Cuba, el gran paso de EEUU y la falsa izquierda

01 Junio 2015

Por Edwin Sánchez.
I
La inteligencia y la valentía de lo mejor del pueblo estadounidense fueron asumidas por el presidente Barack Obama para dar este extraordinario paso: admitir que Cuba no es un Estado indocumentado, sino libre e independiente. La República no patrocina el terrorismo sino lo que el papa Francisco llama “la cultura de la solidaridad”.
Cada nación tendrá muchas y no pocas cosas que decir sobre Cuba. Y de Estados Unidos lo mínimo que podemos valorar es el acto de madurez y sensatez del presidente Obama, apuntalado en hechos que hacen historia.
El Papa se entrevistó con el presidente Raúl Castro durante más tiempo que lo dictado por el protocolo. Y recientemente, François Hollande protagonizó un acontecimiento que marca el avance del mundo: nunca, desde la independencia de Cuba en 1898, un Presidente de Francia  había visitado su territorio. Desde ahí demandó el cese del bloqueo económico, “medidas que tanto han dañado el desarrollo de Cuba (…) para que la identidad de cada país sea respetada”.
Este es el reconocimiento mundial a Cuba, en una época en que solo la miseria humana es capaz de agredir y desear el mal a la Revolución que puso en movimiento a América Latina, condenada hasta entonces a ser un triste patio trasero.
Cuando nos ubicamos en Nicaragua, los vínculos con ese país trascienden la política y el deshielo entre Washington y La Habana.
Los sandinistas llevan en el alma a la Perla del Caribe desde la fundación del FSLN: su primer y notable ejercicio de soberanía… Cuba, Territorio Libre en América.
Más allá del atlas, Cuba fue la gran casa que protegió a la hija del General Augusto César Sandino, Blanca Segovia, y también  abrió sus puertas a Carlos Fonseca Amador, y con él  al Frente Sandinista de Liberación Nacional.
Ningún sandinista auténtico podría atacar a la Isla: en el ADN del sandinismo no está la instrucción genética de la traición.
Luego de caer la versión socialista del Este europeo, cuando los movimientos progresistas se replegaban y el neoliberalismo parecía imbatible con sus experimentos atroces, ocupando de laboratorio a pueblos enteros, brotó una extraña especie llamada “izquierda democrática”. A pesar de la tormenta, los sandinistas mantuvieron incólume su fidelidad a la causa de Fidel.
II
Si el Papa, el Presidente galo y el Mapamundi aceleran el reencuentro con Cuba, el extremismo conservador en Nicaragua rezuma hiel. Y lo peor es que utilizan el nombre de Sandino.
Nuevos Tiempos como los vividos en la Cumbre de las Américas en Panamá, campean hoy, donde un  Presidente de EEUU por vez primera, en más de 50 años, estrechó la mano y dialogó de tú a tú con un Jefe de Estado de la República de Cuba.
Pero el “Movimiento Renovador Sandinista” lo descalificó a través de uno de sus dirigentes: “(…) la Cumbre solo fue un episodio plástico que no cambió nada. Pero sí otorgó a Castro laureles para reingresar al sistema interamericano sin reclamos por derechos humanos o democracia”. “…la Cumbre estuvo marcada por la internacionalización de la intolerancia castrista”.
Desconociendo la democracia y en un atropello a la soberanía de los países aludidos, voceros de esa organización a tono con la derecha conservadora declaran: “…lo que sí es una dinámica en curso, es el progresivo desmoronamiento de los regímenes prevalecientes en Cuba y Venezuela. Solo es discutible cuál naufragará primero”.
¿Cuba se desmorona? Ningún cristiano sería capaz de producir y segregar semejante ponzoña, cuando Raúl, en su “intolerancia”, envió especialistas a ponerle un cerco a la peste que puso en jaque a la humanidad.
La Organización Mundial de la Salud y The New York Time destacaron la solvencia de Cuba de asistir y salvar a los más pobres del  África Occidental contra el mortífero Ébola, cuando otras naciones, con mayores recursos, ordenaban suspender los vuelos hacia el riesgo mortal.
¿Qué mayor patrocinio a los Derechos Humanos y al principal de ellos, el Derecho a la Vida, puede encontrarse en la actualidad con letras mayúsculas si no en Cuba? ¿Qué más debe hacer esa República que no haya hecho ya para que los viscerales agentes del odio no se entrometan en sus asuntos? Hollande mismo exhortó respetar su identidad de nación.
Lo menos que un ciudadano debe hacer es rendirle el charro a Cuba, a Fidel, Raúl y su pueblo, por elevar una labor humanitaria a las alturas del heroísmo samaritano.
Porque exportar vida, educación, solidaridad y paz -como se comprueba una vez más con el auspicio de las negociaciones entre la guerrilla y el gobierno colombiano- es y ha sido, la enorme contribución de Cuba al género humano.
La patria de Sandino, atendida inmediatamente por brigadas cubanas tras el terremoto de 1972, es hermana continental de la Isla. Las últimas encuestas también lo confirman con la robusta soledad del MRS: 0.2% de nano-apoyo. Y eso que “La Prensa” ha invertido toneladas de tinta y papel para presentarlos inútilmente como “los verdaderos sandinistas”.
Nicaragua no es un pueblo ingrato.


 

Comentar     Arriba