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América Latina atraviese una etapa crucial de su historia

12 agosto de 2017

Por Juan Luis Vallina Ariznavarreta, El Tapín.com

Los procesos democráticos liderados por gobiernos populares y movimientos de izquierda, se enfrentan hoy a una nueva embestida del imperialismo, las oligarquías nacionales y el capital transnacional. El impacto de la crisis internacional, la caída de los bienes de exportación, especialmente los hidrocarburos, abren para estos países nuevos retos y desafíos.

En todos estos años atrás y contra la resistencia de muchos países del área, el neoliberalismo no ha cejado en su empeño de extender su lógica política y financiera. No se trata de una teoría de cooperación y desarrollo sino de una doctrina de saqueo a esos pueblos. Es evidente que con el neoliberalismo la economía mundial no ha crecido en términos reales. Más bien se ha multiplicado la inestabilidad, la especulación, la deuda externa, la desigualdad, el desempleo y en consecuencia un mayor abismo entre Norte y Sur. Esta situación ha resucitado o fortalecido el conservadurismo reactivando el racismo y la xenofobia, el fundamentalismo y el militarismo. El avance tecnológico ha propiciado un alto nivel de concertación comunicacional entre el imperialismo y las oligarquías para manipular a las masas a su antojo. Eso se nos ofrece a diario en los medios de comunicación, creando un estado de opinión interesado con la única finalidad de manipular mentes y trastocar resultados, unas veces de opinión, otras veces electorales.

Se utilizan los poderes legislativos, judiciales y mediáticos para quebrar el orden democrático, se imponen paquetes de ajustes con privatizaciones y despidos masivos. La corrupción está presente en las instituciones, etc. Todo ello crea tal desánimo en la ciudadanía que crece la apatía, el desinterés y la pasividad para defender nuestros derechos. Ese es el objetivo de fondo y que desgraciadamente cala en buena parte de la sociedad. Ser ellos los que hagan a su antojo.

Centrándome en América Latina, el caso venezolano aun con toda su complejidad es el mejor referente. Sostener como dice el Sr. Trump que Venezuela es una amenaza para EE.UU, cuando ni tiene un potencial militar, ni bases en el extranjero, ni intereses concretos contra ningún país, es cuando menos una falacia. En su debut en el Congreso llegó a decir que “gracias a su mandato los Estados Unidos estarían listos para liderar el mundo”. Lo que no dijo fue como procedería para lograrlo. De ahí que defender la revolución bolivariana como proyecto emancipador sea una necesidad impostergable al margen de quien sea su presidente. Hoy es Venezuela, mañana pueden ser Bolivia, Ecuador o Nicaragua por citar unos ejemplos. En Honduras y Brasil, ya se encargaron de aplicar otras fórmulas no electorales para llegar al poder, sin que suscitaran la atención internacional, ni los gobiernos “democráticos” se pronunciaran.

Es necesario fortalecer las organizaciones y movimientos sociales para enfrentar esas adversidades pero sobre todo se deben abrir más oportunidades al comercio y a la cooperación intrarregional para defender la autonomía económica como garantía de la autonomía política.



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