La primera Escuela es la Familia…

09 Febrero 2016

Por Edwin Sánchez.

La intelectual Rosario Murillo, poco antes del inicio del Año Lectivo 2016, colocó los acentos en una disposición que no ha sido el oxígeno de la Educación Pública en las anteriores administraciones: “ponernos al día, para ser competitivos”.

Enorme, y muy contado de dificultades, es el desafío de la enseñanza. Es tan así que en una sola palabra descansa el presente y futuro de una nación: Educación. Mas no es una responsabilidad exclusiva del Estado.

Si las escuelas y colegios estatales ofrecieran una instrucción pésima, difícil sería que en la Universidad Nacional de Ingeniería llegaran bachilleres con altas calificaciones en las ciencias exactas. Ellos, aunque pocos, en relación a la población estudiantil examinada, son determinantes evidencias de que funciona el sistema educativo, aunque debe ser perfeccionado.

Si estos jóvenes excelentes triunfaron, es porque hubo un medio por el cual canalizaron su agrado por el estudio, resolviendo los obstáculos del camino. ¿Y el resto? Algo ha pasado entre el Primer Grado y el último de Secundaria.

Los frutos nunca serán los mismos entre los que van a clases con gusto y los que simplemente van, un informe paquete que no siempre llega vacío, sino con el combo del atraso: desgano o temor, y lo peor, rechazo al saber.

La Educación, en todos sus niveles, incluido el preescolar, no es la obra del Ministerio y los estudiantes. Es la labor minuciosa, hasta el detalle, de una sociedad entera, enlazada armoniosamente de tal manera que si un eslabón falla, todo el edificio que se quiere construir se vendrá al suelo.

Por lo general, hay eslabones que a veces desconocen su compromiso a la hora de señalar a los otros sobre el desempeño educativo. El chivo expiatorio es el Gobierno.

El hogar es la primera escuela. Sus maestros, los padres de familia. Los alumnos, los hijos-hijas. Así que los docentes y el Ministerio no son, por tanto, los principales protagonistas de la formación que marcará para siempre a estas biografías en construcción. Una cuota del éxito o mediocridad posterior corresponderá a los papás.

El entorno familiar, pues, es básico, más cuando nos declaramos católicos o evangélicos. Es ahí donde se deben cuidar con primor los “materiales” que fortalecerán la nación, si queremos cimientos formidables para el desarrollo.

Rosario subraya “las tecnologías educativas, laboratorios para el aprendizaje, el Modelo que estamos implementando, que apunta a fortalecer Capacidad en términos de alcance y en términos de Calidad Docente”, así como las “Modalidades Innovadoras como Primaria y Secundaria a Distancia, la Educación Técnica en el Campo y, la Modalidad Multigrado”.

Que desde los niños hasta los adultos, todos se incorporen al estudio más allá de las metas personales para que “luchemos frontalmente (…) para Cambiar Nicaragua, erradicando la Pobreza”.

Y así es, y es muy importante que las autoridades hagan su parte y hablen de la enseñanza “del segundo idioma en Nicaragua, el Inglés”. Pero la carga no es solo del Estado y del cuerpo de los que en verdad podemos nombrar pedagogos.

Del oro y la hojarasca

Urge que las Matemáticas sean el Gallopinto del estudiantado.

José Adán Aguerri, presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada, en enero pintó la situación desde su área: “Hoy enfrentamos una sobreoferta de jóvenes profesionales en carreras que ya no son demandadas por las empresas. El sector privado, el sector público, el sector académico, los mismo jóvenes, todos tenemos que hacer un cambio cultural para entender que tenemos que adaptarnos a las nuevas realidades de la economía.

“Las empresas necesitamos, entre otras profesiones, ingenieros mecánicos, ingenieros eléctricos, ingenieros en Recursos Naturales y Medioambiente, muchos más profesionales en Economía Agrícola, Química Ambiental, Desarrollo Rural, Matemáticas y Geofísica”.

Que las nuevas generaciones hablen el Lenguaje de las Matemáticas es esencial. Un “cambio cultural” es un paso, pero no todo el sendero. Es necesario ponerle corazón al arte de enseñar no solo en las aulas, sino en las casas.

¿Dónde ha quedado todo ese cristianismo que como país profesamos desde la Conquista española en el Siglo XVI y la nueva Conquista norteamericana con sus misioneros evangélicos a inicios del siglo XX? ¿Acaso solo sirve para cargar santos en las procesiones o hacer cruzadas evangélicas y ayunos, y no para transformar nuestra actitud nacional ante la Educación?

El apóstol Pablo nos da una palabra que la podemos comprender en nuestros propios hogares, si entendemos que Jesús, es la Luz, y la Luz es Conocimiento:

“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.  Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará” (I Corintios 3: 11-13.) 

Tener vástagos entraña una gran obligación, de ahí que dependerá de los padres si es criado correctamente con virtudes equivalentes al oro, la plata y las piedras preciosas, o maleducado con antivalores: transmisor del bullying, egoísta, nada solidario, es decir “madera, heno…”.

De las familias en buena medida, y de las parroquias y templos también, dependerá que entreguen a las escuelas y colegios oro, plata y piedras preciosas. El Ministerio Educa, no hace milagros. Sin embargo, bueno es preguntarse: ¿cuántos niños y niñas llegaron a los centros de estudio como valiosas joyas en estado puro y cayeron en manos de algunos educadores hojarascas?

¿A cuántos cipotes y chigüinas no les afectó el bullying ejercido por el mismo profesor que hoy pasa por “viejo roble de la enseñanza”? ¿Cuántos alumnos sufrieron o sufren del acoso escolar tolerado y a veces hasta auspiciado por los mismos maestros? También los maestros proceden de alguna familia y fueron formados en algún credo…

Por eso también podemos aplicar la ilustración paulina de los nobles metales y las hierbas –o la hojarasca– sobre el deber de enseñar para ser competitivos. Porque puede haber rigurosos planes del Ministerio, no obstante, lo fundamental en la docencia es contar con el Oro de la vocación, poseer las Piedras Preciosas de la formación constante y la Plata del afecto a los discípulos, y la necesaria para vivir.

Ponernos al día las familias, las Iglesias, los empresarios, el magisterio… para ser competitivos. Crear un ecosistema favorable para contar con una Sociedad del Conocimiento es una responsabilidad compartida, como lo han dicho el comandante Daniel Ortega y la escritora Rosario Murillo en otras esferas.

Educar es tarea de todos, y su trascendencia o intrascendencia también.


 

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