagrario de la Catedral Metropolitana.

La segunda y última vez que regresó, procedente de New York, fue hace un siglo, el 20 de abril de 1915. Permaneció en el país, bajo protección del presidente Manuel Estrada Cabrera, hasta noviembre, cuando su esposa Rosario Murillo –cuya relación fue distante y tormentosa desde el matrimonio (1893) que no pudo deshacer, después de la muerte de Rafaela (1891)–, lo llevó a Nicaragua, en donde murió el domingo 6 de febrero de 1916 en León. 

El Diario de Centro-América, el 22 de abril de 1915 destacó su llegada: “Como saben nuestros lectores antenoche ingresó a esta Capital el poeta Rubén Darío. Gran número de personas entre intelectuales, estudiantes, profesionales y periodistas, le acordaron un recibimiento cordial en la Estación. En el momento en que bajaba del carro-salón, se adelantó el teniente coronel don Eliseo Martínez, edecán del Sr. Presidente Constitucional de la República y en nombre de éste le dio un saludo de bienvenida, invitándole a ocupar un landó, que lo condujo al Hotel Imperial, donde fue instalado en un lujoso apartamento que de antemano se le había preparado.  Al retirarse el teniente coronel Martínez, Darío le rogó significara al Sr. Estrada Cabrera su profundo agradecimiento por todas las atenciones con que le distinguía”.  Agregó: “Aquí viví hace 24 años. De aquella fecha a la de hoy, la ciudad ha progresado muchísimo por lo poco que he visto: elegantes construcciones, la vida del trabajo que vibra, nos hace reconocer que aquí el músculo se ejercita y el cerebro piensa”.

En el Hotel Imperial (9a. calle, 7-64, zona 1), muchos querían ver y saludar al reconocido poeta. Entre ellos el joven Miguel Ángel Asturias (1899 -1974) de 16 años, quien años después escribió El Señor Presidente, primero como cuento (1924; Los mendigos políticos) y después como novela (1946). En el relato, el Premio Nobel de Literatura 1967 (centenario del nacimiento de Rubén Darío), escribe sobre los carteles que llaman a la reelección lo que “despertó el entusiasmo de cuantos se encontraban en la cantina; hubo vivas, aplausos, gritos, y a pedido de todos habló un desguachipado de melena negra y ojos talcosos. –¡Patriotas mi pensamiento es de Poeta, de ciudadano mi lengua patria!...” y se extiende en elogios a Estrada. “Millares piensan que puede ser Chocano. Es posible también que puede ser Darío (“viejo, feo, gordo y triste”, Autorretrato a su hermana Lola, 1904)… Darío no iba por las calles haciendo propaganda política entusiasta y lo más probable es que Asturias esté pensando en algún poeta guatemalteco. Tal vez sea inspirado en Máximo Soto Hall, poeta y novelista adicto al dictador, director de El Guatemalteco…. Al utilizar otros calificativos como “el prohombre de Nitche, el Superúnico”, suena a Chocano, poeta con inclinaciones fascistas, pero también a Soto.  Cuando lo relaciona como el autor de Nocturno en Do Mayor al Superúnico, Darío escribió Sinfonía en gris mayor”. (Asturias; El Señor Presidente, Edición Centenario). En la novela histórica, entre ficción y realidad, es posible que el autor no se refiera a uno de ellos, sino que conjugue en el anónimo personaje, su percepción de varios, incluso la impresión que pudo causarle Darío de admiración y rechazo por los calificativos y poemas con los que se refirió al gobernante autoritario.

En la entrevista que el poeta concedió dijo: “Yo he sido siempre sincero partidario de la paz. La idea de la matanza y el exterminio, la de pueblos y razas que se odian y acometen, conturban mi espíritu… en París… me encontraba, cuando estalló la guerra. Naturalmente la empresa editora de Mundial interrumpió sus trabajos, como los interrumpieron también muchísimas otras de distinto género. Los que laboraban ya con el cerebro, ya con el músculo, fuéronse camino de la guerra, a ofrendar sus vidas (…/…). En Noviembre llegué a Nueva York. Bajo los auspicios de la Hispanic Society of America y de la Sociedad Geográfica leí mi poema Pax, con una generosidad que nunca agradeceré bastante, (…/…).  Estuve gravemente enfermo de pulmonía en Nueva York,… Como hijo de estas tierras centroamericanas, sentí satisfacción cuando en países extranjeros oí voces de elogio merecido (…/…). La labor del señor Estrada Cabrera es bastante conocida (…/…). Se sabe que él es un brillante impulsor de la instrucción popular: se sabe que él protege a la niñez, auxilia al desvalido y estimula a la juventud: se sabe que para tal objeto creó las Escuelas Prácticas, fundó asilos, estableció rentas fijas para los hospitales, instituyó academias y dio seguro apoyo a las escuelas profesionales, tanto la de Medicina y Farmacia, como la de abogados y notariado. La institución de la Fiestas de Minerva, dedicadas a la niñez y a la juventud estudiosa, honra al Gobernante guatemalteco”. La entrevista concluyó: “Muy pronto el gran poeta hará una visita de cortesía al señor Lic. Estrada Cabrera, Presidente Constitucional de la República, con el objeto de expresarle de viva voz su agradecimiento por las atenciones con que le ha honrado y de tener la satisfacción de tratarle personalmente”. El Museo y Archivo Rubén Darío (León) conserva un sofá que Estrada le regaló en su visita. Darío escribió los poemas Mater Admirabilis, referido a la madre del gobernante, y Palas Athenea, para las Minervalias de 1915.

Su permanencia en Guatemala, del 20 de abril al 23 de noviembre, fue incómoda y humillante desde el punto de vista personal, sin recursos, agravada su salud, obligado a expresarse con simpatía por el gobernante que pagaba sus gastos y preparaba su tercer mandato. En New York fue persuadido por Soto Hall, e influenciado por amigos como José Santos Chocano, escritor peruano y colaborado de Estrada, y el cronista Enrique Gómez Carrillo, para viajar a Guatemala. El astuto político saldó viejas deudas, aprovechó su prestigio para su propósito reeleccionista; las críticas del poeta por el papel que desempeñó en el derrocamiento del presidente nicaragüense Zelaya (1909), fueron cobradas con creces.

Managua, 18/4/2015

www.franciscobautista.com

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