«La Perrera», centro de detención para niños en EEUU

20 Junio 2018
«La Perrera», centro de detención para niños en EEUU

Ciudad de México. Por Yuriria Sierra/Excélsior

Los niños se preguntan: ¿dónde están sus padres?, ¿cuándo podrán abrazarlos de nuevo?, ¿cuándo regresarán a casa? Seguramente, pronto la duda será qué pasará con ellos, cuál será su futuro. Es cuestión de tiempo. Estos niños pasan las noches cobijados con material térmico, comiendo papas fritas, encerrados en jaulas, sí, jaulas de 10 por 10 metros. No hay espacio para jugar, sólo para el miedo y las dudas. En ese pequeño espacio para 20 niños, caben también muchas preguntas. Filas de niños y adultos que en algún momento deben soltarse las manos, sin la certeza de cuándo podrán tomarse de nuevo. Así es la política migratoria de Donald Trump. Asegura que es su derecho defender así su frontera; afirma que no hará de EU un campo de concentración. Como si hubiera espacio para la ironía.

El escándalo es mundial. Audios y videos grabados clandestinamente le han dado la vuelta al mundo. Uno de los varios centros de detención está en McAllen, Texas. Se llama Ursula, pero la conocen también como “La Perrera”. Ahí han separado a cerca de mil 174 niños en lo que va de 2018. Pero no es el único lugar donde hoy se vive esta barbarie. Los datos los difundió ayer el canciller Luis Videgaray: “Desde abril, cuando el gobierno estadunidense anunció esta política de cero tolerancia, se han registrado mil 900 casos de familias separadas, de las cuales 25 corresponden a mexicanos y el resto son, principalmente, de Guatemala, Honduras y El Salvador...”. Las cifras no hacen diferencia. Podría ser sólo un caso. Uno solo es inadmisible. Ésta es una operación cruel e inhumana. Lo dice México, lo dice la ONU y demás organizaciones proderechos humanos. La crisis migratoria ha entrado a un nivel abominable, ¿cómo le explicaría Trump a un niño las razones por las que no verá a sus padres quién sabe en cuánto tiempo? Incluso Melania Trump declaró, a través de su vocera, lo terrible de la medida. A ella se unieron las exprimeras damas Michelle Obama, Hillary Clinton, Laura Bush, Rosalynn Carter. Ayer, demócratas irrumpieron la sesión en el Congreso para protestar: “¿Deberíamos estar de acuerdo en que no mantendremos a los niños en campamentos de internamiento indefinidamente y lejos de la vista del público?...”, expresó un legislador manifestante.

El gobierno de Estados Unidos no tiene voluntad de dar marcha atrás a su infame medida. Trump, dice, quiere evitar lo que, según sus cifras, sucedió en Alemania tras la llegada de refugiados: “Siempre debemos arrestar a la gente que entra en nuestro país ilegalmente. De los 12 mil niños, diez mil están siendo enviados por sus padres en un viaje muy peligroso, y sólo dos mil están con sus padres, muchos de los cuales han intentado entrar ilegalmente a nuestro país...”, afirmó en Twitter. También aseguró que en países europeos se incrementó en 10% el índice de criminalidad luego de permitir la entrada de ciudadanos de otros países.

Jamás pensamos que aquel discurso de odio con el que inició su campaña terminaría en esto: una crisis migrante, diplomática y humanitaria. Trump ha destruido el trabajo institucional de, al menos, los últimos 50 años en Estados Unidos. También ayer, en medio del escándalo de las familias separadas, anunció su salida del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. La razón, según su representante ante el organismo, es la tensión por el conflicto con Israel. Un frente tras otro. La ONU asegura que la crisis de desplazados, pensado sólo en lo que ocurre en Europa, ha rebasado a los contabilizados por la Segunda Guerra Mundial. Sumemos ahora lo que viven los migrantes en la frontera. La cifra es atroz. Y esta coyuntura de orden mundial se la debemos a Donald Trump.

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