¿Maras en Nicaragua?

11 Junio 2018
¿Maras en Nicaragua?

Managua. Por Amaru Barahona Portocarrero/Resumen Latinoamericano

Nicaragua del 2007 al 19 de abril de este año, era una sociedad con algunas virtudes admirables. Entre ellas destaco:

A pesar de sus índices de pobreza, realmente más altos que los que divulgaban el FMI y el Banco Mundial (estos organismos situaban la pobreza en un 29 %), tenía sin lugar a duda, los mejores indicadores de seguridad ciudadana en América Central, una región donde la inseguridad de sus habitantes es de las más elevadas del mundo. Nicaragua era el país menos inseguro de Centroamérica y, posiblemente, de América Latina.

Yo me explicaba este milagro, por las siguientes razones:

  • Una política inteligente de colaboración y confianza mutua entre la policía y las comunidades, para luchar contra la delincuencia.
  • El hecho de que en Nicaragua la DEA no dirige la lucha contra el narcotráfico.

En la conjura que transcurre para darle un golpe de Estado a Daniel Ortega, una fuerza siniestra financió y armó (y por ende aglutinó, organizó) a las pandillas, que nunca llegaron a tener el poder destructivo de las “maras” de los países del llamado triángulo del Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador). Y las dirigió a realizar saqueos de comercios grandes y pequeños, y de instituciones públicas como el seguro social; incendios y destrucción de edificios y bienes públicos, y viviendas privadas; ataques a cuarteles; refuerzos y en algunos casos, dirección, en el montaje de “tranques” en las vías; y otros desmanes para provocar el caos y aterrorizar a la población.

Esta fuerza siniestra es el MRS (Movimiento de Renovación Sandinista) en concurso con organismos de inteligencia de USA y el aporte financiero de algunos empresarios. (En la conjura, que ha logrado aglutinar a toda la ultra derecha política, el gran capital nica se dividió. Carlos Pellas no participa activamente, e incluso inicialmente se opuso; Piero Cohen contribuye financieramente en el sustento de las maras).

Hoy, cuando la policía y el ejército están concentrados en sus cuarteles; y además la policía ha sido exitosamente demonizada por los medios involucrados en la conjura. Hoy, las pandillas convertidas en maras, controlan poblados, ciudades y vías.

Es incierto cómo va a terminar el proceso dramático que vive Nicaragua. No me atrevo a hacer pronósticos sobre el perfil de un futuro gobierno (si es que llega a estabilizarse algún gobierno). Lo que sí me parece irreversible es la instauración para largo de las maras en el país.

Ojalá (una expresión que en castellano proviene del árabe: ¡qué Alá lo quiera!) yo me equivoque.

La escalada de violencia fríamente calculada

Cincuenta días después, las cosas están más que claras. La lucha en contra de las medidas del INSS era sólo un pretexto para una escalada de violencia fríamente calculada, preparada con mucha antelación y con un objetivo claro: borrar los avances del país en materia económica y social logrados por el gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, evitar que Nicaragua siguiese siendo el segundo país más seguro de Latinoamérica, el país más atractivo a la inversión, el país con mejores avances en la región, el país con las mejores carreteras, los hospitales más modernos y con una ruta de salida de la pobreza acertada y muy bien estructurada.

Un país de izquierda con tales éxitos, es sin duda un mal ejemplo para una región dominada por gobiernos derechistas, impopulares y sin la más mínima pizca de justicia social.

Un país de izquierda con esos logros (y alcanzados en un tiempo tan corto), no es grato para una oposición nacional fragmentada, casi inexistente y con muchas facturas pendientes de pagar. Tampoco es grato para un imperio, que no quiere ejemplos positivos que puedan replicarse en países aquejados por la pobreza o sumidos en climas de violencia y terror social.

Como hacerlo, si por la vía normal y democrática que son las elecciones no es posible, cuando lo que hay es una oposición sin liderazgo, plagada de conflictos internos, fragmentada, sin una propuesta concreta de desarrollo, con endebles ideales y un pensamiento político que data de tiempos inmemoriales.

Cincuenta días después, está claro que los estudiantes solo fueron un instrumento y dejaron de ser los protagonistas de la película, para dar paso a los llamados actores auto-convocados y que no son más que pandillas y vándalos azuzados por políticos trasnochados, que dirigen tras bastidores y desde hoteles de lujo.

Las llamadas marchas pacíficas, han dado paso a grupos que siembran el terror, que dejan estelas de destrucción y muerte, que incendian los bienes públicos y privados al más fiel estilo neronista.

Cincuenta días después, está claro que este es un guion seguido al pie de la letra, una receta cumplida paso a paso.

Hay que matar, hay que destruir, hay sembrar el caos y hechar la culpa a los sandinistas, al gobierno y a todo el que se ponga enfrente, llámese OEA, ONU e incluso Donald Trump. El agredido debe ser convertido en agresor; el aterrorizado en terrorista; el asesinado en asesino, el inocente en culpable.

Los vándalos son los nuevos héroes, los delincuentes son presos políticos. Los viejos políticos han renovado sus ansias de poder y los que están llamados a pregonar la paz, pregonan la guerra, escudados en su investidura, sin miramientos, sin la menor vergüenza.

Cincuenta días después, está claro también que este gobierno sandinista es firme en su vocación de paz, que es un gobierno políticamente maduro, guiado por un estadista de primera y que cuenta con el respaldo de cientos de miles de sandinistas; que actúan con prudencia, pero que mantienen intacta su moral, sus ideales y su valentía.

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