Anastasio Somoza y ciertos lideres evangélicos del 79

06 Junio 2015

Por Carlos Escorcia Polanco.
 
Un dia que no podrá ser precisado por la historia, pero que pudo ser entre Febrero y Abril de 1979, Anastasio Somoza Debayle convocó a su despacho en El Bunker al Reverendo Jerónimo Pérez Castro, superintendente de las ASAMBLEAS DE DIOS DE NICARAGUA y al teniente de la guardia nacional y reverendo Pablo Castillo, supervisor de la Iglesia de Dios de Nicaragua. Somoza les dijo que ellos eran la última esperanza de Nicaragua ya que la patria enfrentaba una feroz embestida "Soviético-Cubana"
 
La tiranía somocista vivía sus últimos momentos. Somoza se debatía entre dos fuegos. Por un lado la Casa Blanca estaba desesperada por deshacerse de Somoza y no permitir el triunfo del pueblo, vanguardizado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN. Por el otro el pueblo de Nicaragua encabezado por el FSLN se batia a muerte en total lucha desigual  contra una tirania sangrienta, implacable y asesina.
 
La presion de la administración Carter contra Somoza, no cesaba. Los  funcionarios de la Casa Blanca, del Departamento de Estado y el Pentagono fueron claros, Somoza tenía que irse para permitir el plan de Washington, un "somocismo sin Somoza".

Funcionarios como Viron Vaky, Bob Pastor, William Bowdler y el embajador Larry Pezzullo le exigían a Somoza renunciar. Mientras más tiempo permaneciera Somoza en el poder, más fuerza adquiría el FSLN.
 
Somoza parecía un tigre acorralado. Abandonado por los Estados Unidos, confrontado con la iglesia católica, en abierta guerra con el COSEP y en una lucha sangrienta contra el pueblo de Nicaragua, buscó la ayuda de la iglesia evangélica que no llegaba ni al 10% de la población.
 
Para Somoza la iglesia evangélica constituía en esos momentos, la última tabla de salvación. Con rostro sombrío, Somoza Debayle le dijo a los dirigentes evangélicos que ellos eran los únicos que podrían salvar a la patria.
 
Apenas 3 años y medio antes, el predicador argentino Luis Palau había llenado el estado nacional, estremeciendo a la conferencia episcopal católica con su poder de convocatoria. Por 21 días el país entero siguió las impactantes predicas del carismático predicador, quien hacía gala de sus cualidades histriónicas, su carismático estilo, su impresionante oratoria y su apariencia de galán cinematográfico.
 
Somoza quería repetir el éxito de Palau y su cruzada NICARAGUA 75 porque en las palabras de Somoza, "los nicaragüenses necesitan buscar a Dios y olvidarse de andar tirando bombas y de apoyar a los terroristas 'sandino-castro-comunistas'."
 
Somoza ofreció el estadio gratis, transmisiones en vivo por radio y televisión y buses gratis y BECATS para escoltar los buses que traerían gente de los barrios de Managua. Los dirigentes evangélicos titubearon, pero aceptaron el reto de intentar "salvar" a la patria de caer en las garras del "comunismo internacional" y de la subversión soviético cubana que amenazaba con barrer a su régimen.
 
Pero Dios y el pueblo de Nicaragua tenían otros planes. La propuesta de Somoza jamás pudo ser implementada. Despues de las 6 de la tarde, durante los últimos meses de la tiranía somocista, no se veía un alma por las calles. Únicamente los temidos BECATS y las escuadras del Frente Sandinista de Liberacion Nacional se aventuraban a salir a la calle, escenificando violentos enfrentamientos armados.
 
Los Reverendos Perez y Castillo, máximos líderes de las Asambleas de Dios y la Iglesia de Dios respectivamente salieron al exilio luego de la caída de la tiranía somocista y ambos se encuentran afincados en Miami, Florida, desarrollando sus ministerios pastorales, pero sonsacaron a muchos pastores jóvenes que también salieron del país sin ser perseguidos por nadie.
 
Hoy que la Revolución Popular Sandinista está consolidada, cuando el poder político del presidente Daniel Ortega ha alcanzado niveles de popularidad jamás vistos en la historia de Nicaragua, es sencillamente un gravísimo error histórico, desafiar electoralmente al presidente Ortega.
 
En ese sentido la candidatura presidencial del pastor evangélico Saturnino Cerrato Hodgson, como recurso desesperado de una oposición que ya mordió el polvo de la derrota, se parece mucho a esa propuesta igualmente desesperada de Anastasio Somoza Debayle, propuesta que quedó sepultada para siempre en el basurero de la historia.
 
[Carlos Escorcia Polanco es analista político nicaragüense afincado en Los Angeles, California]
 

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