A los jóvenes de siempre, de San José de las Mulas

24 Enero 2018
A los jóvenes de siempre, de San José de las Mulas

Por Manuel E Cajina Mixter.

Y dicen que cantaron venceremos al filo de la madrugada, cual es esa, preguntó el chavalo a su abuelo, que rondaba los 56, aquella, le contesto sereno, la que dice; "recordando al soldado valiente, cuyo ejemplo lo hiciera inmortal, enfrentemos primero a la muerte, traicionar a la patria; jamás.

Luego concluyó que entre los combatientes de la Guerrilla antisomocista que derrocó al tirano en el 79 y los defensores de la revolución popular en los 80; existe un eslabón; La Generación de Jóvenes de San José de las Mulas.

La expresión más nítida de esta generación, la constituían quienes sobrevivieron a los batallones de infantería de reserva 3062 y 3072.

Antiguos combatientes insurreccionales y una buena gran parte de jóvenes ex alfabetizadores, sintiéndose protagonistas de la construcción de una sociedad más justa, se adentraron a la montaña, para practicar la negación de sí mismo, despojándose de todos los encantos juveniles que tenía la construcción de una revolución en la ciudad.

Nadie sospechó, ni calculó, que la resurgida guardia, tenía ya, una expresión armada, con un alto volumen de fuego que estrenaron contra los valientes estudiantes, que disfrazado de soldados mal armados, construían parques y escuelas, donde hacia algunos meses, también, habían enseñado a leer.

El castigo por haberse atrevido en un país empobrecido "hacer el cielo a mano y sin permiso", como rezaba una canción en boca de los muchachos que optaron por ser revolucionarios, tenia que ser "ejemplar". Y para ello, seleccionaron a un grupo situado cerca de un sitio icono de la guerrilla que destartaló a la guardia pretoriana de los Somoza; PANCASAN, a solo unas cuantas horas de SJ d la M Ahí, se hicieron leyendas; Miguelito, con tan solo 15 años, junto al recuerdo de su madre, la María; Oswaldo Manzanares, con una cara de profesor, increíble, hijo de la Gregoria; El negro Ricardo, terco, descendiente de la María; los hermanos Dolores y Guillermo Madrigal, que bailaban folclore, frutos de doña Julia y el Magneri, el de la Lidia, el que era ametralladorista.

El CALAMA o Carlos Lacayo, el gato del Elvis Díaz, hijo amado de doña Olga, Alfonso de la Josefa a la que le decían Chepita, el gordo Talavera, q se llamaba Roberto que era hijo de la Cándida, Geovanny el de la Gladys, el pelón del Jimmy, que cocinaba rico la carne asada, seguro que igual q su mamá, doña Vilma y Sergio Granera, el de la Martha.

Enrique, parido por doña Aura María; Esteban, traído al mundo por la Lucrecia, el par de Julio, el Saballos y el Jiménez, de quienes no supimos el nombre de sus viejitas; Esteban, él de la Rosa y Cesar de la Vilma.

Francisco hijo de la Ángela; Mariano de la Cecilia, él Henry de la Concesa; Arnoldo y Noel, de la Feliciana y de la Nidia, respectivamente.

Ahí también, los sobrevivientes; el Camilo, que cubrió la retirada con su ametralladora M-60, El Chico Pinel, q no pudo salvar su súper radio de más de 10 bandas, el tavarich mandibulin, el Álvaro Maltez y Marvin Vallecillo, también el sanitario Manolo q se hizo medico doctor y otro puño de muchachos que después de ese combate, se quedaron algunos meses más en el monte, acompañando al millar de enamorados de la revolución y centinelas del amor, esparcidos desde San Carlos, San Miguel, La Azucena, el Almendro y Boaco, hasta San José del Bocay, Rio Blanco, San Pedro, Wana Wana y Kuskawas.

Todos, en sus tiempos de posta, recordaban la noche que fueron concentrados en los centros de estudio Experimental México y Miguel d Cervantes, de las lágrimas de sus progenitoras madres y postergadas novias, de gritar patria libre o morir, encima de aquellos camiones, para no reventar en llanto y ahogar el nudo en la garganta para desprenderse de la sensación del posible "nunca jamás" Hacían referencia de la noche eterna en Solingalpa que llamaba al asomo del arrepentimiento de haber partido, del horrible arroz, mazoso y crudo que debieron digerir el mero 24 de diciembre en aquella escuela oscura, de inmensas estrellas, de lluvia y lodo de Wana Wana, donde la sabana cálida y blanca de la cama en el hogar, era una tentación que contrastaba con el pedazo de plástico negro que ahora los cobijaba resignado.

Hacían cuentas de lo que harían una vez desmovilizados, de dejar a un lado los cigarros Valencia y Rollal por un Winsor, de la cervezas y el ron que se pasarían por el gasnate, de los polvos pendientes, del cariño infinito que serían capaces de generar hacia sus madres y los suyos, del amor correspondido a la mujer que los había esperado, para seguirlos aguantando.

Todo fue negado de tajo, para más de un centenar de aquellos muchachos, en diferente horas, días y meses, pero aquel 27 de febrero, fue el más duro de todos los segundos; de una vez, 23 de nuestros camaradas, no los cobijó más el sol, sus corazones se desangraron acariciando el alba y la esperanza, pagando el precio más alto, que una joven alma puede valer; su vida, su existencia, su ser.

El sicario resucitado, habían vengado la osadía de los hacedores de revolución, el dolor estaba consumado; los instantáneos momentos eternos del aleteo del inquieto colibrí, reposaba; el néctar en sus picos, algunos todavía moribundos, fueron arrancados.

Más en ese momento, el viento del recuerdo había arrebatado ya, las almas, heridas de muerte, esparciendo su sacrificio en buena semilla, en el de una generación que se reencuentra y evidencia su abrazo en sendas fotos, en una generación q se resiste a existir, que aún, cuando de manera, tenue, los conmemora, el pesar hecho respeto, los invade, compartiendo las historias de siempre, detrás de aquellos fríos muros, que postean sin relevo, el polvo de sus huesos, que perciben el infinito amor de cada madre, que acude a su imborrable recuerdo, hacedor del verso popular hecho cuento, cuecho, que constituyó como eslabón entre la generación que deshizo la tiranía y la sacrificada generación de los 80, en "La Generación de los Jóvenes de San José de las Mulas" y a su expresión máxima; sus héroes y mártires.

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