¿Avanzamos o retrocedemos con el último decreto del MINED?

22 Abril 2009
Algunas voces, pocas, se han levantado alabando el último decreto emitido por el Ministerio de Educación, que sanciona el maltrato físico y sicológico a los educandos, lo que considero un soberano retroceso porque no sólo milita sino que convierte a l@s maestr@s en simples robots, y demerita su trabajo de "maestr@s". Un maestro sin capacidad, sin recursos, sin medidas coercitivas, especialmente los sicológicas, se convierte –como lo hace este lamentable decreto– en un simple expositor de los temas a impartir, circunscrito estrictamente a presentarlos fríamente, esperar que hayan sido comprendidos, y luego evaluar la asimilación que de ellos tuvieron sus educandos. Punto. La medida elimina de un plumazo el acercamiento de los maestros con sus alumnos, los métodos sicológicos para que se esfuercen cada día en ser mejores, no sólo estudiantes, sino futuros ciudadanos, porque todo pedido de mejoría, de aplicación, de empeño, puede ser interpretada como represión sicológica, y sujeto a sanciones, que el dichoso decreto no menciona. No trato hacer apología a usar el maltrato físico como método de enseñanza, ni creo en aquello de que "las letras entran con sangre", como decían los viejos de antaño, siguiendo consignas de grupos oligárquicos que hace muchos años ya –por dicha– utilizaban para disuadir a los pobres a no gozar del derecho del saber, pero la experiencia nos demuestra que sin firmeza en el aula poco hace un maestro. Tampoco apoyo ese método, que utilizaban antes los curas, algunos de ellos con castigos como ponerte por horas de rodillas en un patio de arena, con una piedra en cada mano, por cualquier indisciplina, falta de respeto a los maestros o a los compañeros de aulas, pese a que estudié en escuelas católicas, en los tiempos en que los sacerdotes cumplían con sus votos de pobreza y no los mareaba la acumulación de riquezas. Vean: paulatinamente en Nicaragua hemos venido a menos en cuanto a la calidad de la enseñanza. Hasta casi mediados del siglo pasado, todo escolar para aprobar un grado, y máxime para ser bachiller, tenía que afrontar su examen final de pie, frente a un claustro de profesores, en muchos casos invitados de otros colegios o escuelas. Eso desapareció, y ahí se demostraba si el estudiante sabía... y eran pocos los que se quedaban, porque no existía el recurso del "examen de rescate". Unas décadas después, los genios de la pedagogía y muchas más "gías" que desde entonces inventaron, concluyeron que había que cambiar el método de enseñanza "de memoria" por el de "comprensión", bajo el supuesto que ello no sólo facilita, sino que mejora la retención de las materias entre los alumnos. Y el método "de memoria" desapareció para desgracia nuestra. Hasta la implementación del método de "comprensión", cualquier estudiante de cuarto grado de primera sabía el nombre de todos los países del mundo, de sus capitales, de sus principales ciudades, de sus más importantes montañas y ríos, de sus productos de exportación, sus regímenes políticos. Ya no digamos de historia. Eso desapareció por obra y gracia de la "modernidad". Ahora, un chavalo nuestro, incluso profesionales egresados de las universidades, con dificultad le citarían el nombre de las cabeceras departamentales de Nicaragua, y no les preguntemos por los principales ríos, montañas, volcanes, lagos, lagunas, del país. Igual ocurre con la gramática: he visto a distinguidos profesionales escribir "horrores" ortográficos a granel, hasta el colmo de poner cajón con g. Las reglas de ortografía se aprenden "de memoria no por comprensión", ¿comprenden? Los diputados ya nos habían hecho daño, y más a los menores, al aprobar el famoso Código de la Niñez y la Adolescencia, que da impunidad a los niños en sus actos de violencia, porque no se les puede tocar. No es raro que cualquier día en un semáforo, se le aparezca un cipote con un tenamaste en la mano y le exija dinero: Si se lo niega, te pega la pedrada en la cara o en el carro, experiencia que muchos hemos vivido, y no les podemos hacer nada. Si lo agarramos, de inmediato salen las viejas gritando que "estás matando al chavalo", que no es delincuente, que es estudiante... y que estás violando el dichoso código. Eso, como un ejemplo simple, pero muchas veces los infantes comenten delitos más graves, y no es una la experiencia. No comprendo las razones del Ministerio de Educación para salir con su famoso decreto, sin reparar en que los maestros desde hace mucho saben que no pueden tocar a los educandos, no sólo por el Código de la Niñez y la Adolescencia, sino por los padres que de inmediato reclaman o llaman a los canales de televisión para protestar, pero que son incapaces de "sofrenar" a sus hijos, como decían los viejos, de educarlos, de hacerlos entender que a las escuelas se llega a aprender, no a joder. Con quitarle a los maestros la coerción hasta la sicológica hacia sus alumnos, el Gobierno de Nicaragua deja a los educadores con las manos vacías, sin nada con qué exigir a los educandos esfuerzo, aplicación, organización, obediencia, disciplina, respeto... y estamos convirtiendo nuestras escuelas como las de los Estados Unidos que aparecen en la televisión, con un maestro frente a un montón de desadaptados, resentidos, marginados, violentos. Igual que cuando perdimos los métodos de enseñanza de antaño por los "modernos", los nicaragüenses perderemos nuevamente con este decreto del Ministerio de Educación, porque nuestros hijos carecerán de la voz del maestro instándolos a un plus esfuerzo y vean el fruto de su trabajo, que los impulsen y vean el éxito, y tendrán que enfrentar solos el reto de empeñarse en aprender, que casi nunca se logra en solitario. ¡Pobres de los padres y madres del decreto! ¡no saben el mal que han causado!
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