Carta a mis hermanos de la Policía Nacional

10 Julio 2018
Carta a mis hermanos de la Policía Nacional

Por Javier López Lowery (*)

Nunca pensé que Nicaragua viviera momentos tan dramáticos y que sectores de nuestra sociedad fueran capaces, guiados por odio viceral, de destruir su propio patrimonio, el del pueblo, el de la humanidad, el público y el privado. Que se ensañaran con los inocentes, que fueran capaces de las más bajas pasiones humanas, secuestrando, torturando, asesinando, violando y ejecutando atropellos a la dignidad humana y prácticamente lesionando todos los derechos humanos: al trabajo, libre movilización, libertad de pensamiento, a la salud, educación, al trabajo, a la empresa, etc.

Recordaba los años en que nuestra Policía crecía y se consolidaba en medio de la agresión de los ochentas. Hubieron unidades enteras que fueron exterminadas por el hecho de ser policías, en Pantasma, San Rafael del Norte, en lugares remotos, pero nunca nadie se rindió, porque el amor al pueblo era mayor.

De esas tristes experiencias pero abonadas con la sangre generosa de quienes se constituyeron en fuente de ejemplo y compromiso patriótico, se edificó la Policía Nacional, la que para la década de los noventas se erigió como la mejor policía latinoamericana y una de las más eficientes del mundo.

Nacida del seno popular se auto imprimió una naturaleza comunitaria, proactiva, con vínculos profundos con el pueblo trabajador.

Esa misma policía continuó en los años siguientes siendo modelo mundial en el tratamiento a jóvenes en riesgo, creó las Comisarías de la Mujer y la Niñez, de todas partes preguntaban cómo lo habíamos logrado, querían tener una policía similar.

Fue mayor su buena fama cuando logró constituirse en muralla contra la narcoactividad y las maras. Su modelo de seguridad ciudadana escaló más allá de lo sospechado y el mundo entero puso sus ojos sobre un país viable, seguro, atrajo la atención de centenares de inversionistas que admirados por la belleza de su geografía más el hecho de que podían caminar por nuestras calles a cualquier hora, sin escoltas y con la protección del pueblo, no dudaron en venir con sus grandes inversiones y el país entero se convirtió en modelo de casi todo.

Más recientemente la calificación del país era altísima, entre otras cosas por su modelo de seguridad ciudadana y el cuerpo policial que la impulsaba. Gracias queridos compañeros por darnos ese privilegio, pero mayor nuestra gratitud cuando lograron desmantelar y vencer el mayor de todos los planes criminales en días recientes al cual no me referiré mucho porque todos ustedes y el pueblo lo conocen.

Antes fue necesario resistir días y noches de angustia en Masaya, Jinotepe, Matagalpa y otros lugares donde las unidades estuvieron al borde del exterminio, curiosamente por aquellos mismos a quienes servían, pero que manipulados por el odio y el rencor se olvidaron de todo.

Ustedes son héroes por muchas razones, no solamente por lo que sufrieron en destrucción de sus unidades, equipos, transporte, ni solamente por la ofrenda de la vida de más de 15 compañeros, la mayoría asesinados por las balas de francotiradores expertos, o luego de ser secuestrados, torturados y ejecutados con ensañamiento y lesionados más de 600 policías; ustedes son héroes por la paciencia, prudencia y tolerancia mostrada.

En cualquier otro país, los cuerpos de seguridad o policía hubieran actuado generando miles de muertos y lesionados, pero ustedes mantuvieron la cordura y se abstuvieron de los excesos, actuando como verdaderos agentes del orden, sin olvidar sus orígenes.

Estoy completamente seguro que los expertos del GIEI, de la CIDH, del MESENI, y de otras instancias internacionales, reconocerán y admitirán esta verdad.

Infinitas gracias compañeros por representarnos dignamente, a sabiendas que nadie es perfecto y que habrán, como en cualquier parte del mundo, abusos y excesos aislados.

Gracias finalmente por mantener su dignidad y decoro con la frente en alto, a ustedes no les debe preocupar las inspecciones y demás actos de verificación que harán las respectivas representaciones internacionales. Gracias por todo y espero que saquen provecho de esta difícil experiencia y que cada día sean mejores, aún para aquellos que les adversan, y mayormente para nuestro pueblo, a quien nos debemos.

Con saludos cordiales y fraternos,

(*) Ex Sub Director General de la Policía Nacional 1985-1992. Ex Director General en funciones 1989-1990.

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