«Amor al prójimo es solidaridad»

09 Octubre 2018
«Amor al prójimo es solidaridad»

Por Frei Betto (*)

Fragmento del libro Fidel y la religión. Conversaciones con Frei Betto

FREI BETTO. Comandante, ¿el amor es una exigencia revolucionaria?

FIDEL CASTRO. Por supuesto, lo creo en el más amplio sentido de la palabra. En términos sociales, ¿qué es la solidaridad, qué es el espíritu de fraternidad?

Si nos remontamos a la primera gran revolución social, no la primera revolución socialista, sino a la primera gran revolución social de los últimos siglos, que fue la Revolución Francesa, allí se levantaron tres consignas: libertad, igualdad y fraternidad. La libertad –como te dije– fue una consigna que se aplicó de forma muy relativa. Significó libertad para los burgueses, libertad para los blancos; no significó libertad para los esclavos negros. Incluso los revolucionarios franceses, después que expandieron sus ideas por el mundo, enviaron ejércitos a Haití para aplastar la rebelión de los esclavos que querían libertad, y después de la independencia de Estados Unidos, que incluso había ocurrido antes, continuó la esclavitud de los negros, el exterminio de los indios y todas aquellas atrocidades. De manera que la Revolución Francesa se limitó a libertad para burgueses y blancos; ninguna igualdad, por mucho que se trate de filosofar o por mucho que se argumente sobre la supuesta igualdad en una sociedad de clases. La pretendida igualdad entre un multimillonario y un pordiosero de Nueva York o de cualquier lugar de Estados Unidos, o entre un millonario y un hombre sin empleo en Estados Unidos, podríamos decir realmente que es una igualdad meramente metafísica, no la veo por ninguna otra parte; y no creo que exista ninguna fraternidad entre el multimillonario norteamericano y el pordiosero norteamericano, el negro discriminado, el trabajador sin empleo, el niño abandonado; es pura fantasía. Y pienso que realmente, por primera vez en la historia del hombre, los conceptos de libertad real, verdaderamente integral, de igualdad y de fraternidad, solo pueden existir en el socialismo. Ese precepto de amor al prójimo de que habla la Iglesia, creo que se aplica y se instrumenta de manera muy concreta en la igualdad, en la fraternidad y en la solidaridad humana que plantea el socialismo, y en el espíritu internacionalista.

Los cubanos que van a trabajar a otras tierras, como maestros, como médicos, como ingenieros, como técnicos y obreros cualificados, y que en número de decenas de miles, de cientos de miles están dispuestos a hacerlo, en las condiciones más difíciles y a veces al costo de su vida, demostrando por lealtad a sus principios un espíritu supremo de solidaridad, creo que expresan la aplicación práctica del respeto a los semejantes, de la consideración al semejante y el amor a los semejantes.

De manera que yo pienso que la revolución socialista ha llevado a su grado más alto este concepto, y la sociedad comunista tendrá que llevarlo a un grado más alto, porque todavía el socialismo no plantea la plena igualdad –ya hablamos de esto anteriormente– en lo que se refiere a la retribución.

Brinda muchas más posibilidades realmente que el capitalismo, porque en nuestro medio, por ejemplo, antes estudiaban exclusivamente los hijos de las familias que tenían recursos, y hoy no hay un solo niño en los más apartados rincones del país, hijo de campesino, de obrero, que no tenga la oportunidad de ir a las mejores escuelas. No hay un niño que no tenga maestros, que no tenga oportunidad de ir a excelentes instituciones educacionales, de ir a las universidades, de avanzar tanto como su talento se lo permita, posibilidad real, objetiva, no teórica, no metafísica.

Nosotros hemos llevado nuestra sociedad a esa verdadera igualdad de posibilidades.

Todavía en nuestra remuneración del trabajo no podemos decir que hay una igualdad plena, porque unos hombres tienen más fuerza física que otros, unos hombres tienen más talento que otros, más facultades mentales que otros. Todavía en el sistema socialista, la forma socialista, que retribuye a cada cual según su trabajo y según la calidad de su trabajo, no es una forma de distribución comunista; por eso Marx decía en la Crítica al Programa de Gotha que esta forma no rebasaba los estrechos límites del derecho burgués, y que la sociedad comunista sería todavía más igualitaria.

FREI BETTO. ¿En la sociedad socialista y en la sociedad comunista también se busca, incluso, el desarrollo de la vida espiritual del hombre?

FIDEL CASTRO. Sí, por supuesto, buscamos el más amplio desarrollo material y espiritual del hombre. En esos términos precisamente lo he planteado yo, cuando hablo de la educación, de la cultura. Tú pudieras añadir, además, su desarrollo espiritual en el sentido religioso. Nosotros planteamos como principio que el individuo ha de tener esa libertad y esa posibilidad.

Ahora, cuando hablamos de fraternidad, creo que nuestra sociedad es realmente una sociedad fraternal. Cuando liberamos al hombre de la opresión, de la explotación, de la esclavización en unas determinadas condiciones sociales, le garantizamos no solo su libertad, sino le garantizamos su honor, su dignidad, su moral, en dos palabras: su condición de hombre. No puede hablar de libertad una sociedad de clases donde existan atroces desigualdades y donde al hombre no se le garantice siquiera la condición de ser humano.

Eso se le puede ir a preguntar a un poblador en cualquiera de las villas miseria de América Latina, a un negro en Estados Unidos, a un pobre en cualquier parte de las sociedades capitalistas en el mundo de hoy.

Estas son mis más profundas convicciones. Entiendo que amor al prójimo es solidaridad.

(*) Frei Betto (Belo Horizonte, Brasil, 1944) es un fraile dominico brasileño. Estudió periodismo, antropología, filosofía y teología.

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