La polémica entre las feministas abolicionistas y las trabajadoras sexuales

09 Febrero 2018

Por Colectivo Andrógino

1. Abolicionismo es el nombre que se le asigna a un grupo de feministas que propone eliminar el trabajo sexual por cuenta propia, condena y agrede verbalmente a los clientes de las trabajadoras sexuales autónomas, llamándolos puteros, denigrando al mismo tiempo el trabajo sexual libre, tratando de putas y prostitutas a las mujeres que ejercen libremente el trabajo sexual.

2. Puta o prostituta, es el nombre peyorativo y despectivo que la moral sexual imperante utiliza en el sistema patriarcal y en la cultura machista, refiriéndose a mujeres que ejercen el trabajo sexual en forma oculta, clandestina, desorganizada, desprotegida, abusadas por los clientes, hostigadas por las autoridades y condenadas por las instituciones establecidas, avergonzadas y culpabilizadas por la opinión pública que les niega su identidad como trabajadoras y ciudadanas libres, explotadas por los proxenetas, chulos, rufianas, dueños de clubes, salas de fiesta, cantinas, empresarios de la llamada industria sexual pornográfica.

3. Trabajadora sexual es el nombre escogido por las mujeres que ejercen el trabajo sexual en forma libre, voluntaria y autónoma, están organizadas, concientizadas y movilizadas alrededor de los derechos que reclaman para su oficio o profesión, en tanto que trabajo sexual. Estas trabajadoras sexuales se oponen al abolicionismo, venga de donde venga, reclamando al mismo tiempo derechos, leyes, regulaciones y políticas públicas que las protejan y les permitan un espacio social como cualquier trabajador o ciudadano/a.

4. Recientemente (diciembre, 2017) un grupo de feministas españolas publicaron un video y han iniciado una campaña donde acusan a los clientes llamándolos puteros, violadores y esclavizadores de toda mujer que vende un servicio sexual. En este mismo video se le llama mercancía, agujero, pedazo de carne, objeto sexual, víctima, mujeres sin familia, a todas las trabajadoras sexuales.

5. La reacción no se ha hecho esperar. Pero no de parte de los clientes, ciudadanos, completamente anónimos, mucho menos del resto de los hombres en general que debieran sentirse peor que los llamados puteros, pues muchos de aquellos son hombres machistas, responsables de abuso, acoso, explotación y crimen generalizado contra las mujeres, ya sea como novias, esposas, amantes, trabajadoras en cualquier espacios público, la escuela, el colegio, la universidad, el trabajo, los centros de diversión, etc.

6. La primera reacción vino precisamente de las trabajadoras sexuales, pues ellas se sienten aludidas por la forma despectiva del video y porque ellas están al otro lado de los llamados puteros por el feminismo abolicionista, ahora conocido como feminismo-puterano. Como ellas dicen, si en el comercio sexual es delito la venta de un servicio sexual, también debería de ser considerado como delito la compra de dicho servicio. En otras palabras, en todo contrato mercantil, tan delincuente es el que compra como el que vende, por lo que las trabajadoras sexuales se sienten concernidas al ser llamadas víctimas, putas o prostitutas por vender un servicio sexual. De acuerdo a las organizaciones de trabajadoras sexuales, lo que pretende el video es eliminar tantos a los clientes como a las trabajadoras sexuales por cuenta propia. Y todos sabemos que prohibir el trabajo sexual, es condenarlo a la clandestinidad donde cae en las manos de la mafia y delincuentes del comercio y la explotación sexual.

7. Las trabajadoras sexuales, acusadas de mercancías y de putas, señalan que en el mercado todas las relaciones sociales están mercantilizadas y que en el sistema patriarcal toda relación mercantilizada está sexualizada. En el mercado, todos y todas somos compradores/as y vendedores/as de bienes, fuerza de trabajo y servicios en general. El mundo entero ha sido domesticado por el mercado, unos ofreciendo servicios por un tiempo determinado llamado jornada laboral, a cambio de dinero, otros convertidos en adictos al consumo que el mercado ofrece como receta de felicidad.

 

8. Es cada vez más manifiesto que en el sistema capitalista patriarcal donde vivimos, la estrategia mercantil está cada vez más sexualizada. Los bienes y servicios de toda clase son publicitados a través de símbolos sexuales femeninos, más o menos sublimados o enmascarados, desde una Coca-Cola con forma de mujer, una lencería o ropa íntima femenina ofrecida por una modelo o por un maniquí en un escaparate, un carro conducido por una mujer que muestra sus piernas y sus senos, un traje de novia para ofrecerle al potencial príncipe azul que la seducirá con su dinero, fama o poder, una esposa tratada como ama de casa sumisa ofreciendo bienes del hogar, mujeres ataviadas como objeto o símbolo sexy en los desfiles escolares, canchas deportivas, concursos de belleza, así como en la literatura, la industria cinematográfica, particularmente el cine de sexo y violencia, y tantos otros miles de actividades y negocios y lucrativos.

9 Contra todo este panorama se levantó en forma cada vez más beligerante el feminismo, desenmascarando la mercantilización sexual del cuerpo de la mujer. Campaña que combate correctamente la discriminación y estigmatización de las mujeres, el acoso, el abuso y la violencia sexual, la violación y la explotación sexual, la trata de mujeres, la ablación genital o corte del clítoris de millones de niñas, la demonización del sexo femenino por algunas religiones, la doble jornada de trabajo de la mujer dentro y fuera del hogar, el maltrato físico y psicológico que padecen las mujeres en todos los ámbitos de la vida privada y pública, la violación conyugal y la negación del placer y el orgasmo a la mayoría de las mujeres.

10. Sin embargo, con la publicación del video contra los puteros y contra las llamadas putas, esta corriente femenina ha retrocedido o se ha desviado por otras razones. No se dieron cuenta estas compañeras feministas que llamar putas, prostitutas, mercancías, objeto sexual, agujero o pedazo de carne a las trabajadoras sexuales, es aludir a todas las mujeres que son consideradas y tratadas similarmente por los machos y por la opinión pública: mujeres acosadas, abusadas, maltratadas, violadas, cosificadas, esclavizadas, asesinadas. Llamar víctima de una relación prostituida a las trabajadoras sexuales, significaría catalogar de igual manera al resto de mujeres, como las propias feministas lo han señalado en otros contextos y ocasiones. Tampoco se dieron cuenta estas compañeras feministas que llamar putero a los clientes de las trabajadoras sexuales, es liberar o eximir a todos los hombres que en realidad se comportan como puteros, pues la mayoría de los machos solo buscan satisfacer su caprichosa lujuria en la forma más violenta posible.

 11.  En este video de las compañeras feministas, tampoco se condena al sistema patriarcal y la cultura machista basada en la doble moral, generadora de esta inmundicia o infierno sexual en que viven la mayoría de las mujeres del mundo, solteras o casadas, niñas o adultas, dentro y fuera del hogar, en sus países de origen o donde migran en busca de trabajo. Ahora bien, si de industria sexual hablamos, como de un burdel generalizado, debiéramos incluir en esa empresa toda relación monógamo-patriarcal, donde la pareja conyugal es obligada por este sistema a producir y reproducir a los ciudadanos y trabajadores, machos y hembras, en medio de múltiples sacrificios y con escasos momentos de placer, alegría y amor. Sistema de explotación donde no se reconoce ni se retribuye los costos del parto y la crianza de los niños/as, ni el mantenimiento de los adolescentes y jóvenes hasta cuando alcanzan la mayoría de edad y la fábrica los recibe para explotarlos como trabajadores.

 

12.Ahora bien, si putero es el calificativo utilizado por las feministas abolicionistas para calificar a los hombres que consumen o adquieren un servicio sexual femenino en forma mercantilizada, y si puta es el calificativo de toda mujer que entra en una relación heterosexual, patriarcal y machista con los hombres, debiéramos preguntarnos: ¿Quiénes estarían fuera de la condición de putero? ¿Quiénes estarían fuera de la condición de puta o víctima de todos los abusos sexuales? Paradójicamente, los únicos no puteros serían los clientes de las trabajadoras sexuales autónomas porque son a quienes las mujeres obligan a negociar y llegar a un acuerdo consensuado. Igualmente, las únicas mujeres que estarían fuera de la condición de puta o víctima sexual, serían las trabajadoras sexuales, pues ellas no se sienten ni permiten ser víctimas de abuso, violación, explotación; además están entre las pocas mujeres que establecen condiciones materiales, psicológicas, emocionales con los hombres con quien tienen relaciones sexuales. Efectivamente no podríamos considerar como víctimas a todas aquellas trabajadoras sexuales que se organizan y que día a día están luchando y consiguiendo derechos, leyes y políticas públicas a su favor, precisamente, para no ser víctimas de aquellos abusos que las feministas-abolicionistas- puteranas, creen encontrar solamente en los clientes y en las trabajadoras sexuales.

13. Resumiendo, diríamos que puteros serían los que no reconocen de ninguna manera el trabajo de la mujer y las mismas son tratadas como un objeto sexual. En esta condición estarían la mayoría de los hombres, según las mismas feministas. Y víctimas serían todas las mujeres que tienen relaciones heterosexuales sin cariño ni placer por parte de los hombres, sin posibilidades de negociar una relación sexual en el hogar o en la calle; en esta condición estarían la mayoría de las mujeres, no solamente las que son violadas y explotadas abiertamente, maltratadas y esclavizadas, sino las que aparentemente conviven con los hombres en igualdad de condiciones, incluyendo a las parejas conyugales que proyectan una imagen de felicidad como “perfect families” y que las mismas feministas se han encargado de señalar como subordinadas.

14. El discurso feminista, abolicionista o no, ha dicho hasta la saciedad que en una sociedad patriarcal y machista, como la nuestra, toda relación de pareja heterosexual es una relación de poder, hecho constatado cotidianamente y con cuyo argumento estaríamos de acuerdo. Por ende, se desprendería que las únicas mujeres que pudieran considerarse libres serían las feministas plenamente conscientes o las mujeres que no tienen relación heterosexual, como las lesbianas y las monjas de un convento, pues ninguna de ellas incurren ni en la penetración de los machos ni en una relación heterosexual de poder. De ser así, estaríamos frente a un feminismo abolicionista puritanamente radical que estaría prohibiendo toda relación heterosexual. No es por casualidad que las más radicales feministas, se han pronunciado contra la penetración, contra la seducción de los hombres, el enamoramiento tildado de romántico, los juegos eróticos iniciados por los hombres. En este sentido, no habría lugar ni para el placer ni para el afecto amoroso heterosexual. Ahora bien, si es eso lo que quieren, habría que empezar a cuestionar a todas las instituciones patriarcales, empezando por el matrimonio heterosexual, el poder sexualizado en todas sus manifestaciones, la propiedad privada y posesiva de los cuerpos, la mercantilización sexualizada de las relaciones humanas, las religiones monoteístas, el lenguaje, la literatura y el arte que todavía promueven las emociones, los afectos, los sentimientos, las pasiones, los placeres del cuerpo, la reproducción generada por la penetración y el coito, particularmente heterosexual. Estaríamos, pues, ante el movimiento más radical en la promoción de la abstinencia y el puritanismo sensual y sexual en las relaciones heterosexuales.

15. Esta reflexión ha sido alimentada por los testimonios analíticos de organizaciones y lideresas vinculadas directa o indirectamente al trabajo sexual, así como por sus respuestas al abolicionismo puterano. Lo que las compañeras trabajadoras sexuales proponen y pretenden, en base a su experiencia, es que se les respete su identidad, su dignidad, su oficio y sus reivindicaciones. Desean comunicarle a un público que sabe muy poco de su existencia, lo que es una trabajadora sexual empoderada. Se sienten orgullosas de su oficio, de sus derechos y de sus reivindicaciones; plantean abiertamente lo que aspiran para ellas y para el resto de las mujeres. Valientemente han confesado que ejercen su oficio por necesidad, pero a veces también por placer y hasta por afecto; se sienten solidarias de muchos de sus clientes y de las demás mujeres que ejercen la prostitución en condiciones deplorables: luchan contra la prostitución infantil, la violación, la trata de mujeres y toda forma de explotación sexual, el femicidio, los embarazos no deseados, las enfermedades sexo-contagiosas; quieren compartir, para quienes quieren escucharlas, sus experiencias de lucha, mostrando sus dificultades, pero también sus logros. Reiteran su vocación de trabajar con todo el movimiento feminista, pero en igualdad de condiciones, hasta alcanzar una sociedad libre de todas las lacras sexuales y sociales.
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