Los ONG en Libia y Nicaragua, perverso común denominador

09 Agosto 2018

Por Mario de los Santos*

A siete años del bombardeo de Libia por parte de la OTAN, con la intención de derrocar el régimen de Gadafi, el país no solo no es más democrático, ni tiene mejor calidad de vida, sino que se ha convertido en un territorio dominado por señores de la guerra cuya principal entrada económica es el esclavismo y la trata de personas. La organización Human Right Watch afirma: "Aquí las armas están circulando más que en cualquier otro lugar que hayamos podido ver (…) Durante la próxima década, esto se va a convertir en una amenaza para la región".

En la Libia regida por Gadafi vivían y trabajaban unos dos millones de personas migrantes, de los cinco millones de población total. Una de las bases de su relación con la UE era el control que hacía de la migración en su frontera sur. De hecho, si recordamos la primera década del siglo, las pateras no cruzaban el Mediterráneo sino que provenía, principalmente, de Senegal y Mauritania. La principal ruta de inmigración pasaba por Canarias, llegaban en los tristemente famosos cayucos. Sólo en 2006 arribaron en las islas unos 32 mil inmigrantes y, recientemente, se ha descubierto que el CNI pagó a los dueños de esos cayucos para evitar un flujo mayor.

En 2010, Gadafi, con los recursos libios al borde, incapaz de asistir de forma efectiva más migración, pidió a la UE unos 5.000 millones de euros para seguir realizando ese control. Lo llamaron la estafa de Gadafi. Ese año también, el antiguo presidente francés, Nicolás Sarkozy, ha sido imputado por presuntamente recibir unos cinco millones de euros del propio Gadafi para su campaña electoral de 2007. Un año más tarde de su petición de fondos, Libia fue atacada por la OTAN mediante el uso de mercenarios relacionados con el islamismo radical; el país fue bombardeado, y el propio Gadafi linchado sin juicio.

De forma significativa parte de la izquierda europea apoyó aquel ataque y derrocamiento con el discurso de "la dictadura de Gadafi". Fue significativo el caso de supuestos intelectuales como Santiago Alba Rico, o de los grupos anticapitalistas que serían el núcleo posterior del partido político Podemos. De hecho, José Luis Rodríguez, el Jefe de Estado Mayor de la Defensa que dirigió la intervención española, ha ido paseando de lista en lista de Podemos, mientras se mantiene como asesor de la organización. Minimizaban la importancia de los mercenarios islamistas en la contienda y ensalzaban el poder del pueblo organizado. A ese discurso se opuso otro análisis, basado en la experiencia, que decía que ninguna intervención de la OTAN había dejado el país mejor de lo que estaba, pues no solo no había permitido al pueblo organizado acceder a estadios de gestión (los casos de Irak y Afganistán seguían muy presentes), sino que habían llevado a estados fallidos y manejados por los mercenarios islamistas que, tras el conflicto, bien armados, se instalaban en el poder.

Siete años más tarde, una breve revisión por internet de las posiciones de cada cuál, nos puede hacer una idea de quién acertó en el análisis y quién no.

En la actualidad la crisis migratoria es abrumadora, pero en lugar de realizarse el control en la frontera sur de Libia, lo hacen personas blancas de una ONG en el Mediterráneo. Esta ONG, Open Arms, afirma financiarse desde el principio por LaCaixa, la fundación del equipo de futbol Barcelona, y los ayuntamientos de Madrid y Barcelona. Aquellos cinco mil millones que pedía Gadafi se han convertido en negocio para las fundaciones que desgravan impuestos.

Caixabank es una de las principales inversoras en empresas de armamento, del que se usa en las guerras de África que provocan la migración; a su vez es una de las principales ejecutoras de desahucios (desalojos de viviendas porque sus dueños no han pagado al banco); mientras su fundación desgrava impuestos haciendo que nos sintamos solidarios. Gana con la venta de armas, desgrava con la migración, gana de nuevo con los préstamos a migrantes. La banca siempre gana.

El caso de Libia, con un poco de análisis, nos muestra las relaciones entre las intervenciones militares, el oenegenismo y el colonialismo. También con el racismo: es más sencillo identificarse con un una persona voluntaria blanca, que recoge a los negros y negras del Aquarius, que con un guardia libio fronterizo que les da agua al llegar y les indica dónde pueden alojarse.

El turno de Nicaragua

Ahora, ha tocado el turno de Nicaragua. Una reforma de las pensiones del gobierno de Daniel Ortega, provocaron en abril unas revueltas que suman unos dos centenares de personas muertas, según fuentes gubernamentales. Estas reformas de las pensiones propuestas, tras la primeras protestas multitudinarias de abril, el gobierno las retiró. El gobierno del Partido Popular en España jamás retiró una sola de las medidas de recortes sociales.

Aquello no fue suficiente y, como en Libia y en Siria, de repente el pueblo tuvo la capacidad de organizarse y armarse para hacer frente a la policía. Hay ciertas similitudes que permiten hacer una comparación con Libia. Al igual que con la migración, Nicaragua ha sido el país que ha detenido el avance de las maras en Latinoamérica. Francisco Bautista Lara, uno de los fundadores de la Policía en la Nicaragua postsomocista y exsubdirector y excomisionado de la misma, y Steven Dudley, estudioso del crimen organizado y especialista en maras, coinciden en que los mecanismos de participación sandinistas, y el trabajo desde las bases hacia arriba, son factores importantes para explicar la falta de arraigo de las maras en Nicaragua.

De igual manera el sandinismo de la segunda ola ha retirado el poder que las ONG habían ganado desde finales de los noventa y la primera década del siglo XXI. En esta época, Nicaragua fue el paraíso de la ONG. Miles de ONG de todos los tamaños actuaban en Nicaragua llegando a copar la mayoría de proyectos asistencialistas, ocupando sectores claves para el estado como la educación, la salud, e incluso el comercio. La cooperación con Nicaragua ha llenado desde hace dos décadas miles de puestos de trabajo tanto en España como en el propio país, generando también una clase media alternativa dependiente de estos ingresos.

Frente a la inseguridad de sus vecinos, el país fue promocionado como experiencia juvenil en Latinoamérica y los campos de trabajo, voluntariado y actuaciones asistenciales, adecuadas para los y las europeos, o estadounidenses, se convirtieron en un modo de vida para muchas de estas ONG.

En Aragón, estado español, la FAS (Federación Aragonesa de  Solidaridad) ha tomado como suyos los postulados de las ONG nicaragüenses que más apoyan las revueltas. Esta federación recibe de las ONG que la constituyen aportes para sus personas contratadas de acuerdo al tamaño de las primeras. Una breve revisión de las mayores ONG de la federación permite ver que Ecología y Desarrollo (ECODES) ha recibido fondos para proyectos en Nicaragua tanto de la Fundación LaCaixa, como de la fundación Canal de Isabel II (empresa famosa por blanquear en Latinoamérica dinero de la corrupción española, expoliar los servicios públicos y pagar a grupos paramilitares en Colombia). También la fundación LaCaixa aporta fondos para las campañas de captación de dinero de Acción contra el Hambre. Otra de las grandes ONG con proyectos en Nicaragua, Intermon Oxfam, además de la fundación de LaCaixa, aparecen como donantes las fundaciones de Cajasol, Banco Sabadell, Caja Navarra y Ferrovial. De nuevo, la banca siempre gana.

A su vez, un breve análisis del número de ONG por países desvela que, dentro de la FAS, Nicaragua es el país que más ONG tiene trabajando en Aragón, superando a Senegal, Haití o Mozambique. Resulta significativo que la FAS no sacase comunicado alguno cuando la represión estatal en Honduras, tras las revueltas de enero y febrero, dejase medio centenar de muertos, a pesar de que el secretariado de la Organización de Estados Americanos (OEA) recomendase celebrar nuevas elecciones por la falta de transparencia.

En 2015, el gobierno de Daniel Ortega estableció una ley para gestionar la ayuda a la cooperación a través de las instituciones gubernamentales, tal como sucede en otros países como Cuba. Esto indignó a las ONG, ya que muchas de ellas vieron reducido tanto su personal como su financiación.

La posición política de una parte de la izquierda europea

Este contexto nicaragüense, desde luego, no es ajeno al posicionamiento de la izquierda europea frente a las revueltas, que han continuado en el tiempo, al igual que ocurrió en Libia, con grupos armados, con capacidad de confrontar a la policía, que han atacado y asesinado policías y torturado a la población no participante en las propias confrontaciones. Hay numerosas acusaciones de que los actuales protagonistas de las revueltas, igual que en el modelo libio, se compondrían de integrantes de maras incipientes, pagados para generar los disturbios. Las cifras difieren entre las diferentes fuentes y, en la actualidad, resulta difícil establecer certezas. Ciertos estudios muestran una parcialidad en el conteo de las organizaciones de derechos humanos nicaragüenses opuestas al gobierno. Por otro lado, resulta sorprendente cómo las empresas de comunicación y las ONG dan por buenas esas cifras sin cotejarlas con las institucionales, o citar ambas fuentes.

Una parte de la izquierda europea, la más cercana al oenegenismo, apoyada por las grandes empresas de comunicación del capital, y también por Podemos y grupos municipalistas, llaman a apoyar dichas revueltas. Numerosos artículos de El País, y publicaciones cercanas a ONG, han construido un discurso sospechosamente parecido que pretende identificar sólo como izquierdista en Europa a quien apoya las revueltas, pretendiendo descalificar a una parte de la izquierda ajena a esa causa con la revuelta. Sin embargo, tras el análisis que hicieron de la situación Libia, resulta difícil confiar ahora en ellos. Es más, una verdadera ética de izquierdas supondría intentar acercarse lo máximo a la realidad, por lo que lo verdaderamente internacionalista hubiera sido convocar mesas redondas con organizaciones que aporten visiones plurales. Mas esa pretendida izquierda diversa ha organizado actividades con una sola voz, aportando datos de las mismas fuentes interesadas y con posicionamiento político claro, sin contar con otras partes que pueden aportar otras perspectivas. El miedo al debate, el apoyo de las grandes empresas de comunicación, o la coincidencia en posicionamientos con el Partido Popular han caracterizado la solidaridad internacional con las revueltas en una parte de la izquierda española.

Después de ver cómo muchas de estas ONG tienen intereses, más o menos significativos, con las estructuras sociales de grupos financieros, se introduce de forma obligatoria la duda. ¿Es objetiva la alcaldesa de Barcelona en sus opiniones sobre Nicaragua si comparte financiación con la fundación de LaCaixa? ¿O lo es el alcalde Zaragoza, cuando estuvo visitando en León, Nicaragua, proyectos financiados en parte por la fundación de la empresa Canal de Isabel II? Numerosos cargos de ONG citadas, y otras, han basculado desde las mismas a cargos de confianza en los gobiernos municipalistas.

Desde luego, tanto Gadafi como Ortega son dos personajes con una clara tendencia a mantenerse en el poder y perpetuar su estatus y eso está fuera de una perspectiva de izquierdas, y a ese sentimentalismo infantil se agarran muchos de estos discursos, sin embargo, Libia nos ha mostrado el resultado de analizar las cosas de una forma aventurera. Releer en la actualidad los artículos de Alba Rico resulta sonrojante.

No podemos olvidar que tanto los europeos de las ONG en Nicaragua, como los del barco de Open Arms, cuando se cansen, regresarán a sus casas, pero la población libia y nicaragüense quedará allí, para "disfrutar" de lo sucedido, y la única ayuda que recibirán, de nuevo, serán más ONG de liberados europeos. Una de las leyes de internacionalismo de clase es apoyar a las bases populares organizadas, nunca apoyar un cambio a peor de la gente con la que te solidarizas. En Libia se apoyó una intervención de mercenarios y tenemos el resultado. Si en Nicaragua, dentro de siete años, las maras cunden a su antojo, ¿quién será cómplice? ¿Admitirán su error de interpretación? No lo han hecho con Libia, nada hace suponer que lo hagan en este supuesto. Y tal vez, es una hipótesis, no lo hagan porque el objetivo estará cumplido: un país desecho requiere mucho más dinero para las ONG que un país organizado, las fundaciones tienen donde desgravar los beneficios obtenidos del expolio, y las nuevas juventudes rebeldes europeas y estadounidenses ya encontrarán otro país al que viajar.

Internacionalista de Zaragoza, España.

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