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Pobreza y Familia

15 julio de 2017

Por José Gabriel Moya.

Un lema indubitable en el campo militar es y siempre ha sido y será: “divide y vencerás”. Esta pieza clave de muchas victorias y derrotas ciertamente es un factor que explican muchos vaivenes no solamente en el terreno militar, sino también, en diversas áreas de la vida social, familiar e individual.

Queremos referirnos al tema: Pobreza y familia. No pensamos aquí, por no ser oportuno, hacer remembranzas de las diversas teorías que pretenden explicar ¿El porqué de la pobreza? ¿Cómo funcionan los mecanismos de la pobreza? Entre otros aspectos relevantes de este fenómeno social milenario. Millones de seres humanos en la pobreza no están así por causa propia o porque hayan hecho voto de pobreza. A quien le gusta vivir en pobreza, pues a nadie, porque no hay virtud en ser pobre o vivir en la pobreza extrema o como pobre. Este es uno de los dilemas más grande del ser humano y, causas de muchos conflictos y violencias, sobre todo, cuando ha estado atada (o subyacente) a otros mecanismos de opresión y de sometimientos de la voluntad de los pueblos por sus recursos petroleros o minerales de toda naturaleza.

El capitalismo y la reproducción ampliada del capital basado en la propiedad privada y la plusvalía son el mecanismo supremo de la reproducción de la riqueza y de la pobreza. Este punto no está sujeto a discusión por ser indubitable, un axioma, un paradigma del capital. El 1% del planeta es la propietaria del 51% de la riqueza acumulada mundial y, dentro de este porcentaje existe una ínfima minoría que representa el poder absoluto del capitalismo. No es tampoco el momento de descifrar el tipo de mentalidad que gobierna en la mente de las élites, pero una cosa si es evidente: codicia y poder. Y de igual manera, como podemos explicar su mentalidad fascista por las condiciones materiales de vida que han propiciado, por la ruina y destrozo que del planeta han hecho, y continúan haciendo, –por sus frutos lo conoceréis-, asimismo, podemos confirmar que hay arrogancia del intelecto, pero también, mugre en la mentalidad, el anticristo en acción.

No obstante, y más allá del capitalismo, conforme nuestro leal saber y entender y a título de síntesis, efectivamente, los Sistema económicos y sus expresiones políticas o viceversa, tienen un rol preponderante en el status quo existente en las sociedades, status que son defendidos por la clase política con afanes, unos de perpetuarlos y otros, de reformarlos o cambiarlos. El sistema capitalista en particular ha permitido que los ricos se tornen más ricos y los pobres más pobres.

Se cree o piensa que los sistemas económicos generan pobreza independientemente de la voluntad humana, es decir, per se, producen y reproducen pobreza independientemente de nuestra voluntad, pero no es al margen de nuestra voluntad, porque el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, son un producto histórico humano; el hecho de que no la identificáramos en su origen, de que estuviéramos ciegos e ignorantes ante ella, no significa, de que sea así, de que exista independientemente de nuestra voluntad. El hecho simple y fundamental es que todo comienza en la mente y todo termina en la mente. La mente es fundamental. Lo único que existe al margen de nuestra voluntad es la verdad. La verdad es siempre la verdad independientemente de lo que decidamos creer.

Hemos afirmado que la explotación económica es real y la plusvalía es su manifestación, y, por ende, explica la reproducción ampliada del capital. Somos consciente de ello. Lo que, si ocurre en la actualidad, es que independientemente del conocimiento que se tiene de ello, la voluntad de las clases económicamente dominante y sus expresiones políticas –aparentemente muchas veces en contradicciones- es la defensa de sus intereses económicos, por lo cual, es necesario mantener el control del poder político e ideológico. La voluntad soberana de los poderosos de la tierra es la supremacía mundial, adueñarse de los recursos estratégicos de la tierra y del poder.

Lo expresado solamente es un marco de referencia para referirnos a otros factores, que no son de naturaleza exógenos a la interpretación que de la pobreza se hace, todo lo contrario, es de naturaleza endógena. Un factor que apuntala y refuerza la pobreza que genera el sistema capitalista, es a nuestro juicio, la fragmentación de la familia, es decir, su división. Se supone que ese bastión de la sociedad denominado “Núcleo familiar”, es la base de la sociedad y, ciertamente, es la piedra angular de la sociedad. A pesar de las contradicciones que se generan en los núcleos de las familias, de la zozobra por la pobreza, los lazos de consaguinidad son atávicos.

Hay factores fuertes que actúan en contra de la unidad de la familia: la pobreza es uno de ello y quizás el más determinante, por que no solamente somete a las familias a la escasez y miseria, sino también, que le impide gozar de las oportunidades de la educación, y de la luz del conocimiento valorativo, técnico y científico y, finalmente, la fragmenta físicamente, y cada quien toma su rumbo, forma su hogar, o desarrolla sus propias actividades al margen de la familia. No nos estamos refiriendo a los lazos afectivos, sino a la división física y de propósitos. Sin embargo, en contra de esas tendencias hay que actuar y proceder como núcleo familiar.

El punto es que la familia debe crearse y recrearse como unidad familiar y, a partir de ciertas condiciones, desarrollar propuesta de iniciativa empresarial productiva en los diversos campos de la economía, por muy embrionaria que resulte la iniciativa debe apostar a ella en un esfuerzo cotidiano y desde el núcleo familiar; lo más encomiable sería la productiva, pero pueden ser actividades culturales, artesanales, comerciales, entre otras, pero que por muy pequeña que sean al inicio, lo importantes es que exista la voluntad de hacerlo, de uniformar el esfuerzo de la familia orientado a esa finalidad. Es evidente que esto no es una solución mágica, por lo tanto, se requiere de una fuerte voluntad y convicción para hacerlo, pero, sobre todo, de una excelente determinación y disciplina financiera.

Aparentemente, este esfuerzo que estamos señalando es cosa del pasado y está en contra de la modernización y la globalización, y ha sucedido históricamente por inercia, en particular, en la economía rural y en las comunidades autóctonas, pero no es así, no puede ser así, y no estamos hablando de que la inercia promueva el desarrollo, pues se requiere como punto de partida, tomar la decisión con la determinación y la convicción plena de lo que se quiere y se busca, es decir, proceder en virtud de estar consciente de lo planeado. Este tipo de planteamiento también, podría apreciarse como infortunado por la clase política y por todas aquellas personas que son pilares del capitalismo y formuladores de su política económica, en virtud de que ellos son formuladores de políticas para los ricos no para los pobres.

De ninguna manera pretendemos ser los artífices de un tipo de reingeniería económica, no es esa la motivación de este escrito, pues no podemos estar en contra de la espiral tecnológica, de la necesidad de desarrollar los sistemas intensivos de producción, pero, además, la innovación y el avance tecnológico no está en contra del esfuerzo económico familiar. Un ejemplo concreto que se relaciona con la lógica de lo que estamos afirmando es la del Programa “Usura Cero” y el Programa “Hambre Cero” que tan acertadamente ha desarrollado el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional.

Las razones de estos programas están cimentadas por la erradicación de la pobreza, no obstante, tiene una fuerte connotación humanista que es imposible de ocultar. Estas lógicas son correctas, pero a nuestro juicio, es necesario abundar aún más, en el sentido integral que debería tener, pues no se trata solamente de establecer un método para mejorar las condiciones de vida, sino que es necesario desarrollar lo que Joseph Alois Schumpeter llamaba el “Espíritu Empresarial”. La única vía de superación de la pobreza es producir riqueza. Si nos juntamos los miembros de la familia para desarrollar una iniciativa empresarial, en particular productiva, al poco tiempo, podemos enterarnos que es viable, y no sólo viable, sino también, deseable hacerlo. Pero no sólo hacerlo simplemente como forma de ganarse el sustento, sino también, buscando el crecimiento económico y la ganancia económica, lo que, a nuestro juicio, es una responsabilidad social, al menos y en tanto, configuramos un nuevo modo de producción.

Repetimos, uno de los factores que refuerzan la pobreza, es la división de la familia y, por lo tanto, la ausencia de iniciativas económicas a partir del núcleo familiar; es decir, la constante es la fragmentación del núcleo familiar. El desarrollo de los núcleos familiares como unidades económicas empresariales no contradicen en nada la misión que ha logrado perpetuarla, todo lo contrario, es compatible con la justa necesidad de crecer y desarrollarse como personas, para que puedan disfrutar de los bienes y servicios acumulados que la humanidad ha aportado para vivir en condiciones aceptable. Recordando que hay una concatenación universal entre lo material y espiritual. De ahí, que podemos afirmar que, en el corto y mediano plazo, el desarrollo espiritual al margen de lo material es un error, pero el desarrollo material al margen de lo espiritual, es una aberración.

Desde luego, no se trata de impedir que en la familia cada quien desarrolle sus capacidades según su vocación e intereses personales, sin embargo, la capitalización del esfuerzo familiar o más acertadamente, la socialización del esfuerzo familiar, a nuestro juicio, significa un potencial de desarrollo económico, social, político, cultural y religioso. No estamos diciendo que la mano de obra familiar deba ser una constante invariable, sino, que las mayores oportunidades de la familia están en juntar sus esfuerzos, capital, conocimientos, experiencias, entre otros aspectos, lo que nos lleva a considerar que de igual manera que las naciones sufren efectos negativos a partir de la falta de unidad nacional, de igual forma, la falta de unidad en el esfuerzo colectivo familiar también la impacta negativamente.

No es, por lo tanto, la falta de democracia lo explica la pobreza, sino al contrario, la falta de democracia se podría explicar en parte por la pobreza. No obstante, podríamos estar en presencia –conforme los parámetros usuales que definen una democracia capitalista-, ante una sociedad democrática, pluralista, apegada a derecho, pero abigarrada, fragmentada, dividida, y, en consecuencia, su problema fundamental, y mecanismo de pobreza es el Fallo de la Unidad Nacional, es decir, en el centro de cada división está la falta de unidad.

En este gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, más allá del modelo de sistema político “cristiana, socialista y solidario”, en el centro de la política está el ser humano, la familia, la comunidad. Y no en vano existe una Ministerio de la Familia y un Ministerio de la Economía Familiar, Comunitaria, Cooperativa y Asociativa. Y es, ciertamente, el concepto de la familia, el punto de partida que tenemos que pensar y repensar para darnos cuenta que en la unidad de la familia está la fuerza y el poder para desarrollar un modo de vida mejor. Los maestros siempre han predicado que individualmente nada somos, y que aún, para nuestra salvación espiritual necesitamos de la colaboración de nuestros hermanos.

El socialismo humano, “cristiana, socialista, solidario”, autogestionario, comunitario o del siglo veintiuno o como queramos llamarle, debe comenzar en casa, es ahí, donde debe radicar el aprendizaje radical de aunar esfuerzos, crecer y compartir solidariamente. En principio, lo que no podamos hacer por nuestras familias, no lo haremos por el prójimo. La socialización material y espiritual está en nuestras manos y, en, y con nuestras familias.

En virtud de que tenemos el Poder Consciente de entender y comprender la dinámica del capitalismo, hagamos de él – en tanto lo trasformamos-, una herramienta para desarrollarnos material y espiritualmente, en el entendido, que es la práctica de los valores humanista, cristianos, socialista y solidarios, en y dentro de las familias, que podrán conducirnos de manera sostenida y sostenible a mejores niveles de vida en contra del flagelo de la pobreza. El redespertar conscientemente de la unidad familiar en los principios del humanismo y/o cristianismo, libertad, igualdad, fraternidad y solidaridad, son la clave para compartir y socializar. Que así sea por la vida.

José Gabriel Moya

moyagabriel21@yahoo.es

Managua,14 de Julio de 2017



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