El paro empresarial de los golpistas

10 Septiembre 2018
El paro empresarial de los golpistas

Por Francisco Rosales Argüello (*)

El Paro Empresarial es una figura que inventó la burguesía como corolario de la Huelga de los Trabajadores. Es una arma de los empleadores frente a los trabajadores. Aquí no ha habido Lock Out, o paro empresarial, lo que han intentado es una huelga general que es eminentemente política, de carácter estrictamente político.

Solamente el 18 de abril fue de carácter reivindicativo-laboral contra la reforma del INSS. A partir del 19 de abril todas las manifestaciones pretendían desembocar en una huelga general de brazos caídos que deviniera en una insurrección popular.

La oligarquía pretende apoderarse del poder político. No le es suficiente el poder económico y en su ansia de poder absoluto busca el poder político.

El diseño de escritorio les falla porque carecen de base social, de plataforma política, no hay estructura partidaria, no hay línea programática no hay dirigencia, están peleando liderazgo, no hay conducción.

El Comandante Daniel jugó al desgaste y le dio resultado, aunque el desgaste no fue tan rápido como se pensaba porque había retaguardia. El imperio pensaba que en 70 días habría suficientes muertos como para que los cipayos vende patria solicitaran la intervención y con esto se precipitara nuestra caída.

El sandinismo se unificó y derrotó el "golpe suave".

Los golpistas en su cortoplacismo extrapolaron la experiencia de 1979 tergiversándola completamente. Ellos aprovecharon la tregua acordada en el Diálogo Nacional para fortalecerse en el terreno, multiplicaron los tranques, los asaltos a mano armada, los secuestros, las torturas y los asesinatos indiscriminados, lo que provocó un efecto negativo en la población y unificó completamente al FSLN, a la Policía y al Ejército .

La Iglesia se divide desde el mismo día de la instalación del Diálogo. Mata, Báez y Álvarez juegan a que son los nuevos José María Hidalgo y Miguel Morelos (dos curas mexicanos que lideraron la independencia de México en 1811) y Camilo Torres (el sacerdote colombiano que murió como guerrillero) y no llegaron a ser monaguillos, ni siquiera le llegaron al Padrecito de Cantinflas.

El yanqui, en su análisis de correlación de fuerzas, socavó la relación con el COSEP, con los 192 grandes contribuyentes y reclutó a esos tres mosqueteros criollos quienes llamaron desde el púlpito y desde los tranques a la insurrección general.

Sin embargo, se equivocaron de plano: los mercenarios son mercenarios y carecen de convicciones, pues son delincuentes armados.

En síntesis: sin estructura, sin programa, sin línea militar coherente y sin base social, han sido derrotados.

Ahora claman por diálogo.

(*) Magistrado de la Corte Suprema de Justicia.

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