El otro ojo de las elecciones

20 Mayo 2016

Por Óscar Borge Mejía *

Recientemente sacaron ante los medios de comunicación los resultados de la encuesta de la consultora M&R, donde el gobierno y el Frente Sandinista sale muy bien parado; y lo que es más importante la confianza que tiene el nicaragüense en la democracia.

Una de las cosas que llama la atención es la baja simpatía que tienen los partidos políticos opositores; un factor que hay que señalar es que los partidos de la derecha en Nicaragua están caracterizados por ser estacionarios (quiere decir que se activan solo cuando arranca sus campañas) y al haber elegido recientemente candidato aún no arranca su campaña –la extraoficial- esa presencia mediática que se necesita para movilizar o activar a sus votantes. Los números cambiaran un poco a favor de la oposición, aun así los porcentajes son muy bajos, aunque convencieran a todos los indecisos, aunque los márgenes de error favorecieran la intención de voto de los partidos opositores; tendrían que activar la volatilidad del votante del Frente, lo cual hace ver las cosas cuesta arriba e imposible para ellos.

Yo he de confesar que soy simpatizante del Frente Sandinista y la lógica indica que poco debería de importarme las miserias en que deambula la oposición; pero no. Una de las definiciones más completas en las ciencias políticas del concepto de democracia la brinda Robert Dahl un teórico político y profesor de la universidad de Yale hasta su fallecimiento el 2014 -ahorrándoles la parte didáctica-, diré que una de las principales características es la competitividad, esa que parece faltar por la debilidad en que vagan los partidos opositores. Y claro no falta quien utiliza este impase para desacreditar al país y las elecciones en Nicaragua; pero lo más lamentable es que los partidos opositores (algunas elites dentro de ellos) han preferido este rol que lo único que hace es un daño al sistema democrático nicaragüense.

Les asusta competir, tanto es así que sus principales figuras las reservan para apostar por lo seguro en futuras elecciones; de ahí que el periodista Carlos Fernando Chamorro o la hija de doña Violeta, Cristina Chamorro se resistan a querer participar, de ahí que escojan al señor Callejas (victima/cómplice), ni siquiera aparece su hoja de vida en el internet, un nicaragüense no se entera ni de su profesión, su carrera o el programa de gobierno que proponen los partidos opositores. La campaña de ellos no arranca o tiene poca presencia en la agenda mediática, insisten no en participar y si en desacreditar el proceso, a pesar que hay una amplia mayoría que confía en las instituciones y que apuesta por un sistema democrático. Acusan de su debilidad a lo que llaman “autoritarismo” dicen que el Frente ha “cooptado todas las instituciones” y no que ellos han fracasado en la deliberación y las negociaciones que caracterizan la democracia.

Pero si no es culpa del Frente y del gobierno ¿entonces de quién?, pues es muy fácil acusar al vecino de sus propios errores; les ha faltado habilidad política, no se han enterado de la dinámica de la deliberación y la negociación que caracteriza a los sistemas democráticos o simplemente no les ha interesado; pero principalmente les falta sentido democrático y de estado, tener relevos generacionales, necesarios para poder competir; sus elites se han incrustados en los pocos espacios que ellos mismos se van cerrando. Y como perdedores apuestan por utilizar todas las herramientas que están a su alcance para desacreditar el próximo proceso electoral.

Por otra parte la ciudadanía hace lo que tiene que hacer, premiar y castigar a quien corresponde; a través de la participación electoral. Sé que en política es fácil dejar a un lado la validez y apostar por lo que se cree es factible, pero como repito no solo se hacen daño a ellos, si no que le hacen daño al país y eso es algo que los Nicaragüenses debemos exigirles que no pase y si pasa contestar de forma democrática apostando por una votación masiva las próximas elecciones.  

* Óscar Borge Mejía
Abogado, Diplomático y Poeta
Master en Democracia y Gobierno por la Universidad Autónoma de Madrid.

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