La hipocresía del imperialismo norteamericano y sus secuaces nicaragüenses

09 Diciembre 2016

Por Carlos Escorcia Polanco.

1949, luego de expulsar a los invasores japoneses y derrotar a la oligarquía criolla, triunfa la revolución China bajo la dirección de Mao Tse Tung. Mao pide ayuda a Estados Unidos para reconstruir el país, postrado luego de 10 años de guerra pero el presidente Harry S. Truman se niega a recibirlo en la Casa Blanca.  Hoy la revolución china está consolidada y económicamente está "tú a tú" con Estados Unidos.

1959, triunfa la Revolución cubana, Fidel Castro entra triunfante a La Habana el 1 de Enero de 1959. El pais está destruido luego de 6 años de guerra revolucionaria que culmina con la huida del tirano pro estadounidense Fulgencio Batista. Fidel Castro pide ayuda a Estados Unidos para reconstruir el país, pero el presidente Dwight David Eisenhower se niega a recibirlo en la Casa Blanca, pero la revolución cubana se consolida.

1979, luego de 20 años de lucha desigual, triunfa en Nicaragua la Revolución Sandinista bajo el liderazgo de Daniel Ortega Saavedra. Ortega pide ayuda a Estados Unidos para reconstruir el pais totalmente devastado por la guerra. Es recibido por el presidente Jimmy Carter en la Casa Blanca.

Estados Unidos aprueba 75 millones de dólares. El gobierno Sandinista recibe un desembolso de 15 millones, pero luego Carter pierde las elecciones ante Reagan y este suspende inmediatamente los restantes 60 millones de dólares aprobado anteriormente. La revolución se consolida, Reagan se va, la revolución se queda.

Reagan, sin aprobación del congreso recluta, entrena y financia a ex guardias somocistas en la Contra los cuales intentan sin éxito derrotar militarmente a la Revolución. La oposición antiSandinista, gana una elección pero pierde la guerra. Los ex guardias y campesiños engañados por la oligarquía son obligados por Estados Unidos a desarmarse y su sueño de marchar triunfantes sobre Managua, jamás se cumple.

Durante 17 años, desgobiernan a Nicaragua, 3 gobiernos títeres de Estados Unidos. Regresan los altos oficiales de la G.N. de Miami a recuperar sus "legítimas" propiedades, lanzando a la calle a miles de viudas, huérfanos y madres de héroes y madres de la Revolución Sandinista.

El pueblo Sandinista, lanzado por decenas de miles al desempleo y la indigencia total,al ser echados de las casas que les dió la Revolución, resiste, nuevamente en desigual lucha, la feroz embestida y avalancha revanchista. Los gobiernos títeres se quejan que Ortega "no nos deja gobernar", pero desmantelan todas las conquistas revolucionarios, venden el ferrocarril, renuncian a la compensación multimillonaria de 17 mil millones de dólares que era Estados Unidos en deberle a Nicaragua.

Simultáneamente, los carteles de la droga colombianos ejecutan al coronel somocista Enrique Bermúdez Varela a la entrada del hotel Crowne Plaza, antiguamente conocido como Hotel Intercontinental, Managua. Pero muerto Bermúdez, la Revolución Sandinsita enfrenta a un nuevo Bermúdez en el parlamento llamado Sergio Ramírez Mercado, quien junto con los gobiernos títeres, pretende crear una nuevo marco constitucional cuyo objetivo era hacer legalmente imposible el retorno de Daniel Ortega al poder.

Los mismos "sandinistas" que en la década de los 80 vivian "ajochando" a Daniel a que echara presos a todos los del COSEP, los mismos sandinosos que se negaban a reconocer la derrota electoral del 90, obligando al comandante Ortega a pedir la ayuda de Jimmy Carter para convencerlos a que reconocieran su derrota, los mismos "sandinay", que no han sido procesados internacionalmente por la "Navidad Roja" de 1981, porque ahora son del otro bando, los mismos falsos revolucionarios que hoy integran el MRS, dejaron solo a Daniel.

Los ex sandinistas y traidores a la patria, se pasaron al bando del neo somocismo "con todo y cartuchera".  Toda la bancada "sandinista" abandono en masa al partido.  "Ortega se adueñó el partido" dicen ahora, olvidando que fueron ellos los que se fueron, como las ratas que abandonan el barco, cuando este se hunde y cuando nadie daba un centavo por Ortega, ni en Managua, mucho menos en Washington.  Pero como decía el último fundador del FSLN, los partidos no se dividen desde abajo, sino desde arriba, la pobretaría jamás abandonó a Daniel.

Soy testigo presencial de como los pobladores de barrios pobres ven a Ortega como a un semi-dios.  Los obreros, los campesinos, las locatarias, las sirvientas, las tortilleras, los albañiles, los come-cuando hay, esos jamás abandonaron al comandante y todos ellos mantuvieron vivo al partido, resistiendo la feroz avalancha neo-liberal.  Si es verdad, "Ortega se adueñó del partido", porque jamás lo abandonó y porque las masas populares, tampoco jamás abandonaron, ni a Daniel ni al partido.

2007, Daniel Ortega retorna al poder luego de 17 años de peregrinar en el desierto. La derecha habla de fraude, pero calla que durante esos 17 años, gobernando sin guerras, sin bloqueos, sin minados a los puertos, sin voladura de puentes, sin sabotajes a la economía, no fueron capaces de sacar a Nicaragua del humillante puesto de ser el país mas pobre de América después e Haití, posición que veníamos arrastrando desde la época de Anastasio Somoza Debayle.

2016, la oposición echa la bilis, profundamente dolida por las gallinitas, las chanchitas y las vacas preñadas que mediante préstamos equivalentes a 2 mil dólares otorga el gobierno Sandinista a mujeres madres solteras de Nicaragua.

Igualmente los multimillonarios se retuercen de dolor por las tristes laminitas de zinc que reciben los pobres.

Hoy, el gobierno Sandinista bajo la dirección de la pareja presidencial, se afianza, se consolida y al menos en el corto plazo luce invencible electoralmente. A pesar de algunos errores, como el no saber manejar las relaciones con los evangélicos, el gobierno Sandinista administra la mejor economía de todo Centroamérica y goza del apoyo mayoritario de las clases populares de la nación nicaragüense. Reagan se fue, la Revolución se quedó.

Carlos Escorcia Polanco es analista político nicaragüense, afincado en Los Ángeles, California.

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