Un siervo de Dios llamado Miguel D' Escoto Brockman

25 Mayo 2015

Por Carlos Escorcia Polanco.

La primera vez que el sacerdote de la orden Maryknoll, el asesor del presidente Ortega, Miguel D'Escoto Brockman, me recibió en su oficina fue en 1984. Recuerdo que al tenerlo frente a mí, tuve la mismísima impresión que tenia cuando conversaba con el Reverendo Doctor Gustavo Parajón Domínguez, la sensación de estar ante un hombre de Dios.

Yo acababa de regresar de los Estados Unidos de una gira de solidaridad por varias ciudades norteamericanas, tratando de hacer conciencia en el ;pueblo estadounidense de la necesidad de detener el financiamiento a la contra, objetivo que fue después logrado exitosamente.

Durante mi paso por Cleveland, Ohio, tuve la oportunidad de conocer al ultimo embajador de la administración Carter en El Salvador, el diplomático de carrera Robert White, quien fuera despedido sumariamente de su puesto de embajador, inmediatamente que Ronald Reagan asumió la presidencia de Estados Unido en Enero de 1981.

El embajador White me pidió le saludara a nuestro común amigo, el sacerdote Miguel D' Escoto Brockman. Sentado frente al escritorio de D' Escoto, le di los saludos del embajador White al canciller D'Escoto. Luego el canciller me relató la siguiente impresionante experiencia.

Durante los funerales de Monseñor Romero en la catedral de San Salvador, D' Escoto se encontraba presente presidiendo la delegación oficial del gobierno de Nicaragua. Junto a el también se encontraba el embajador de los Estados Unidos en El Salvador, Robert White. Se encontraban dignatarios del mundo entero. La catedral estaba totalmente atiborrada de gente. Miles de salvadoreños no pudieron entrar y se encontraban en las afueras de la catedral. No se sabe con exactitud cuantos eran, pero superaban las 50 mil personas.

Un agregado militar estadounidense se acercó al embajador White con un mensaje secreto. El mensaje provenía del alto mando de la Fuerza Armada Salvadoreña en donde le pedían al embajador abandonar la catedral porque el ejercito "combatiría en los próximos minutos". El embajador White compartió el mensaje con el canciller D'Escoto e invitó al sacerdote a abandonar juntos la catedral ya que se produciría una batalla entre el ejercito y la guerrilla salvadoreña.

Nuestro heroico canciller Miguel D' Escoto Brockman se negó a salir de la catedral y con diplomacia pero con firmeza le dijo al embajador White: "Yo no voy a salir, yo no voy a dejar solo al pueblo, el ejercito quiere que salgamos para poder masacrar al pueblo." Avergonzado, el embajador White no abandonó la catedral. La permanencia del embajador White no logró detener al alto mando de masacrar al pueblo.

Nuestro canciller le pidió entonces al embajador que utilizara su alta investidura en su carácter de representante del presidente de los Estados Unidos en El Salvador para ordenarle al ejercito que parara la masacre. Afuera de la catedral ya muchos patriotas habían perdido la vida a manos del Ejercito. A instancias de D'Escoto, el embajador White, salió a la calle y se enfrentó al ejercito salvadoreño el cual momentáneamente dejó de disparar ante la orden tajante de White a la tropa salvadoreña.

No puedo recordar mas detalles de esa conversación con el sacerdote D' Escoto, pero sí se me quedó grabada la valentía del padre D' Escoto, digno representante diplomático de la Revolución Popular Sandinista.

Es altamente significativo que el presidente Ortega haya nombrado al sacerdote D' Escoto como jefe de la delegación oficial del gobierno de Nicaragua a las ceremonias de beatificación de Monseñor Romero en El Salvador.

Monseñor Oscar Arnulfo Romero, como todo legitimo siervo de Dios al igual que Martin Luther King, profetizó su propia muerte, "Un obispo morirá, pero la iglesia de Dios que es el pueblo, no perecerá jamás"

(Carlos Escorcia Polanco es analista político nicaragüense afincado en Los Ángeles, California.)

 

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