Como no me voy a reír de la OEA

15 Septiembre 2018
Como no me voy a reír de la OEA

Por Ramón Edelberto Matus (*)

Una semana antes que triunfara la Revolución Popular Sandinista, muere en su lecho de enfermo el enorme cantautor, compositor, poeta y cronista musical de la Revolución cubana, Carlos Puebla. Recorrió medio mundo cantándole a su Cuba, defendiendo y animando su Revolución con su voz y sus más de medio centenar de canciones. Me acuerdo de dos de ellas que lograron infiltrarse por entre los muros de la censura cultural de la Dictadura somocista en los años setenta: "Hasta siempre Comandante" y "En eso llego Fidel". Magistrales y moralizadoras para nosotros, noveles aprendices de revolucionarios.

En estos días en que la derecha nicaragüense y sus pares latinoamericano tratan de revivir el filo traidor del viejo y oxidado puñal de los gringos, llamado OEA (el mismo que acuchilló por la espalda por acción u omisión a Guatemala, República Dominicana, Cuba, Argentina, Granada, Panamá, Haití, Honduras y ahora a Venezuela y Nicaragua), me vino de sopetón al recuerdo una canción del viejo roble de la canción caribeña en que se mofa del triste rol de aquella Organización "panamericanista". Y es que en realidad causa risa.

Para nadie es un secreto que, a partir de 1945, lEstados Unidos (convertido en Estado imperialista luego de finalizada la Primera Guerra Mundial), buscó como consolidar su nuevo papel de superpotencia mundial, creando organizaciones políticas multinacionales, carteles económicos y bloques militares. El objetivo era más que evidente: control económico y militar para beneficio propio y destrucción de competencia política, especialmente la proveniente del recién estrenado Campo Socialista. ¡Bienvenidos a la Guerra Fría!

La ONU y sus subsistemas han sido la joya en la corona imperial. Con matices, pero con la convicción que da una mayoría borrega, ha dado grandes victorias políticas a su benefactor y aliados. Sin embargo, en el interín, ha ido desenmascarándose, perdiendo prestigio y lo que es peor, eficacia. Solo para dar un ejemplo ahí están, como monumento a la hipocresía, la docena de Resoluciones de la Asamblea General incumplidas por el Estado de Israel, sobre la cuestión Palestina.

La Organización de Estados Americanos, como era de esperarse, ha repetido la historia de su hermana mayor. Ineficacia y daños que han dado como funesto resultado la construcción de su propio cementerio donde yacen gobiernos y ciudadanos. El resto es para reírse.

En las Relaciones Internacionales, la eficacia de una resolución tiene que ver con el consenso, la justeza y la realidad política. Los conflictos resueltos durante la historia de la Sociedades se deben más a la conjugación de estos tres elementos, que a la imposición.

Veamos el caso de Nicaragua y la bulla que se tienen los empleados de los gringos en la OEA: En menos de cinco meses ha habido seis convocatorias (y decenas de reuniones de comisiones, comités, grupos especializados, entrevistas, etc.) que han producido tres resoluciones. Algo Inédito, casi hilarante. Una broma de Firuliche con acento tico, colombiano, chileno, argentino...

Los resultados son inequívocos, aunque anunciados con antelación y hasta el cansancio por el Canciller Denis Moncada y los inclaudicables embajadores de Venezuela y Bolivia: La rutina ha llevado al cansancio y al lugar común donde descansan las causas perdidas: el aburrimiento y el descrédito. No puede ser eficaz algo que no tiene consenso ni justicia, repetimos aquí.

El Secretario General se sumó al golpe, abandonó su posición pro activa y neutral y ocasionó un daño irreversible (imitando a los Obispos de acá) a su credibilidad y compromiso con la Paz y la Democracia. Ahora el gobierno, justamente, no cuenta con él como parte de la solución y ha dado un frenazo a cualquier plan que incluya "el aporte" de la OEA a la normalización del nuestro país. Al final la OEA, pretendiendo aislar a Nicaragua, se ha aislado ella misma en su laberinto burocrático y sus intereses creados.

Esta última resolución elaborada por un tal grupo de apoyo (desconocido e ignorado justamente por nuestro gobierno) ya se aleja de aquellos "exigimos", "advertimos", utilizados en anteriores documentos y subraya términos opacos de la diplomacia clásica, como "insistimos", "manifestamos", e inconcebiblemente (semanas atrás), el miércoles pasado se ha incluido en el texto palabras en el tono amable que profieren los viejos amigos en la barra, tales como "pedimos".

¿A qué se deben estas contorsiones de animalitos de circo?  "Solo la mula sabe dónde le chima el aparejo", decía mi mamá, pero ya que estamos chileando, tratemos de adivinar:

¿Será porque la protesta social gana las calles en Guatemala, Honduras, Panamá, Argentina y hasta en Coshta Riicaa suenan disparos y van apareciendo muertos y alguien puede pedir a la OEA que intervenga en esos santuarios de la democracia? ¿Será porque en Nicaragua se restablece la normalidad, los estudiantes vuelven a clases, la gente a su trabajo, el gobierno a sus quehaceres y las marchas de la derecha se vuelven raquíticas y sin auto atentados? ¿Tal vez porque los culpables de terrorismo están siendo apresados y van develando la trama del golpe y denunciando a los autores intelectuales, financistas y colaboradores necesarios? ¿O será porque los gringos están reabriendo su Embajada en Managua y los hoteles en Corn Island, San Juan del Sur y Montelimar ya no tienen espacio para más turistas en estos días patrios?  ¿Quizá porque ningún diario importante de los EE UU y Europa habla del "caso de Nicaragua en la OEA"?

Quién sabe. Lo cierto es que como dice la canción del gran Carlos Puebla, "la OEA causa risa".

(*) Ramón Edelberto Matus reside en Jinotepe. MSC en Relaciones Internacionales. Graduado en la URSS.
Comentar     Arriba