Lástima por nuestros Obispos, ¡se olvidan del Señor!

21 Marzo 2009
En las últimas semanas ya es una costumbre leer en los periódicos, continuas declaraciones del obispo de Granada, monseñor Bernardo Hombach, opinando sobre esto, lo otro y lo aquello, en un 99.99 por ciento sobre temas materiales, política "mundana" como dicen los seguidores de religiones no católica, y como el resto de sus hermanos de la Conferencia Episcopal se ha olvidado de Dios. Dicha práctica no es exclusiva de Hombach, ni del resto de los máximos jefes de la jerarquía de la Iglesia Católica, sino de hasta simples y sencillos curitas como un señor Álvarez, de la Catedral de Managua, quienes aunque saben con toda seguridad que son utilizados políticamente por los dueños esos medios, se prestan gustosos todo sea por figurar, que dicen es pecado. A Hombach, igual que a Juan Abelardo Mata, de Estelí, y el obispo Sándigo, de Chontales, y muy de cuando en vez el señor Álvarez, los dueños y editores de esos medios los utilizan como los chicles, los "mascan" por un rato, disfrutando de su verborrea antisandinista y manoseando su "autoridad" moral para darles credibilidad entre sus lectores, y después los botan para volverlos a usar. Hace algunas semanas, uno de los periódicos le sacó una entrevista al obispo de Granada en torno a las acusaciones de presunto enriquecimiento ilícito del presidente del Consejo Supremo Electoral, doctor Roberto Rivas Reyes, y sin recato alguno Hombach se permitió opinar sobre la honorabilidad del señalado sin conocer la veracidad de las imputaciones, pues aducía: "si es cierto eso". No defiendo la honradez de Rivas Reyes, ¡ese es su problema a dilucidar! Pero me causa una profunda vergüenza que uno de los máximos jefes de la Iglesia Católica del país, se rebaje a quitarle o ensuciar la honra de otro semejante sin tener plena seguridad de que el señalado es ladrón, olvidando por completo las enseñanzas de Cristo, plasmadas en la Biblia, su libro de cabecera. Estos purpurados han caído al nivel de los Alejandro Serrano Caldera, Carlos Tunnerman Berheim, y otros, quienes -sin dejarles de reconocer sus méritos- se han convertido en perennes fuentes de los periódicos, opinando en igual porcentaje de política, ensalzados como "analistas políticos", "politólogos", etc., y hasta dicen ser la voz del pensamiento del resto de la ciudadanía del país. De los jerarcas católicos, quien más pena da aparentemente es el arzobispo de Managua, monseñor Leopoldo Brenes, quien se expresa físicamente un tanto "forzado" cuando es abordado sobre temas políticos, y claramente deja ver que prefiere dedicarse a lo que realmente es su vocación -y su tarea- las cosas de Dios, la prédica de la palabra de Cristo, la renovación cristiana de los suyos. Excepto Hombach -en su calidad de germano, a mi juicio-, nuestros purpurados tienen todo el derecho constitucional y ciudadano, no sólo de hablar, sino de participar en política pero deben saber como lo sabe todo mundo en Nicaragua que la política criolla "es sucia", y se exponen además a verse en la vorágine vulgar que ella implica y que cualquiera puede manosearlos también. Son libres, y tienen todo el derecho nuestros sacerdotes, de incursionar y jugar en política. De las opiniones que expresan a entrar al ruedo político meramente humano, mundano, sucio, es poco lo que les falta. Pero no lo hacen porque son por demás hipócritas y cobardes, ya que prefieren escudarse en sus sotanas para mantener intacta su supuesta autoridad moral ante la feligresía. El los últimos días, la empresa privada y políticos liberales, ambos de la misma ralea, han propugnado por un "diálogo nacional", condicionado de antemano a la reversión de las elecciones municipales de noviembre de 2008, y buscando alguna credibilidad y presuntamente para "presionar" al Gobierno de Daniel Ortega, han propuesto a monseñor Brenes como "garante". Según se ha informado, Brenes ya consultó con sus hermanos obispos de la Conferencia Episcopal, y estaría "dispuesto" a ser "garante", cayendo una vez más en la trampa que le tendieron los "demócratas" para hacer el ridículo, ya que para un diálogo (y más cuando es nacional), al menos deben haber dos partes… y el Gobierno de Ortega no ha hablado de diálogo, menos de garante. Brenes ya había tenido una experiencia igual embaucado por los "demócratas", en noviembre de 2008, cuando en menos de 24 horas se plegó a sus feligreses de cuello blanco que gritaban "fraude", sin esperar el resultado oficial, y muchos menos una consulta directa -dada su investidura- a las autoridades electorales sobre sus "dudas", las "irregularidades", el "fraude". Contrario a la vanidad mundana de caer en el "figureo" en los periódicos, a los feligreses nos interesa más saber si Hombach, Mata, Sándigo y el curita ese Álvarez, por ejemplo, invierten tiempo en prepararse y preparar al resto de sacerdotes para predicar la palabra de Dios, de explicar el evangelio en cada misa, apegado a los hechos, guiando a su grey con el ejemplo de Cristo. A contrapelo de los obispos, la "calidad" de nuestros sacerdotes cada día deja más que desear, pues en los púlpitos de las parroquias muestran su precaria y muy liviana preparación teológica, ya que no resaltan la enseñanza de cada evangelio, mucho menos la relación que tienen ahora con ellos la primera lectura, tomada del Viejo Testamento, el salmo seguido, y la segunda lectura, lo que iluminaría, guiaría a los feligreses. Nuestros jerarcas han eliminado en los últimos meses el "Yo pecador" de las misas, y lo peor es que la hicieron sin explicaciones a los fieles, dejando a éstos su propia interpretación de la medida, que en muchos casos la atribuyen como "un favor" a ciertos "señores", que ya no quieren golpearse el pecho en público, un pecho que oculta el corazón de un explotador, lleno de odio. Podríamos recordarle a nuestros obispos aquello de que "dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios", para preguntarles ¿cuánto de su tiempo dedican para recorrer las comunidades de sus diócesis?, penetradas y conquistadas hasta en el último rincón por lo que denominan "sectas", para ver si "recuperan" para el catolicismo a quienes lo han abandonado, en vez de dedicarse a politiquear. ¿Cuántas veces al mes -no a la semana o a la quincena- el curita Álvarez de la catedral de Managua visita a sus feligreses en los barrios aledaños, llenándose de polvo sus costosas zapatillas? ¿Cuántas veces al mes los obispos y curas le dedican un ratito a los pobres?, y practican la "opción por los pobres de la Iglesia", como lo ha definido el Papa Benedicto XVI, dando al menos esperanza a quienes atraviesan dificultades, olvidando un rato sus ricas poltronas y encumbrados templos. No es nada nuevo decir en Nicaragua que tenemos "crisis de valores", pero la continua y persistente figuración de nuestros jerarcas católicos en política, los rebaja al mismo nivel de nuestros políticos criollos, por lo que se deberían de ver en los espejos vergonzosos y decepcionantes de políticos como Enrique Quiñónez y Eliseo Núñez, de José Marenco y Wilfredo Navarro. Parece que a los cristianos sólo nos queda conocer por nuestro propio medio y bajo nuestra propia interpretación las enseñanzas de Cristo, sus evangelios, ya que los prelados tienen una nueva vocación, distinta a la "misión profética, evangelizadora" de la Iglesia, vocación muy distante de los misioneros de hace tiempo atrás… vocación que obviamente es más lucrativa que el camino de Cristo, y que practican –justamente- los que lo condenaron y crucificaron.
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