El cruel oficio del lavado de dinero

06 Abril 2016

Juan Carlos Santa Cruz Clavijo *

Sin referirme al caso de Panamá sobre el que no tengo casi información quisiera reflexionar acerca del lavado de activos como delito. Los ciudadanos sabemos muy poco del lavado de activos, y en Nicaragua no conocemos información pública al respecto. Todos los actos de corrupción son deleznables y el lavado de activos es una de las fases terminales de la misma.

Lavar o blanquear dinero es un procedimiento delincuencial de altos niveles de sofisticación. Consiste en los procedimientos utilizados por sujetos inescrupulosos para convertir dinero fruto de actos ilícitos en dinero de aceptación pública, incluyendo las operaciones de evasión de impuestos, y por supuesto de comercialización de drogas.

Sería erróneo querer tipificar la dirección y el medio del lavado de dinero porque opera en todos los ámbitos de la economía. A veces se focaliza en inversiones de gran envergadura, en otras, circula campantemente en los sistemas financieros de los países, y hasta en su comercio exterior.

Ya no se trata de drogas detectadas por perros amaestrados, sino de cuentas bancarias que circulan dinero por la vía electrónica a una velocidad asombrosa. Estamos hablando de imperios financieros con altas gerencias y recursos sofisticados dirigidos por profesionales especializados en el negocio del lavado de dólares.

Los delincuentes en todo el mundo consiguen blanquear alrededor de 1,6 billones anuales de dinero ilícito, según un informe de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC), del año 2011.

Esa cantidad supone tanto como el 2,7% del Productor Interior Bruto (PIB) mundial.

El dinero ilícito en todo el planeta, incluido el procedente de la evasión de impuestos, asciende a 2,1 billones de dólares, lo que representa un 3,6% del PIB global.

Sin embargo, los Estados apenas consiguen incautar el 1% de los flujos financieros ilícitos.

Las Naciones Unidas señalan que el pago por comisiones a los personeros del lavado de dinero sobrepasa el 20%.

Se decía al inicio que el lavado de dinero es un acto cruel que oficia como uno de los puntales de la corrupción. Su modus operandi abarca el más amplio espectro y consiste en acciones en el que el cambio de identidades es un dato importante, y bajo esta mampara se mueven fondos, se concretan depósitos, se efectúan exportaciones e importaciones inexistentes o fraudulentas. Asimismo, se compran, alquilan o venden bonos, acciones, y se articulan una serie de gestiones interminables cuyo denominador común es el carácter oscuro de las mismas.

En los países el dinero para lavar entra por la vía de los casinos, supermercados, el comercio exterior, los sistemas financieros, las inversiones en tierras,inmuebles,restaurantes ,etc. también ingresan por la vía de ciertos servicios profesionales cuyo control es casi imposible de efectuar .

Otro de los puntos fuertes del lavado de dinero se focaliza en el ámbito de la comercialización de obras de arte y antigüedades, cuyas ramificaciones parecen no tener fin.

Si se considera que la revolución tecnológica con el dinero electrónico y las tarjetas inteligentes constituyen nuevas formas de transferir valores y que cada vez funcionan con mayor efectividad a partir de la complicidad del tráfico de influencias y los sobornos el panorama para las autoridades de los países se complica cada vez más.

Los paraísos fiscales que otorgan ventajas impositivas y garantizan el secreto bancario y financiero son la cuna del lavado de dinero. Los nombres de estos países son conocidos. Nicaragua no figura entre los mismos, pero, debemos mantenernos en alerta porque estas son actividades mundiales, globalizadas, y el lavado de dinero no tiene fronteras.

Los medios de comunicación, particularmente los escritos, pueden ser un excelente mecanismo de información seria sobre la envergadura de estas actividades en los países, y de la que casi no se conoce su forma de operar en los países pobres como Nicaragua.

*Sociólogo

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