Devaneos de la cultura democrática en Nicaragua

21 Abril 2009
Por José Gabriel Moya Moyagabriel21@yahoo.es De todas las elecciones habidas en Nicaragua desde el año 1984, fueron estas elecciones municipales del 2008, las más controversiales. Decimos las más controversiales, pues a pesar de que las elecciones generales de 1996 fueron las de mayor irregularidad, un fraude, no obstante, transcurrieron con la mayor tranquilidad en virtud de que el Frente Sandinista aceptó su derrota. Tomando en cuenta el período 1990 – 2009, yo soy de la opinión, de que en otros tiempos pasados, los resultados electorales del año 1996 –en la cual las urnas electorales aparecieron masivamente en las calles-, hubiera sido suficiente motivo para dar lugar a una revuelta política, sin embargo, no sucedió. Tenemos que reconocer, políticamente hablando, que el Frente Sandinista, demostró ser, en primer lugar, muy responsable, en segundo lugar, muy tolerante, en tercer lugar, perseverante, y en cuarto lugar, demostró una vez más, que el FSLN había aceptado, de una vez por todas, las reglas políticas en el marco legal establecido por la Constitución Política de Nicaragua. Desde una perspectiva sociológica, el Frente y su militancia están institucionalizando una nueva cultura política, y esta cultura política pasa, entre otros aspectos, por la Tolerancia, como uno de sus aspectos básicos, que es el que quiero resaltar en este momento. A pesar de este avance en la cultura política del Nicaragüense, en franca contravía se han manifestado cada vez más, los sectores políticos tradicionales, liberales y conservadores. Desde mi punto de vista, es desde el año 1996, que esa tendencia comienza a manifestarse, en primer lugar, por el exacerbado triunfalismo de la dirigencia liberal, y en segundo lugar, a partir de las incitaciones a la violencia del Señor Eduardo Montealegre, candidato derrotado en la reciente elección municipal. Congruente con esta política agresiva y radical, la oposición política al Frente Sandinista y a la Unidad Nicaragua Triunfa, no quiso aceptar su derrota en la campaña electoral recién pasada, sencillamente porque no le convenía aceptarla por muchas razones, e incluso personales. Desde esta perspectiva, toda acción en contra del gobierno sólo ha manifestado una predisposición dolosa de hacer el daño en función de sus intereses de clase que representa el señor Montealegre, y para aniquilar, por lo tanto, toda posibilidad de continuidad en el poder por el Frente Sandinista y de sus aliados. ¿Pero cómo se operativiza esta estrategia? Es sencillo. En primer lugar, es boicoteando toda posibilidad de acceso a recursos que permitan un mayor afianzamiento económico y de superación de la pobreza a la cual fuimos sometidos durante 17 años; y en segundo lugar, dividiendo y radicalizando política e ideológicamente a segmentos de la población nicaragüense. La dirigencia liberal y, en particular, el señor Montealegre, promueve y fomenta el odio visceral antisandinista. El liberalismo explotó por años el antisandinismo, pero percatándose de que el antisandinismo se debilitó como fuerza electoral, lo cual se demostró fehacientemente en las elecciones del 2006, procuran por todo los medios restablecer esa fuerza negativa a su favor, recurriendo a la mentira, a la manipulación y al engaño, bajo una modalidad perversa y destructiva de hacer política. En consecuencia, se usan en contra del Presidente Ortega, una serie de epítetos que no se corresponden con la realidad. Un ejemplo de ello es tildar al presidente de autoritario o de dictador, lo que a mi juicio no se corresponde con la realidad. ¿Por qué no dijeron lo mismo del Dr. Alemán, cuando en realidad, éste fue un gobierno por antonomasia eminentemente autoritario? Simplemente porque eran los mismos. Pero hoy, utilizan los calificativos que según ellos, son los más apropiados para anatematizar, exacerbar los ánimos, para radicalizar a su clientela política, lo que significa un proceso de involución en los valores democráticos y de la tolerancia que dicen defender. Esta política –repito-, está en franca contravía con el desarrollo de una cultura democrática, pero además, es peligrosa para la nación. Y es preciso aclarar, que me refiero al concepto de democracia entendido como "predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado", lo que no contradice el principio de la tolerancia y la convivencia. Si los liberales, y en particular, el señor Montealegre, quiere ganar en las próximas elecciones – aspiración que podríamos aceptar como legítima-, tienen que hacerlo en virtud de un excelente programa y candidato, pero no es permisible que lo hagan a partir de una política onerosa, destructiva, mafiosa, dolosa y encaminada a potenciar valores que están en contra de una cultura democrática y de la dignidad de las personas. Pero no solamente los liberales han involucionado, sino también el extinto MRS, pero quizás, este sea un caso más dramático, porque en ésta agrupación comparecen hombres y mujeres, históricamente, de gran valía y trayectoria política. La dirigencia del MRS, a mi juicio, entre otros factores, involucionó porque adoptó el método tradicional de hacer política, el mismo método del Señor Eduardo Montealegre. El MRS tenía, de conformidad a las elecciones del Noviembre de 2006, una base electoral estimada en un 8%, no obstante, ellos en su obcecación política "antidanielista", se convirtieron en la garantía del triunfo electoral de Alexis Arguello -deberían saberlo-, en el preciso momento en que se declararon a favor de Eduardo Montealegre; puedo estimar, de que al menos un 5% de esa base electoral, votó por Alexis Arguello. Quien haya leído la Carta del Señor Edmundo Jarquín, con relación al retiro del Movimiento Rescate al Sandinismo del MRS, puede darse cuenta, que es la declaración confesa de una política tradicional, dolosa y repugnante, vanagloriándose –según él– de los errores provocados a Daniel Ortega. No obstante, contrario a esa percepción del señor Edmundo, tengo la certeza, que desde el mismo momento en que el MRS declaró su apoyo a Montealegre, se afianzó en nosotros, la convicción de la derrota electoral del señor Montealegre. Los dirigentes del MRS con su declaración de apoyo perdieron la mayor parte de su base política. En realidad, que así lo confiese el señor Edmundo, no es un problema, el problema es que así piense el resto de los connotados dirigentes del MRS, es decir, de los que expresé eran hombres y mujeres de gran trayectoria política, pues en este caso, es poco lo que se puede hacer por ellos. Guardando todas las proporciones de este episodio, el abrazo del MRS a Montealegre, equivale en términos políticos e históricos, al abrazo de Somoza con Agüero. En este caso, y conforme la salvedad expresada, fue destructivo para las aspiraciones del MRS al igual que lo fue en su momento para el Partido Conservador. Pudieron hacer una mejor contribución al país, sobre la base de una política no tradicional, es decir, sobre la base de una política centrada en la moralidad, en la transparencia, en la critica constructiva y en la verdad, pero cuando se hace uso de la engañifa política, de una política dolosa, mafiosa, y sin pudor alguno, se abraza el pensamiento y la estrategia política de Montealegre, sin duda alguna, es porque se ha involucionado políticamente. Volaron en pedazos su reserva moral y su capital político. Quienes dicen repudiar el pacto pactaron con la expresión más execrable de política nacional. ¿Hasta dónde es capaz de llegar la dirigencia del MRS? No lo sé, pero su falta de escrúpulo político me dicta que ni si quiera son dignos del beneficio de la duda. Resumiendo un poco, tenemos que en la vida nacional, y desde una perspectiva sociológica, hay quienes pretenden reeditar épocas pasadas para halar agua a su molino, de esa forma, pretenden potenciar, cueste lo que cueste, el antisandinismo como fuerza política electoral; y otros, le hacen el juego a la ultraderecha política de Nicaragua, disfrazando –en esa vía están irremediablemente-, su antisandinismo de antidanielismo.
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