Ni la Unión Europea ni respetables avalaron retórica del fraude

15 Febrero 2016

Por Edwin Sánchez.

Es preciso recordarlo para comprender por qué el extremismo conservador quiere desde ahora encubrir su derrota y desconocer, por razones obvias, los próximos comicios. Lo dijo ya un hombre al que los calendarios políticos lo desapasionaron lo suficiente para no andar creyendo en los ídolos de barro de la derecha que le tocó padecer. Emilio Álvarez Montalván (1919-2014) se llamaba aquel sincero.

Después de las elecciones de 2011, arrebatado por la franqueza y abrumado por la contundencia de los datos, confesó a la AFP: la “oposición es la responsable de su fracaso, debido a los conflictos internos y el fraccionamiento que enfrentan desde las presidenciales de 2006”.

En sus últimos días, el politólogo aseguró: “La oposición prácticamente no incide en la realidad del país porque está dividida y no tiene fuerza”.

De hecho, la oposición conservadora, “cariñosamente” llamada “liberal”, nunca fue una “fuerza”. Varios factores contribuyeron a crear ese inútil espejismo desde la última década del siglo XX, pero a esas ilusiones propias de los desiertos se le ha querido darle la vida postiza de las “fábricas de opinión” de la que habló Eduardo Galeano. Y la mentira es una agresión a la verdad.

Las fuerzas verdaderas siempre son determinantes en una democracia. Así sucede en Estados Unidos; así funciona en Europa. No ocurre así en Latinoamérica, donde además de las instituciones políticas sólidas, hay falacias organizadas; fuerzas falsas que dependen de las “internacionales” conservadoras para darse un aventón propagandístico, y eso ya es mucho en un mundo donde el seudoperiodismo intenta manejar la opinión de los demás.

En Nicaragua ya sucedió con el General Augusto C. Sandino, una fuerza de la verdad. Los Estados Unidos de Wall Street, sin embargo, le hicieron la guerra y apoyaron con armas, marines, y la prensa de Randolph Hearst, a la falsedad: Anastasio Somoza García.

Agencias de distorsión

Antes también apoyaron falsedades atroces en América con golpes de Estado, cuartelazos, expansionismo; hoy ese rol ya no es del Washington de Obama, sino de carteras no estatales que se apuntan con otro tipo de injerencismo: la “cívica”, donde cierta “prensa independiente” y agencias de la distorsión que tratan de embutir a la sociedad en sus siglas con el aséptico apellido de “civil”, se han atribuido el papel de declarar quién es el “bueno” y quién es el “malo” de la película.

Si en los viejos tiempos lo justificaban como “la lucha contra el Comunismo Internacional”, ahora es la “lucha por la Democracia y los derechos humanos”. Ambos tipos de intervenciones llevan la punta envenenada del mismo objetivo: desaparecer las fuerzas verdaderas y dejar no solo la falsa, sino prefabricarle una imagen de democracia que subestima su fuente y esencia: el pueblo en pie de multitudes.

Algunos medios internacionales se encargan de proyectar la máscara como el rostro, la mentira como la verdad, a los enemigos de la democracia como las “fuerzas democráticas”, es decir, la historieta como Historia.

FSLN

El Frente Sandinista es una estructura con una densidad organizativa que en 2011 logra dar su gran paso desde la Democracia. Como partido es una fuerza de la vida real, no una delirante ficción política como las que, siendo todo lo contrario de lo que predican, se degradan en vehículos del autoritarismo antidemocrático.

El FSLN es multitud orgánica, presencia, historia y actualidad; una formación política indispensable para la Democracia nacional y americana, que aceptó sus derrotas, las asimiló y en vez de desaparecer de la Historia por no entenderla, debió salir del blanco y negro de las utopías, abandonar sus errores para pasar por el Arco Iris que asoma en el Escudo de Nicaragua.

Por eso no cabe poner en la misma balanza a grupos desérticos, aunque se mercadeen como “liberales”, a la par del sandinismo. Sería presentar un cuadro falsificado del país para ser vendido como “análisis”, pero a la medida de los intereses del compadrazgo mediático del que gozan como ahijados.

Con el calculado simplismo que publican medios conservadores y consume el mundo, se da la idea de que la oposición es una vasta fuerza similar al sandinismo. Por lo tanto, si pierde las elecciones es porque le “despojaron” de su triunfo.

No tienen la misericordia con sus lectores o televidentes de contextualizar lo que ocurre, por ejemplo, en los llamados “miércoles de protesta” en Managua.

El “partido más grande de la oposición” apenas logra convocar, con el complaciente andarivel de sus medios, escritos y fotos sin profundidad de campo, un promedio de 100 personas, en un país que ya sobrepasa los 6 millones de habitantes. No obstante, la publicidad engañosa traficada como “noticia” es que en “Nicaragua hay inestabilidad política”.

La oposición conservadora ha quedado tal como la fotografió el difunto Álvarez Montalván en 2011, que a la vez parecía ser la foto de 2006, sacada del álbum de los malos recuerdos.

En 2016, es decir, 10 años después de aquella gráfica, el escritor de derecha, Carlos Alberto Montaner, planteó casi lo mismo, pero repitiendo el embuste del “gran partido liberal”: “Si los liberales fueran capaces de unirse tendrían oportunidad de ganar las elecciones, aunque hoy están muy debilitados”.

Maximino Rodríguez, quien desertó del PLC, vio hasta ahora el colapso derechista que don Emilio advirtió hace años: algunos ex contras “… 25 años después nos hemos dado cuenta de que no supieron apreciar el sistema democrático y consecuentemente han colapsado por su manera de conducir las organizaciones democráticas”.

¿Y desde cuándo de un colapso puede surgir una victoria? Por lo tanto, la única forma de ocultar la debacle electoral es el aburridísimo y fastidioso cuento del “fraude”.

Ni siquiera la UE que la derecha opositora toma, cuando le conviene, como “la palabra europea de Dios”, pudo asegurar que se cometió fraude en los sufragios de 2011.

El jefe de la misión del Viejo Mundo, Luis Yáñez, afirmó lo que medios de derecha censuraron:

“A mí me gusta ser claro. Si la pregunta es: Si el señor Ortega y el Frente han ganado las elecciones o la han perdido, ¿qué es lo que define la famosa palabra fraude...?  Para los políticos, fraude es dar por ganador al que ha perdido, y dar por perdedor a quien ha ganado. En ese caso, es indudable que el Frente y el señor Ortega han ganado las elecciones. En el informe preliminar que tiene 11 páginas, 11 folios, no se utiliza la palabra fraude en ningún momento”.

 


 

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