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Nicaragua y la zombi política regional estadounidense

16 abril de 2017

Por Tortilla con Sal.

En noviembre 2008, la noche de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, un reportero aquí en Nicaragua preguntó al entonces embajador estadounidense, Robert Callahan, qué cambios se podrían esperar en la política regional del nuevo Presidente Barack Obama. Callahan, veterano de la diplomacia de escuadrones de muerte estadounidense desde Honduras a Iraq, dijo que no iba a haber cambios porque la política estadounidense en la región ha sido la misma durante décadas. Tal como decía, pocas semanas después del falso mensaje de buena voluntad del Presidente Obama en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, su gobierno apoyaba el golpe de estado militar en Honduras. Como preveía Callahan, desde 2008 hasta la fecha, aparte de un cambio superficial hacia Cuba, la política regional de Estados Unidos ha sido prácticamente idéntica a la de los cincuenta años anteriores.

Ahora, las élites gobernantes estadounidenses actúan para asegurar que el Presidente Trump, igual que sus predecesores, se adhiera a la Doctrina Monroe la cual han sufrido tanto América Latina y el Caribe desde la época de Simón Bolívar. En el caso de Nicaragua, los ejemplos más recientes de los esfuerzos de las élites estadounidenses para imponer su agenda a la política regional del Presidente Trump han sido el NICA Act de los Republicanos de extrema derecha en el Congreso estadounidense y el ataque de guerra psicológica del Washington Post del pasado 8 de abril “La Unión Soviética peleó la Guerra Fría en Nicaragua. Ahora la Rusia de Putin está de regreso”. El ataque del Washington Post es un señal preocupante que la ala del partido Demócrata de las élites estadounidenses trabajará con los extremistas del partido Republicano para atacar a Nicaragua como hicieron durante la guerra terrorista contra Nicaragua de los años 1980s.

Enterrado dentro de repetidas distorsiones del fondo histórico y contemporáneo, el reportaje del Washington Post alega falsamente que Nicaragua amenaza a los intereses estadounidenses porque recibe equipamiento ruso para sus fuerzas armadas y también alberga una estación terrestre del sistema ruso de posicionamiento global GLONASS. El reportaje reconoce las anteriores iniciativas rusas de cooperación para el desarrollo de Nicaragua, pero alega erróneamente que “En años recientes la relación se ha militarizado”. Y para hacer más agudo el mensaje propagandístico, el reportaje omite mucho contexto esencial, porque, mientras Nicaragua ha tenido mayor crecimiento económico que los demás países centroamericanos, su presupuesto nacional queda modesto en comparación con los de sus países vecinos. Los respectivos presupuestos de defensa y de seguridad de los cinco principales países centroamericanos para el año 2017 son :

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Las cifras contradicen el reportaje taimado y sesgado del Washington Post. Costa Rica gasta más per capita en la seguridad y la defensa que cualquier de los otros países centroamericanos y Nicaragua gasta lo menos. Costa Rica camufla sus recursos de defensa al denominarlos “Fuerzas de Seguridad Pública”, pero aquellas unidades ocupan armamento militar y reciben entrenamiento de las fuerzas armadas de, entre otros países, Colombia e Israel. Las fuerzas armadas de Nicaragua son similares a las de sus vecinos al norte. El país tiene más tanques y artillería, pero éstos son un legado de la larga guerra de la década de los 1980s. En cambio El Salvador, Honduras y Guatemala tienen más aviones y Honduras, Guatemala y Costa Rica, más botes guardacostas. Los números de efectivos para cada país son bastante similares:

Nic

Sin embargo, para Nicaragua las fuerzas armadas de sus países vecinos son mucho más formidables de lo que parecen a primera vista porque comparten bases, instalaciones y acuerdos de cooperación militar con las fuerzas armadas estadounidenses. En Honduras, Soto Cano es la base de la Fuerza de Tarea Conjunta estadounidense “Bravo” y Estados Unidos también tiene instalaciones en Catarasca en la Mosquitia, en Puerto Lempira y Puerto Castillo en la costa caribeña y en Guanaja, una de las Islas de la Bahía de Honduras. En Guatemala, los militares estadounidenses han construido por lo menos cuatro bases con sus homólogos guatemaltecos en San José, Champerico, Tecun Uman and Poptu. En El Salvador, la Fuerza de Tarea Conjunta estadounidense “Águila” ocupa la base de Comalapa. De igual importancia, Costa Rica mantiene un acuerdo que autoriza a Estados Unidos desplegar en su territorio nacional 7000 soldados y más de 40 buques de guerra.

Supuestamente, estas instalaciones militares y acuerdos de cooperación militar forman parte de la mal llamada “guerra contra las drogas” estadounidense. Pero la experiencia de Venezuela y Bolivia es que las autoridades estadounidenses a menudo protegen a los que consideran narcotraficantes útiles, como hacían por ejemplo con narcotraficantes asociados del ex Presidente Álvaro Uribe en Colombia. De igual manera, la “guerra contra el terror” estadounidense ha protegido en Libia, Siria e Iraq a terroristas entrenados, equipados y armados por las agencias del mismo gobierno estadounidense. Entonces, es lógico que, desde la perspectiva de los movimientos progresistas en América Latina y el Caribe, la telaraña de bases militares estadounidenses parece ser una red de control militar en la región y también una cabeza de puente para posibles intervenciones militares. Nada de este contexto esencial figura en el reportaje del Washington Post porque demuestra que es el gobierno de los Estados Unidos, no la Federación Rusa, el que interviene militarmente en la región.

El Washington Post hace sonar la alarma que un diminuto estación terrestre en Nicaragua del sistema ruso de posicionamiento global GLONASS constituye una amenaza por su posible capacidad de vigilancia a los intereses estadounidenses en la región. Pero el reportaje omite el enorme aparato de vigilancia regional de los Estados Unidos. También omite que el sistema satelital GLONASS implica avances tecnológicos muy importantes para Nicaragua y la región. Por ejemplo, análisis geodésicos para mejorar los sistemas catastrales de la región, mejor control del tráfico marítimo y fluvial, mejor información para la industria pesquera y mejor control de la generación y distribución de la energía eléctrica. Además en tiempos de huracanes y actividad sísmica o volcánica, el sistema satelital ayudará el monitoreo y mitigación de riesgo a la población y garantizará las comunicaciones. A largo plazo, GLONASS ayudará a Nicaragua y la región en el monitoreo de los efectos locales del cambio climático por medio de imágenes de alta resolución que permitirán ayudar a las actividades agropecuarias adaptarse a cambios en los patrones del tiempo.

La cooperación para el desarrollo de parte de Estados Unidos no brinda esta transferencia de tecnología. Pero GLONASS estará disponible no solamente para las instituciones del sector público sino también para la empresa privada, incluyendo las empresas e inversionistas estadounidenses. El Washington Post no menciona ninguna de los beneficios a nivel de región de la transferencia de la tecnología satelital rusa a Nicaragua. En cambio ofrece apoyo moral a la iniciativa destructiva del NICA Act promovida por la extrema derecha de la legislativa estadounidense. Se sabe bien que Nicaragua es un pequeño país vulnerable que a nivel internacional no puede darse el lujo de tener malas relaciones con nadie. Actualmente, tiene valiosas relaciones de cooperación para el desarrollo con Taiwan, Corea del Sur y Japón e importantes acuerdos comerciales con la Unión Europea, Estados Unidos, Corea del Sur, Chile y México. Nicaragua mantiene relaciones cordiales con casi todos los países aliados con los Estados Unidos, tal como lo hace con los países aliados de la Federación Rusa.

Nicaragua ha hecho más que los otros países centroamericanos para promover la paz y la seguridad por medio del Sistema de Integración de Centro América (SICA) que incluye Belice, Panamá y República Dominicana. Como miembro de la Alianza Bolivariana de nuestras Américas (ALBA) y de Petrocaribe, Nicaragua ha trabajado también sin descanso a favor de la integración regional por medio de la cooperación pacífica y el comercio justo y complementario. Desde el año 2007, en un contexto económico adverso dominado por otra crisis más del capitalismo corporativo occidental, el crecimiento económico de Nicaragua ha superado lo de todos sus vecinos. La sociedad y economía de Nicaragua se han transformado por medio de políticas, inspiradas por el socialismo, que promueven el diálogo, la solidaridad y la unidad nacional. La más reciente caricatura de Nicaragua en el Washington Post no explica nada de Nicaragua, pero refleja fielmente que la zombi política regional estadounidense se ha estancado profundamente en el corazón de la oscuridad del imperialismo del Siglo 19, incapaz de encararse al alba de un mundo multipolar.



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