Los consumidores a la deriva

11 Mayo 2016

Por Juan Carlos Santa Cruz Clavijo*

Los inspectores tienen como referencia la exigencia del cumplimiento de la ley. Verificar si se infringe la ley y si es así proceder ya sea con el propósito de educar o sancionar.

En Nicaragua hay distintos tipos de inspectores, los más conocidos son los de transporte, medio ambiente y forestal, salud, defensa del consumidor e incluso la policía de tránsito funcionando bajo los cánones de inspectoría.

Quisiera solo comentar sobre la percepción que se tiene sobre la calidad de las inspectorías mencionadas, y que el lector podrá verificar en su práctica cotidiana. El Inspector es por definición una de las caras públicas de las instituciones que representa. No los queremos ver como individualidades sino como las formas en que inciden en la solución de las problemáticas abordadas, es decir, inspeccionadas.

Todos sabemos que Inafor tiene inspectores en todo el país. Ellos vigilan que se cumpla con la ley. Entre ellas va incluida el corte y traslado de madera, y muy especialmente, de madera dura siguiendo los procedimientos estipulados. La pregunta es cómo se encuentra la situación de despale en el país, y cuál es la incidencia de los inspectores.

No se requiere de mucha información para concluir que estamos ante un desastre de talado generalizado, de bosques, incluyendo las reservas forestales. Insisto cuál ha sido el rol de los inspectores y cuál la operatividad o reacción de las autoridades institucionales sobre sus denuncias, si es que las hizo.

Siguiente caso los inspectores de tránsito interurbano (MTI). Si usted viaja a Carazo, Leon, Masaya debe estar acostumbrado a que lo traten como ganado vacuno. Un bus con capacidad para 60 personas lleva casi siempre más de cien, más los canastos del mercado, bicicletas y hasta animales en los techos.

Deberíamos suponer que no existen inspectores del MTI, pues claro que existen y llevan camisas anaranjadas. Su gran preocupación no es velar porque la gente no vaya hacinada, arriesgando su vida, sino que la unidad vaya dos minutos adelantada o atrasada. Ni siquiera llegan a poner un pie en el primer peldaño de la puerta de entrada.

La pregunta es si los inspectores de camisa anaranjada reportan estas Anomalías a las autoridades y cuál es su reacción, aunque los hechos están a la vista.

En las Alcaldias existen direcciones de medio ambiente. Prácticamente se desconoce su incidencia en el medio, o lo que es más importante, cuál es la incidencia de sus denuncias ante las autoridades edilicias. Ahí están los charcos llenos de moscas, los basureros frente a las casas del vecindario, impulsados por las propias alcaldías. Hemos sido testigo como la trasnacional Unión Fenosa despala a diestra y siniestra y bota las ramas a la calle, y las direcciones medio ambientales, como que no es con ellos. Está claro que si usted como ciudadano bota las ramas de un árbol que le molesta frente a su casa, llegan al término de la distancia, Marena, Alcaldía, y la policía de respaldo.

Hemos conocido siempre de cauces putrefactos frente a las ventas de carne en los mercados como el de Masaya. Los ruidos estridentes de cantinas con parlantes a todo volumen y las estridencias a cualquier hora de las iglesias evangélicas es de suponer que corresponde a los inspectores de la Alcaldía, y Minsa, pero bueno, parece que el ruido no llega hasta el aire acondicionado.

Comer en un mercado es cosa de cuidado. Nunca estamos seguros de la calidad de la carne de consumimos, ni el grado de incidencia de las moscas en las ensaladas y comidas frías. Se supone que esa es tarea de los inspectores del MINSA, pero no estamos seguros porque brillan por su ausencia y siempre hacen su debut seguido de los medios de comunicación.

Finalmente la inspectoría de defensa del consumidor del MIFIC. Los ONG dedicados a esta tarea inciden en muy poco, y los hemos visto manipulando sus acciones frente a los medios de comunicación. La estrategia del MIFIC respaldado por la ley es esperar en el aire acondicionado que vengan los denunciantes con las pruebas respectivas y así ellos proceder. Es sin duda un procedimiento un tanto extraño, pero para evitar polémicas innecesarias, la realidad es que las pesas y medidas funcionan con via libre, es decir, cada quien con su regulación, aunque se ha divulgado que las están ajustando. Para confirmar esto pese un producto en diez diferentes balanzas del mercado y usted mismo obtendrá la respuesta.

La Policía Nacional a través de sus inspectores de tránsito no hay dudas que se la juegan y ponen en cintura a irresponsables y ebrios. Se les podrá cuestionar ciertos procedimientos pero ellos enfrentan el problema y dan la cara en medio de la anarquía vehicular.

A manera de reflexión final, si bien es cierto que gran parte de las responsabilidades se facilitarían con la coordinación de los inspectores con la comunidad, también es cierto que no hay que salirse por la tangente, porque a quienes les pagan mensualmente con el presupuesto fiscal es a los inspectores y sus jefes. Si se hace un alto al triunfalismo y se valora lo deficiente que es la labor de los inspectores, habrá que pensar en su fortalecimiento o en otras formas de ejercer la función para que la población no siga resintiendo su devaluado servicio.

*Sociólogo

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