Redes sociales para atrapar la inocencia

12 Septiembre 2018
Redes sociales para atrapar la inocencia

Por Santiago Molina (*)

Las Redes Sociales no cumplen hoy el papel de lugares abiertos a la discusión democrática, que en un principio se consideró jugarían para la construcción de una ciudadanía plena conocedora de sus derechos. Ahora, son verdaderas redes para atrapar la inocencia de los ciudadanos, murales eficaces para promover las más oscuras tendencias destructivas del hombre. El ejemplo más reciente es lo acaecido en Nicaragua, donde configuraron un frente decisivo para desatar la violencia de la derecha golpista el 18 de abril. Miles de cuentas falsas creadas en los Estados Unidos, actuaron como una verdadera artillería en un campo de batalla.

Esta furtiva intención de las Redes Sociales de enredarnos en su trama, es lo que podemos llamar "fantasmagoría", pues las redes sociales son espacios de consumo a rellenar con deseos fetichistas, características propias de la mercancía primeramente definida por Marx, y luego por Benjamin como el imperio del fetiche de la mercancía, o bien: alienación onírica provocada por los bienes culturales vaciados de contenidos. Para Giorgio Agamben, comentando la herencia de Guy Debord sobre la sociedad moderna capitalista, afirma que una sociedad donde la vida social se convierte en mera representación, deviene "fantasmagoría", pues deriva del fetichismo de la mercancía que en el neo-liberalismo se transforma en dueña absoluta e "irresponsable sobre la vida entera".

Por consiguiente, mediadas por imágenes, las redes sociales son una modalidad renovada de la Sociedad del Espectáculo. Forma fantasmagórica de percibir el mundo, urdimbre que Benjamin relacionaba con la reproductibilidad técnica y con la sociedad de masas naciente, creando nuevas imágenes entre el hombre y su entorno. Fantasmagoría, que definiríamos como apariencia de algo real que engaña los sentidos por medio de la manipulación técnica. En su famoso ensayo, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (1936), Benjamin atisbaba ya nuestra realidad contemporánea citando un profético texto de Paul Valery, leamos: "Como el agua, como el gas, como la corriente eléctrica vienen de lejos a nuestras residencias respondiendo a nuestras necesidades mediantes un esfuerzo casi nulo, así seremos alimentados de imágenes visuales o auditivas, que nacen y se desvanecen al menor gesto, casi a un signo (…) No sé si algún filósofo ha soñado alguna vez una sociedad para la distribución de Realidad Sensible a domicilio".

"La distribución de Realidad Sensible a domicilio", es el menú que le sirvieron a los llamados "autoconvocados", que "mediante un esfuerzo casi nulo" sin antecedentes en la lucha social, distorsionaron la realidad llevando el país al extremo inimaginable de la barbarie, destruyendo once años de progreso constante. Manipulados por el Mal y con una conciencia política en tinieblas, fabricaron figuras dignas del Apocalipsis, "lideres" de papel para uso inmediato como los miembros de la llamada Alianza Cívica que poluraron en la mesa de diálogo. El tiempo se encargará de lanzarlos a la papelera más cercana.

El filósofo polaco Sygmunt Bauman llama a este esfuerzo casi nulo que Paul Valery predecía, "activismo de sofá", insistiendo en que las redes sociales pueden ser el nuevo opio del pueblo. Para él "las redes sociales no enseñan a dialogar; mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa".

Por algo, muchos gobiernos ya han comenzado a combatir las mentiras falsas que corren impunemente a través de Facebook y otras redes. En Nicaragua, los "autoconvocados", y todas esas organizaciones financiadas por opacas ONGs, creen que su "activismo de sofá" es una práctica que la libertad de expresión legitima. En ningún momento se han puesto a pensar que ellos son los verdaderos culpables de las 198 vidas que la guadaña de su egoísmo politiquero segara. Desde sus sofás observaron en videos la muerte cotidiana en los tranques, a los cuales nunca se integraron: ahí era el lugar natural de los empobrecidos que asesinaban bajo sus órdenes. Así, ignorantes de la Historia nacional (basta citar "los vacíos históricos" de la reportera de Telemundo Leana Astorga, una vergüenza para el mundo entero), son incapaces de concebir que el imperio filtra a través de los sistemas reticulares su doctrina totalitaria – ya bien descrita por George Orwell siendo hoy más actual que nunca- como "el objetivo del poder es el poder". Piezas cibernéticas del poder imperial, se imaginan que forman parte de una comunidad. Pero sus movimientos en el tablero social están comandados desde Washington.

Dejemos una vez más que Giorgio Agamben nos aclare, pues considera que las redes sociales son el "dispositivo" que tiene "la capacidad de capturar, orientar, determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar los gestos, las conductas, las opiniones y los discursos de los seres vivientes". En este sentido, las redes sociales son conductos peligrosos que pueden adherirnos a poderes oscuros que no conocemos, pues nos enlazan a pre-textos desconocidos "que estando aquí de allá nos llaman", como dice Alfonso Cortés en su poema Ventana.

Sistema que nos comunica a una cadena infinita de datos cuyo origen es difuso, quizás el laberinto mismo diseñado por Dédalo tenga más sentido: al menos el hilo que salva a Teseo, es un signo que puede dar inicio a una cadena semiótica de significados; por eso las redes sociales son también lecturas extrañas del mundo cuyo texto no trae referentes de ninguna fuente, por lo tanto, estamos frente a algo que no podemos descifrar porque nunca hemos leído ni la primera página de su absurda extensión.

Qué lejos estamos de aquel humilde maestro de escuela Wus que Walter Benjamin cita de Jean Paul, que logró reunir una inmensa biblioteca "escribiendo él mismo, ante la imposibilidad de comprarlas, todas las obras cuyos títulos le interesaban en los catálogos de feria". Por otra parte, queremos subrayar que nosotros no estamos en contra del uso de las redes sociales, nuestra lectura es abierta y pensamos que ellas forman parte del diálogo social, pues deben ser espacio público donde la pluralidad se escuche y calle las diferencias, no el monólogo del odio que desata la violencia. De esta forma, las redes sociales no pueden ser un medio donde la posverdad proclame el crimen y la destrucción de toda la economía de un país como lo llevado a cabo por la derecha golpista. Si el humilde maestro Wus escribía sus propios libros, nosotros mismos, a través del buen uso de las redes sociales, podemos escribir mensajes que nunca terminen de hablar de paz y de reconciliación.

(*) Poeta y escritor. Reside en Estelí.

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