Ese, Fidel, es nuestro regalo de cumpleaños

12 Agosto 2016
Ese, Fidel, es nuestro regalo de cumpleaños

Por Tomás Borge.

Cuando me asignaron unos minutos para hablar sobre Fidel Castro, quedé desconcertado. Me hubiera sido más fácil hablar del Quijote o del Cid Campeador. Le dije a Marcela, mi compañera: no tengo palabras para hablar de este caballero con botas de siete leguas. Ella me dijo: “No sea mentiroso. ¿Cómo no va a saber qué decir, si usted quiere a Fidel más que a mi?”.

La revolución cubana y su comandante en jefe inspiraron la lucha épica del pueblo de Nicaragua contra la dictadura de Somoza, y no han sido ajenas a la distribución de los optimismos de estas nuevas victorias sandinistas.

¿Quién puede dudar de la influencia de la revolución cubana y de Fidel en los éxitos sucesivos de Hugo Chávez y el pueblo bolivariano de Venezuela? Fidel es la inspiración de Evo Morales, quien lo considera un padre. ¿Quién me dice que otros lugares de América Latina, como Uruguay, Argentina, Brasil y Ecuador son extraños a la singular batalla de Cuba, con su ejemplo de coraje y fraternidad?

El destino de los pueblos pobres y aún de los países ricos tiene como punto de referencia obligatorio a la revolución cubana y a Fidel Castro.

¿Quién es Fidel? Lo saben sus hermanos entrañables. Lo sabe Raúl, el hombre que tiene la virtud de disimular su propia luz. Lo saben Juan, Ramiro, Guillermo y toda la constelación de hombres y mujeres que lo rodean. Lo saben los hambrientos de Haití, los alfabetizados de Nicaragua y Venezuela, los pueblos originarios, y hasta los niños especiales. Lo saben los enfermos de tristeza y de paludismo en tierras remotas, en barrios habitados por flacuchos, de esos que tienen frío y sed de palabras cordiales y dulces, pronunciadas por médicos alegres y abnegados. Lo saben los nicaragüenses, los sandinistas victoriosos que le dieron, sin duda, una gran alegría al hombre objeto de nuestros abrazos. Lo sabe Daniel, presidente de la tierra de Sandino, de Rubén Darío y de Carlos Fonseca.

Así que, después de estar mudo por largo tiempo, recordé a Fidel, cuando me dijo: “La lealtad es la virtud más importante de un revolucionario”.

Es que Fidel no sólo es leal a sus principios: es leal a todo. Es leal al canto de los jilgueros, es leal a quienes carecen del arroz hervido, es leal a los buenos vinos, es leal a la recuperación milagrosa de los paisajes, es leal a la gloria de un grano de maíz, es leal a sus amigos y, lo más curioso, hasta es leal a sus enemigos. Fidel es leal, sobre todo, a la verdad. Nunca miente. Mas bien, no miente jamás. Miente tan solo para ocultar los dolores de su cuerpo y, si acaso, para disimular las heridas del alma. Fidel es leal a su coraje. No le tuvo miedo al fuego de los fusiles ni a las explosiones ni a los huracanes ni a las invasiones. No les teme a los demonios ni a la ternura ni a esa solidaridad que le chorrea como manantial. Es un hombre que ama la vida, pero no le tiene miedo a la muerte ni está enamorado de la inmortalidad. Herencia inequívoca de José Martí.

Fidel es el hombre más amado de cuantos seres humanos existen. Y es respetado por todos, incluyendo a sus enemigos.

Esta es una fiesta de cumpleaños y, como es costumbre, se traen regalos. Los sandinistas le traemos un regalo a Fidel: la unidad de los revolucionarios nicaragüenses y el profundo compromiso de ser leales a los principios que dieron origen a la revolución sandinista.

Nicaragua tiene los brazos abiertos para la cordialidad y el afecto, pero exigirá con inquebrantable convicción el respeto a su dignidad, a su soberanía, a su lealtad con los pobres. Seremos fieles hasta la muerte a todas las causas justas del mundo, a la revolución cubana y a nuestro entrañable hermano. Ese, Fidel, es nuestro regalo de cumpleaños.

La Habana, 13 de agosto de 2006

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