Nicaragua sandinista en el punto de mira

09 Agosto 2018
Nicaragua sandinista en el punto de mira

Por Nandu de Diego, Blog Cuestión de clase

Comparto estas modestas líneas, enfocadas a la reflexión sobre las contradicciones generadas a raíz de la ofensiva imperialista contra Nicaragua y la conspiración contra el gobierno sandinista.

¿Es legítimo que la clase trabajadora nicaragüense utilice las protestas como herramienta de lucha o se organice de manera concienciada en busca de unos objetivos comunes de mejora? Sí, me atrevería a decir que sin peros.

¿Es legítima la apropiación y la utilización que se hace de esos conatos de revuelta interterritorialmente e internacionalmente en función de los intereses del criminal modelo de desarrollo capitalista? Rotundamente no, también sin peros.

Está claro que independientemente de los motivos específicos que sirvieran para legitimar en general los comienzos de las distintas protestas, el patrón de desarrollo de los "levantamientos populares" se repite en los países que rehúyen de la imposición de un gobierno títere, servil a los intereses del capitalismo en su fase imperialista.

La misma campaña interna de descrédito al legítimo gobierno impulsada desde sectores reaccionarios, la misma estrategia mediática utilizando a los agentes, voceros y aparatos propagandísticos de siempre a los que se suman toda suerte de oportunistas en busca de paguita y un minuto de gloria en cualquier sucursal de Soros, oleadas de violencia financiadas por la oposición.

La historia tiende a repetirse, me temo, y en Nicaragua no iba a ser menos.

Que en estos precisos momentos se esté llevando a cabo una operación de criminalización contra el gobierno liderado por Daniel Ortega no es casual (independientemente de simpatías o animadversiones de cada cual hacia su figura o hacia cualquier forma de organización en el que el poder no recaiga de modo directo sobre el proletariado).

Es un modelo de actuación que como advertíamos, se viene repitiendo curiosamente en aquellos países que las oligarquías financieras marcan como objetivo, en la mayoría de casos por jugar un papel determinante en sus estrategias de dominación.

El debate por tanto no debería basarse en santificar o demonizar a Ortega, pues de ese modo solo contribuiríamos al plan propagandístico para disimular mediante personalismos los verdaderos motivos de esta escalada de violencia en plena crisis capitalista, crisis que ha "obligado" a diversos gobiernos de tendencia progresista a optar por la aplicación de soluciones reformistas ante determinados contextos económicos.

Es fehaciente que el Presidente Ortega cuenta con respaldo civil, militar y financiero (inversionistas extranjeros incluidos) hasta el momento, o bien de lo contrario ya habría sido derrocado con anterioridad, aprovechando algunas divisiones ideológicas entre sus defensores y quienes le atribuían errores tácticos al pactar con ciertos enemigos históricos del frente o lo achacaban ceder a ciertas premisas que insinuaban una debilidad orgánica colectiva.

Pero por muchos intentos de hacernos creer que existen "amplios sectores" dentro de una "izquierda" nicaragüense en decadencia desde hace años que apelan al cambio de políticas inmediato, la realidad a pie de calle viene demostrando el cierre de filas ejecutado alrededor del Frente Sandinista de Liberación Nacional y de su presidente, que como dato de relevancia a respetar por los demócratas de pro, ganó las elecciones en el año 2016 con un 72,4 % de los votos y una participación del 66% de la población, marcando la distancia con un derechista Partido Liberal Constitucionalista con apenas el 15% de los votos.

No obstante, el hecho de que la patronal nicaragüense auspiciase esta falsa insurrección generalizada, indignada por algunas medidas económicas y sociales que contravenían las propuestas del Fondo Monetario Internacional de elevar la edad de jubilación, aumentar el número necesario de años cotizados, reducir costos y privatizar el sistema, y que organismos como la NED y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional financiasen y utilizasen a los medios de comunicación privados de la oposición, a los estudiantes "rebeldes" del M-19, a la ACJD, a Gioconda Belli y otros mercenarios que pertenecieron al movimiento para desacreditarlo y contribuir a liquidarlo desde su Miami particular, no es nuevo, responde al mismo "modus operandi" que establecieron entre otros en la República de Cuba, en la República Bolivariana de Venezuela, y que continuarán impulsando mientras los funcione y se validen sus testimonios como una "verdad irrefutable" ante la opinión pública, gracias a la labor de desinformación de quienes sin embargo ocultan la intensificación de los crímenes en todo el país por parte de los terroristas, la destrucción de escuelas, centros de salud, alcaldías, hospitales.

No tardaron en aparecer en escena los adalides de los derechos humanos condenando la violencia del gobierno nicaragüense, Donald Trump y Almagro, quien fue apelado al igual que la OEA para que ejerciese sus "competencias" en favor de las libertades "democráticas", lo que da cuenta por donde pueden ir los tiros.

Como en otros tantos casos similares en que la "ayuda humanitaria" estadounidense y sus satélites intervienen para acabar con la "tiranía" de un régimen malévolo, no dudéis que hay oscuros intereses detrás.

Que el movimiento sandinista no es el mismo de las décadas de los años 70 y 80, como argumentan algunos socialdemócratas de nueva ola para desprestigiarlo, es una obviedad que ofende no por certera sino por simplista y carente de solidez para justificar la ofensiva injerencista desde Washington, más propia de alguien que obvia el análisis de una realidad concreta en un tiempo concreto (cuando se sentaban las bases de una insurrección política-militar en un marco de lucha por la liberación nacional), que de un erudito de la geopolítica.

Tampoco lo son por ejemplo el movimiento revolucionario cubano, venezolano, colombiano, ni el republicanismo español, ni existe ya un bloque socialista con peso internacional, pero eso es síntoma de la transformación de una coyuntura global que afecta al total de la clase trabajadora y que podremos analizar en otro momento. No creo que sea un fenómeno específico de Nicaragua ni que sirva para cuantificar la fuerza de la organización popular, y no debería ser determinante a la hora de solidarizarnos con este difícil proceso en los que los monopolios financieros golpean mediante el imperialismo a las masas obreras, a los oprimidos del mundo.

Nada parecen haber aprendido de la historia determinados pseudointelectuales erigidos en una nueva suerte de "gauche divine", los "ideólogos" afines a las primaveras de colores como Alba Rico, ni algún que otro partido político receptivo a sus teorías, como Unidos Podemos, cuyo líder, en un nuevo capítulo injerencista de primer orden osa atacar la soberanía del pueblo nicaragüense, aleccionándolos de paso sobre cómo y cuándo deben actuar, lo que le valió la reprimenda de más de un decepcionado que ignoraba la función pro imperialista de estos agentes.

Son los mismos que han reducido con sus análisis las guerras de Yugoslavia, Irak, Afghanistan, Siria, Libia o Yemen a meras anécdotas sobre las que pasar de puntillas.

Los mismos que te tratan de vender su discurso antiimperialista como quien vende un tónico crecepelo, mientras azuzan al intervencionismo de la OTAN y la UE, que deja a su paso un reguero de muertos, desplazados, heridos, secuestrados y torturados, siempre respaldados a través de diversos ejercicios públicos de irresponsabilidad por estos colaboracionistas necesarios, tontos útiles del sistema que cumplen su función con cada vez menos eficacia.

Los mismos que defienden las criminales agresiones perpetradas por sicarios armados que se hacen pasar por estudiantes y comerciantes, a fin de conmover nuestros corazones mientras asesinan impúdicamente y siembran el caos (vemos como la infiltración por la burguesía de elementos desestabilizadores supone una constante en la historia del movimiento obrero).

Los mismos que permiten castigar las relaciones diplomáticas o comerciales con China o Venezuela.

Yo no quiero eso para la clase trabajadora nicaragüense, si bien son ellos y no yo, quienes deberían decidir, tomar conciencia y mantenerse firmes contra la explotación.

Lo que deseo para el pueblo nicaragüense por tanto, es que sean ellos quienes resuelvan sus conflictos internos, y no una horda de mercenarios terroristas.

¿Os imagináis a las tropas yanquis invadiendo España porque los pensionistas salen todos los lunes a protestar? ¿O a países de la UE poniendo dinero consensuadamente para patrocinar grupúsculos armados que atenten contra la vida de Ángela Merkel por pertenecer a la élite política? ¿No verdad? Eso responde a una visión sesgada e impregnada por un doble rasero inherente a nuestra mentalidad burguesa y occidentalocentrista.

Por otro lado, a lo más que parecen aspirar al otro lado del charco como moneda de cambio dada la situación actual, es a más parlamentarismo en el mejor de los casos, lo que viene siendo un quítate tú para ponerme yo de manual.

 En la práctica, ¿que resolvería eso? Supongo que se aplicarían medidas reformistas inmediatas de cara a la galería para "aplacar" parcialmente el descontento, para posteriormente en un acto de sumisión entregar la soberanía del país a la administración norteamericana, que expoliaría sus recursos y los sumiría en la miseria esclavista como ha hecho con otros tantos ejemplos.

Quizás entonces volveríamos la vista atrás, y recordaríamos con nostalgia los logros socioeconómicos alcanzados por el pueblo revolucionario nicaragüense en multitud de materias cuando aún era soberano, y resistía al intervencionismo criminal, enfrentando para ello dictaduras si era preciso, como en el caso del derrocamiento de Somoza, o desmontando turbias operaciones como las encabezadas posteriormente por Ronald Reagan.

Mientras tanto y aprovechando la aparente calma actual, en el país continúa la reconstrucción de calles y carreteras, la reactivación del comercio y la estabilización del flujo del turismo.

Veremos cuanto tardan en regresar los tiempos oscuros, y a aparecer de nuevo el fascismo como herramienta de un capitalismo en visos de descomposición, que tiene el punto de mira dirigido hacia la región.

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