La familia, la mamá y el papá

24 Junio 2015

Por Juan Carlos Santa Cruz Clavijo.

Los aniversarios del día de la madre y el padre tienen un gran perfil comercial, no obstante, logran sensibilizar a las familias. Pasadas dichas celebraciones quisiera que reflexionemos al respecto.
El día de la madre en Nicaragua es una fecha muy especial, por las propias características de la estructura familiar, en donde gran parte de los hogares están bajo la responsabilidad de una mujer que oficia de madre y padre.
El día del padre en cambio, pasa casi desapercibido. Esto último no abona  a la recuperación de la estructura familiar nuclear compuesta por padre y madre con igual nivel de responsabilidades.  Si bien hay padres que no asumen como tales, hay muchos que si lo hacen.
Podría decirse que existe un enfoque frágil en lo referido a la familia nuclear. En los hechos se da un gran reconocimiento a las jefas de hogar que fungen como madre y padre. En cambio, los espacios destinados al reconocimiento de los papás que junto a las mamás asumen las responsabilidades del hogar es muy limitado, desde la publicidad hasta en el discurso oficial, pasando en muchos casos por la escuela.
Las consecuencias indirectas se manifiestan de varias formas ,entre las que destacan la irresponsabilidad, solo medio controlada por las leyes existentes. También hay un aspecto cultural que es sumamente perjudicial, por aquello de que “si mi mama nos crió sola, entonces, yo también como mujer puedo hacer lo mismo”. En una palabra ella se reconoce en su rol de padre y madre y así lo asimilan los hijos.
Más grave aún es que los hijos varones nunca visualizaron a un varón como padre, así que no sería extraño que en su papel de adulto considere como normal embarazar a una mujer y luego no asumir las responsabilidades respectivas porque no conoció jamás esa figura en su hogar de niño y adolescente.
Todos tenemos presentes los discursos en el FSLN en donde siempre se ha hablado de “las madres de héroes y mártires”. Ni por asomo se dice “las madres y padres de los héroes y mártires”. Aún cuando existe plena seguridad que muchos de los héroes y mártires vivían en hogares nucleares compuestos por padre y madre, y que por cierto muchos de ellos están vivos. También es cierto que gran parte de ellos pertenecían a hogares monoparentales, jefeados por una mujer.
En estos momentos que existe un gran énfasis en el rol de la familia en la sociedad parece pertinente rescatar la figura del papá junto al de la mamá en el hogar. No es tarea fácil, pero un discurso oficial focalizado en ambas cabezas del hogar estimula a los existentes y tiende un puente de acercamiento a los que por diversos motivos se han alejado o han estado ausentes en sus responsabilidades familiares.
Tampoco se debe caer en el extremo excluyente de afirmar que en las familias en donde la mujer es la jefa del hogar las relaciones con los hijos sean más fraternas que si al frente estuviera un hombre. Tanto en las familias nucleares en donde casi siempre el jefe del hogar es un hombre, como en la monoparental en donde la jefatura la ejerce una mujer existen situaciones de “dejar hacer”,”dejar pasar”  y también “aquí mando yo”, incluyendo gritos, chantajes y hasta golpes.
Ambas jefaturas no escapan al ejercicio vertical y autoritario del poder, a la resolución de conflictos a través del tipo “mano dura”, y a lo que ellos llaman comunicación con los hijos que no deja de ser un monólogo de órdenes, recriminaciones y prohibiciones. En ambos casos casi siempre están presentes las ofensas, la violencia sicológica y hasta la física.
Los más perjudicados serán los niños que se desarrollarán en un entorno de violencia que no tardarán en reproducir años más tarde en sus futuras familias.
Justo es reconocer que en gran parte de ambas estructuras familiares  nucleares y monoparentales existe un desempeño del poder de manera consensuada, con resolución de conflictos mediante el diálogo, en donde están ausentes el chantaje y la violencia en todas sus expresiones.

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