Dios es Dios de naciones, no de patios traseros

08 Agosto 2016

Por Edwin Sánchez.

I

El paisaje del mestizaje es más extenso y espléndido de lo que creemos, pese a...

Nuestra cultura no es de un solo color o de un solar, compuesto exclusivamente por lo que los letrados conservadores demarcaron: Masaya, “cuna del folklore”. O el precario concepto del nicaragüense, deshidratado de los cuatro puntos cardinales de Nicaragua, apenas elaborado del barro de una franja, y no toda, del Pacífico.

Los patilludos decimonónicos y señorones de la centuria pasada decidieron que la cultura se encerraba en un breve espacio geográfico y demográfico. A las elites del monocultivo les encanta dibujar su propia cartografía a imagen y semejanza de su estrechez provinciana. Por eso el seudo progreso de un exiguo lado –realmente un atraso bien administrado– y el abandono total de la nación en sí.

Antes de que el Gobierno del Frente Sandinista en el siglo XXI echara a andar el país, resultaba fácil lucir las hermosas cifras de nuestra economía “nacional”, siendo lo “nacional”, una ínfima porción de Nicaragua.

No solo el ordenamiento legal contrariaba la realidad histórica, toda vez que las constituciones importadas nutrieron nuestra ficción jurídica; también el territorio nacional fue para el pensamiento conservador otra gran irrealidad: el mapa tangible de Nicaragua tenía la forma del escudo heráldico de turno.

No existía El Caribe. Tampoco Río San Juan. El desconocimiento de la diversidad, humana y telúrica, desde la Calle Atravesada en la Historia, nos dejó la metáfora triste de las futuras conclusiones fascistas de la elite: desaparecieron el Mar Caribe.

A la larga lista de sus yerros presentados como verdades infalibles, le debemos la “prodigiosa” ignorancia de que Nicaragua haya limitado al Este con el Océano Atlántico. Aquello que no responde a su hacienda, a sus códigos políticos, religiosos y sociales, es excluido sin misericordia alguna.

El general José Santos Zelaya derribó el venerado tótem a la postración secular. La recuperación de La Mosquitia es un hito que nos restablece como país. Pero la Nota Knox, 1909, lesionó nuestra soberanía, menguándose aún más en la ideología conservadora hasta reducir Nicaragua a un incierto remedo de provincia ocupada en 1912. Benjamín Zeledón se alzó contra la indignidad.

Con Augusto César Sandino, la Patria por primera vez se vuelve completa. Pero ya en tiempos tan tempranos, para las fuerzas oscuras que merodean el poder desde los balcones de su alcurnia, eso significó una herejía. El General jamás comulgó con los valores de la elite. Y la elite no perdona.

Tal linaje a la fecha carece de un elemental sentido de nación. Es que el pensamiento conservador nunca produjo Patria. En el planisferio maniqueísta de su vidorra solo existe Estados Unidos y la “maldad” de ser un país de verdad.

Aborrecen a la Unión Americana de virtudes, oportunidades y grandes hombres como George Washington, Benjamín Franklin, John F. Kennedy, George Washington Carver, Martin Luther King, Jimmy Carter…

Su “devoción” es mercenaria. Idolatran a William H. Taft, Theodore Roosevelt, William Randolph Hearst, Joseph McCarthy, Ronald Reagan, y en sus giras recientes rezan al revés a JFK: “No pregunten ¿qué puedo hacer por mi Patria? sino ¿qué es lo que su Imperialismo puede hacer por mí?”

De la misma manera que delimitó el ámbito espacial, económico, cultural y político de la nación conforme a sus cánones, para salvarla del “pernicioso” mestizaje, la elite también dictó una lastimosa concepción de la sociedad nicaragüense: si acepta su Historia, es “el pueblo”; si se atreve a hacer una nueva Historia con su voto a favor del FSLN, es “fraude”; si rechaza la confrontación “es pasivo”; si no acude a sus convocatorias, es “apático”.

El “pueblo” son 50 personas que protestan frente al Parlamento. 2.3% de simpatía política de un partido de papel periódico es “multitud”. Lo demás es, dice Violeta Granera, “motete sin conciencia”. La elite menosprecia el intelecto del nicaragüense.

De esa autoritaria y rígida visión deriva su deformada narrativa de la democracia: lo es, en tanto sus ungidos ganen las elecciones y estén en el poder. Y el poder debe ser puro, no producto de una mezcla. Por eso la “izquierda” kafkiana, al despertar en los brazos de la elite, tras dormir con mucha tranquilidad, amaneció mejor que Gregorio Samsa: convertida en una monstruosa ultraderecha.

II

El sentido de pertenencia es parte de la filosofía del Frente Sandinista. La inclusión social, geográfica, cultural, vale decir el enriquecedor mestizaje, es vital, pero acarrea los costos de la manipulación despiadada de la derecha integrista.

Comparar estos años con la misma vara con que se midió la economía de un escaso trozo de Nicaragua – ni siquiera el Pacífico entero– de los tiempos de Somoza, es una ofensa a la inteligencia del nicaragüense.

En la mentalidad conservadora, Nicaragua siempre constituyó 130 mil kilómetros cuadrados de agro, industria, comercio e infraestructura. Partir de una falsa premisa es el origen de toda diatriba. Lo único nacional fue la represión.

En 1975, durante el último Somoza, la población era de 2 millones 160 mil (Almanaque Mundial 1977). Hoy somos más de 6 millones de almas.

En 1973, el ingreso por habitante fue de US$ 555; en 2006, la “eficiente” economía registró un índice de US$ 1,203.7. El repunte histórico aconteció en 2015: cerró con más de 2 mil dólares per cápita.

La esperanza promedio de existencia –el dato, no el discurso– registra lo bueno o malo que anda un país: el Banco Mundial precisa que en 1960 era de 47 años; Datosmacro indica que en 1977 era de 57 años. ¡En 2014 se amplió la vida a 75 años! (BM).

Es un amor declarado –y descarado– al somocismo, establecer como paradigma el desempeño del gobierno de Luis y Tacho, la burguesía y los productores, focalizados en un reducto, con la actual administración. Si en 2006 nuestro país contaba con un 54% de cobertura eléctrica nacional, ¿cómo sería en 1977?

Solo en este indispensable rubro del desarrollo, 2016 empezó con un suministro de energía superior al 85%. Es con el liderazgo del presidente Daniel Ortega y la escritora Rosario Murillo que este año se enchufarán al país casi 800 comunidades del Centro Norte y la Costa Caribe.

Hasta el presidente Bolaños, como sucedió en el siglo XX, San Carlos figuraba, en la División Política Administrativa, como el Purgatorio terrenal. Un juez corrupto o alguien indeseable para el poder de Managua, ahí expiaba sus culpas.

Con la asunción del Sandinismo en 2007, Acoyapa dejó de ser el borde fronterizo del sureste de Nicaragua. Río San Juan, sin peso electoral significativo, fue incorporado al siglo XXI a la par de los departamentos densamente poblados.

Hacer amanecer el sueño de Rubén, la Patria Grande, es una respuesta al pensamiento conservador que acuñó con orgullo, en un diminutivo, su desprecio a la República de Nicaragua y su odio visceral al derecho de ser un Estado independiente: “Paisito”.

El Altísimo, YHVH, creó naciones, tribus y lenguas. Dios no es Dios de patios traseros.

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